Francia: de 1998 a 2018

Francia está a 90 minutos de repetir con Antoine Griezmann, N’Golo Kanté y Kylian Mbappé la famosa foto de 1998 en la que Laurent Blanc, Zinedine Zidane y Marcel Desailly levantaban la Copa del Mundo al cielo de París. Una foto en la que se representaban las tres realidades de la sociedad francesa y, por ende, de su fútbol.

Esta Francia recuerda mucho a la de 1998 tanto en la forma como en el fondo. Tras una década de demasiada inestabilidad en el que las cuotas tuvieron más protagonismo que la esperadísima generación del 87’ (Menez, Nasri, Ben Arfa, Benzema…), Clairefontaine ha vuelto a producir una camada de futbolistas que mezcla de forma muy precisa el pasado africano de muchos de sus integrantes con el presente europeo de todos ellos. Paul Pogbá, Ousmane Dembélé, N’Golo Kanté, Samuel Umtiti o Blaise Matuidi son algunos de los ejemplos más evidentes de cómo la escuela francesa cuenta con una oportunidad sólo a su alcance.

Kylian Mbappé es quien mejor representa esto. Padre camerunés, madre argelina y pasaporte francés, el futbolista del PSG encarna lo que Europa casi nunca ha sido capaz de producir por sí misma: una estrella ofensiva capaz de realizar la carrera más veloz del planeta fútbol poco antes de deleitarnos con un toque de ensueño que ni el más optimista de los espectadores puede esperar. Mbappé es la guinda del pastel de una selección que, como decíamos, guarda muchos parentescos con la del 98. De hecho, el gran culpable de esta semejanza era el mediocentro de aquella Francia de Aimé Jacquet que eliminó a Paraguay en la prórroga, a Italia en los penaltis y a Croacia de cabeza antes de plantarse delante de la por entonces tetracampeona mundial.

Un Deschamps fiel a su naturaleza

A Didier Deschamps se le ha pedido desde muchos foros, tanto propios como ajenos, que aprovechase esta brutal acumulación de talento ofensivo para crear un equipo que refrescase el panorama internacional, pero esta idea nunca ha estado sobre la mesa. No ya por el precedente de Francia 98, que era precisamente un equipo mucho más dado a la transpiración que a la inspiración, sino sobre todo por su pasado juventino. Deschamps estuvo cinco años en Turín a las órdenes de Marcelo Lippi, que ya por entonces era el heredero de una saga que comenzó con Trapattoni y que luego ha continuado con Fabio Capello, Massimiliano Allegri o Antonio Conte. Y con esto está todo dicho. A Deschamps le gusta construir sus equipos desde atrás, siempre a partir de premisas conservadoras, muy simétricas y muy responsables con el espacio.

 

Francia no busca progresar de forma escalonada prácticamente nunca. Suma pases de seguridad hasta que Pogbá o Kylian Mbappé deciden acelerar la jugada para no volver a frenarla ya nunca más

 

Y esto, lejos de resultar negativo o contraproducente, le ha hecho mucho bien a una Francia que, desde la solidez defensiva y la sencillez ofensiva, ha conseguido enfocar de la mejor manera posible toda su exuberancia física y técnica. Porque Deschamps, haciendo caso omiso de las expectativas, ha bañado de cruda realidad a un equipo que nacía joven e imperfecto. La escuela francesa viene produciendo muchos futbolistas bajo un mismo molde. Luego, según su contexto y su cúmulo de experiencias, cada uno va tomando sus propios matices, pero las características de base marcan su aproximación al juego. Francia está plagada de jugadores veloces y agresivos que prefieren acelerar antes que pausar, que disfrutan más del duelo individual que del colectivo y que tienen más facilidad para crear jugadas que juego.

Por eso esta Francia, además de a Deschamps, se parece sobre todo a un Paul Pogbá que está completando una Copa del Mundo fantástica. El jugador del Manchester United es un talento todavía por desarrollar como centrocampista. A sus 25 años sigue siendo un futbolista mucho más capacitado para crear situaciones de ventaja para los delanteros que para sus compañeros en la línea medular. Y es esto, precisamente, lo que le pide esta selección francesa. Francia no busca progresar de forma escalonada prácticamente nunca. Suma pases de seguridad hasta que Pogbá o Kylian Mbappé deciden acelerar la jugada para no volver a frenarla ya nunca más. Ésta es su identidad.

Decisiones duras pero consecuentes

Esta consciencia de su propia naturaleza llevó a Didier Deschamps a tomar tres decisiones muy cuestionadas por todo el entorno –y que ahora no están sobre la mesa porque se está ganando-. La primera fue la no convocatoria de un Rabiot que, jugando en el doble pivote, como había probado ante Colombia, donde cometió un error en salida de balón que acabó en gol en contra, suponía un riesgo innecesario para Deschamps. La segunda tuvo que ver con el perfil de los laterales. Entre los problemas físicos y la voluntad de no perder atrás lo que siempre iba a poder ganar adelante a partir de jugadas individuales, el seleccionador francés apostó por dos centrales de formación para ocupar una de las posiciones más proclives a generar desequilibrios ofensivos en el fútbol actual. Y finalmente, ya durante el torneo, la tercera fue sacrificar a Ousmane Démbéle en pos de dar otra vez entrada a un Giroud clave para llevar a cabo ese sistema ofensivo basado en jugar rápido, directo y sencillo.

