Mundial 2018

La genialidad improvisada

Detrás de cada Mundial hay un sinfín de historias. Y de matices que muchas veces cuesta que vean la luz pero que cuando lo hacen le dan más valor, si cabe, a la importancia que una Copa del Mundo tiene para cada país que participa. El escenario de esta historia es México’86, con la Argentina campeona de la ‘mano’ de Maradona y el mejor gol de la historia de los Mundiales. La ‘Albiceleste’, después de realizar una buena fase de grupos, con dos victorias –ante Bulgaria y Corea del Sur- y un empate ante la que en aquel momento era la campeona del Mundo, Italia, era una de las selecciones candidatas a salir campeona. Era un equipo plagado de buenos jugadores que, en su conjunto, armaron uno de los mejores combinados de la historia de Argentina.

Fruto de ello es el éxito cosechado en aquel campeonato, que viajó desde México hasta la sede de la Asociación de Fútbol Argentino. Aquí centraremos el foco de atención en el partido de cuartos de final. Inglaterra-Argentina. El encuentro en el que Maradona frotó la lámpara y realizó un homenaje a la figura del potrero. Aquel en el que Víctor Hugo Morales se dejó el alma delante de un micrófono para emocionar a todo un planeta con el relato de un gol apoteósico.

Justo un día antes, en los entresijos del cuartel general de la selección argentina surgió un problema que bien le podría haber costado su continuidad en la competición a la selección dirigida por Carlos Bilardo. La camiseta con la que jugarían contra Inglaterra en cuartos de final era la segunda equipación, con la que ya jugaron en octavos de final, donde Argentina se venció a Uruguay. Por su composición, la prenda era muy pesada, casi como si fuera de plomo, causaba una gran sudoración en todos los futbolistas, cuestión que, de manera desmedida, afectaba a su rendimiento en el campo.

 

“Era como ganarle a un país, no a un equipo de fútbol. Habían muerto muchos pibes argentinos, los habían matado como a pajaritos. Esto era una revancha. ¡Un carajo iba a ser un partido más!”

 

El entrenador argentino, al cerciorarse de que contra Inglaterra debía volver a utilizar la misma camiseta, le pidió al personal encargado de organizar todo lo que concernía al vestuario que le trajeran aquellas camisetas. Por aquel entonces, la selección argentina solo contaba con un juego de camisetas de cada equipación, que deberían lavar y reponer en todo el campeonato. Eran otros tiempos. Bilardo intentó recortarlas para que disminuyera su grosor y las destrozó, les hizo unos agujeros terribles con los que sería imposible que la selección saliera a jugar al día siguiente. Rubén Moschella, gerente de la AFA durante aquel Mundial, se echó las manos a la cabeza. 24 horas para disputar los cuartos de final de una Copa del Mundo y Argentina no tenía camiseta. De locos.

Inmediatamente, los líderes de la AFA comenzaron a funcionar a destajo y salieron por todo México para encontrar unas camisetas con el logo de la marca que les vestía entonces y que no fueran tan pesadas como las que iban a utilizar originariamente. Lo hicieron. Los dirigentes de la federación argentina compraron un juego de camisetas y las llevaron a la concentración para adecuarlas para el juego. Las empleadas de la limpieza comenzaron a coser el escudo de la selección, así como a pegar unos dorsales de fútbol americano en aquellas camisetas que minutos antes se habían comprado en una tienda común.

 

Con una camiseta llena de imperfecciones, Argentina hizo uno de los partidos más memorables de la historia de los Mundiales

 

Bilardo, al verlas, se negó rotundamente a utilizarlas. No eran de su agrado. Sin embargo, en ese momento, le pidió opinión a Maradona, que pasaba por allí. El ‘Pelusa’ palpó y sentenció: “Qué linda esta camiseta. Con ella le ganamos a Inglaterra”. Argentina ya tenía su nueva piel.

Y sucedió. Con una camiseta llena de imperfecciones, Argentina hizo uno de los partidos más memorables de la historia de los Mundiales. Disputando una guerra que, aunque ya había acabado cuatro años antes, todavía seguía muy presente en la mente de todos los jugadores argentinos. Fue su motivación. En palabras de Maradona: “Era como ganarle a un país, no a un equipo de fútbol. Habían muerto muchos pibes argentinos, los habían matado como a pajaritos. Esto era una revancha. ¡Un carajo iba a ser un partido más!”.

Esa camiseta improvisada, con la que Maradona había cambiado la historia del fútbol, la recogió Steve Hodge -último jugador en tocar la pelota antes de ‘la mano de Dios’- que, años después, la cedió al Museo Nacional del Fútbol de Mánchester. Una reliquia de un valor incalculable. No puede decir lo mismo Maradona de la camiseta del inglés, que cambió en pocos minutos por la de Lineker, debido a su obsesión por coleccionar el dorsal ’10’ de cada equipo al que se enfrentaba.

La historia de las camisetas improvisadas continuaría cuatro años más tarde. Bilardo, que seguía siendo el seleccionador argentino, mandó al mismo local de México a los responsables del vestuario a comprar el mismo juego de camisetas que había hecho vencedor a su combinado de su particular Guerra de las Malvinas en cuartos de final de México’86. En ese caso, Argentina ya había cambiado su marca proveedora de ropa deportiva, con lo que no sería autorizada para utilizar las mismas camisetas de México’86, pero, sin embargo, los ecos de aquella historia llegan hasta hoy en día, donde el propio Moschella trata de convencer a esos jugadores de entonces de que cedan alguna unidad de la equipación de aquel día para el museo de colección de camisetas que la AFA tiene en Ezeiza, al sur del país.

 


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Fotografía de Imago.

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Toni Cerdá

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  • Es genial esa historia Toni,pero en el último párrafo hay un error,han pasado 32 años desde el Mundial de México

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Publicado por
Toni Cerdá

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