 

En la selección de Deschamps los procesos complejos son una tarea exclusiva de Antoine Griezmann. La estrella de Francia lo es por nivel pero también por contraste

 

¿Por qué dar cuatro pases por dentro que no sé dar si puedo conseguir lo mismo buscando en largo a Giroud? En Francia los procesos complejos son una tarea exclusiva de Antoine Griezmann. La estrella de Francia lo es por nivel pero también por contraste. Jugando como 10, más centrocampista que delantero, es quién se está encargando de que la cantidad no devore a la calidad. Sus intervenciones, casi siempre en ese preciso espacio entre líneas que termina por derrumbar el sistema defensivo contrario, como sucedió ante Uruguay o Bélgica, son paradojicamente las que terminan dotando de un mayor orden a una Francia que anhela estar ordenada.

Al final, todo esto ha derivado en la creación de un conjunto que encaja muy bien con lo que está siendo este Mundial. En Rusia 2018 están primando los planes reactivos, están siendo decisivos los porteros y se está premiando sobremanera el buen uso del balón parado. En todo ello Francia cumple con nota, hasta el punto de que no ha habido selección más convincente con 1-0 en el marcador.

Un talento imponente

Sea como fuere, no hay que perder la perspectiva: Didier Deschamps está realizando un gran trabajo a la hora de aprovechar y utilizar lo que tiene a su disposición, pero es que esto es mucho. Basta con pensar en el Mundial que están completando Lloris, Varane, Lucas Hernández, Kanté, Pogbá, Griezmann o Mbappé para percibir que los futbolistas juegan mejor que el equipo. Pero esto no es ningún problema. Es simplemente sobre lo que se asienta el estilo francés. La idea es que la suma de las partes pueda ser más que el todo, pero nunca resulte más importante.

 

A pesar de su juventud, el equipo sabe elegir sus momentos, controla el ritmo de los partidos y nunca se sale de su plan

 

La cuestión, en todo caso, es que la selección gala no sólo cuenta con un talento prominente en el plano físico y técnico, hasta el punto de que Varane, Pogbá y Mbappé encarnan línea por línea el futuro anunciado, sino que además éste es un talento tremendamente competitivo y con mucha iniciativa. La actuación de Raphael Varane corrigiendo la debilidad del sistema francés ante el planteamiento de Roberto Martínez, basado en aislar a Pavard para que Hazard lo atacase, habla de la entidad competitiva del central. Algo muy parecido a lo que se puede decir de lo que hicieron N’Golo Kanté y Antoine Griezmann en ambas mitades del campo ante Uruguay o de la carnicería que llevó a cabo Mbappé ante Argentina. A pesar de su juventud, Francia sabe elegir sus momentos, controla el ritmo de los partidos y nunca se sale de su plan.

Es este talento, esta entereza y esta claridad de ideas lo que ha permitido a Francia llegar a la final cuatro años antes de lo esperado. Lo hace gracias a un cabezazo de Samuel Umtiti a la salida de un balón parado. Como en cuartos con Varane, como en el 98 con Zinedine Zidane. Porque para Francia, gracias a su pasado, el mañana ya es hoy.

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Miguel Quintana

Ver comentarios

  • No recuerdo una final de mundial tan mediada por ayudas arbitrales, está claro que la FIFA ha convertido el fútbol en la nueva Eurovisión

  • Francia ha mostrado cierta superioridad y solidez en los momentos decisivos para llevarse la Copa Mundial, el entramado táctico que creó Didier Deschamps no excesivamente vistoso para el espectador, lo suplían los mejores jugadores del torneo. ¿O es que la línea defensiva no han sido los que mejor torneo han realizado? ¿O es que la pareja Pogba -Kante no ha sido la pareja de medios que más solidez ha mostrado en este mes de competición? ¿O es que Griezmann y Mbappé no han sido dos de los mejores jugadores del mundial? Juego vistoso, no. Juego en táctico en el que sus estrellas han brillado, sí. Justa vencedora esta Francia multicultural, que ahí es donde está su idiosicracia y lo que la hace distinta a las demás selecciones, es decir entre el fino estilismo de Griezmann, y el corte y la cobertura extraordinaria de un Kante. Luego está un Pogba que si sigue la progresión, y la maduración que ha mostrado en este mes, puede convertirse en el mejor interior del mundo (facultades tiene). Lo de Mbappe, palabras mayores, recuerda sólo a cracks de otras épocas desde el recorte de Best en carrera, las bicicletas de garrincha y su cambio de ritmo, el Ronaldo Nazario de Barcelona e Inter (pre - lesión), el Henry del Arsenal delantero dominador y desequilibrante en la Premier durante una década....Francia no sólo es que haya ganado el campeonato, es que por edad sus jugadores están en condiciones, de hacer historia.

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Miguel Quintana

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