Sahar Khodayari ha fallecido esta madrugada. El pasado 5 de septiembre esta chica iraní de 30 años se prendía fuego delante del palacio de la justicia de Teherán, en la capital del país, después de conocer que la fiscalía pedía para ella seis meses de cárcel. El ‘delito’ por el que iba a ser juzgada: intentar acceder de incógnito a un estadio de fútbol, privilegio que esta república islámica reserva exclusivamente para los hombres. Khodayari fue arrestada en los aledaños del recinto deportivo mientras iba disfrazada de hombre, como había hecho otras tantas veces para burlar la seguridad. Al conocer la pena que le pedían por ello, casi medio año después del incidente, dijo basta. Con todas las consecuencias.

El fallecimiento de Khodayari se confirmaba esta mañana al no haber podido superar las quemaduras de más del 90% de su cuerpo, si bien varias fuentes ya daban por hecho el cruel desenlace desde ayer por la noche. Khodayari era una ferviente seguidora del Esteghlal, uno de los clubes más populares del país, y por eso respondía al sobrenombre de ‘Chica Azul’, el color del equipo de su corazón. En marzo fue detenida cerca del Estadio Azadi -paradójicamente, el estadio de la ‘libertad’-, cuando trataba de entrar al recinto para ver a su equipo jugar contra el Al Ain. Según declaraciones de su hermana, recogidas por BBC Persian, “fue puesta en libertad después de pasar tres días encerrada y tras pagar una fianza”.

Aunque desde el poder judicial iraní se recogió como agravante los insultos que la aficionada dedicó a los policías durante el arresto, su hermana, en conversación con el mismo medio, aclara que Khodayari sufría “trastorno bipolar”. Curiosamente, esto no sirvió para atenuar los cargos. El juicio, que estaba previsto para ayer mismo, nunca llegó a celebrarse. Al conocer la pena a la que se exponía, y después de salir de la oficina del fiscal, la chica vertió gasolina sobre su cuerpo en plena calle y se prendió fuego.

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Esta tragedia debería encender todas las alarmas. Es hora de que la FIFA, con su presidente, Gianni Infantino, a la cabeza, tome cartas en el asunto. Irán no es una extraña en las grandes competiciones deportivas; de hecho, su selección de fútbol fue una de las participantes el año pasado en el Mundial de Rusia. No se puede actuar como si nada mientras sus mujeres se juegan su integridad para intentar ver fútbol en directo en su propio país. La FIFA debe actuar.

En un reportaje firmado por Mamen Hidalgo, y publicado en el Especial Mundial de junio de 2018, Panenka ya explicó la cronología de una reivindicación que hoy ha llegado a su punto más trágico. En el artículo se ponían nombres y apellidos a los culpables de mantener esta vergonzosa situación, a los responsables de mirar hacia otro lado pero, sobre todo, a las heroínas que desde hace años tratan de visibilizar su lucha.

Darya Safai fue una de las primeras activistas mediáticas en iniciar una campaña para el acceso a los estadios en Irán. En 2015, envió una carta al entonces presidente de la FIFA, Joseph Blatter, para exigir el cumplimiento de los estatutos del organismo. Una carta refrendada con su firma por más de 200 académicos, activistas, políticos o artistas del país, poco después de que la británico-iraní Ghoncheh Ghavami fuera puesta en libertad tras ser condenada a un año de cárcel por asistir a un partido de voleibol. La represión dejaba de normalizarse para pasar a ser una realidad incómoda.

Quizá para contrarrestar la creciente presión, en 2018 se abrió la posibilidad de que las mujeres pudieran ir a un estadio de fútbol. Después de casi cuatro décadas de veto -la prohibición de asistir a eventos deportivos de hombres se remonta a 1981-, el Estadio Azadi contó por primera vez en sus gradas con la voz de decenas de mujeres de todas las edades. Mujeres que compartieron la emoción del fútbol en un rincón reservado únicamente para ellas; evitando, obviamente, que se pudieran mezclar con los hombres. Sobre este histórico partido pero también sobre cómo las chicas perdieron el miedo a reivindicar sus derechos, la fotógrafa Forough Alaei firmó un reportaje descomunal en The Guardian; un trabajo donde se puede ver cómo algunas aficionadas no tienen más remedio que disfrazarse de hombre para colarse en los campos de fútbol del país.

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Poco a poco, de forma tímida, algunos internacionales ilustres fueron apoyando con declaraciones públicas a las aficionadas al fútbol en Irán. Sin ir más lejos, el exjugador del Bayern de Múnich Ali Karimi pidió que sus sueños puedan ser cumplidos: “Hay millones de mujeres pidiendo entrar en los estadios”, reclamó. En la misma línea se expresaba hace un año el jugador Masoud Shojaei, sin duda una de las estrellas nacionales: “Si se levanta este veto arraigado en pensamientos anticuados, habría que construir estadios de 200.000 espectadores para que veamos su pasión”. El esfuerzo no fue en balde y, como mínimo, el estadio nacional abrió las puertas a hombres y mujeres para poder seguir el papel de la seleción en Rusia’18. Algunos vieron esta medida provisional como un acto de maquillaje.

El clamor popular todavía no ha podido enterrar una visión mayoritariamente retrógrada. En este sentido, la FIFA no ha sido suficientemente contundente. La llegada de Gianni Infantino prometía un cambio radical. Sobre el papel, la búsqueda de la equidad era una prioridad para la organización. Pero la visita de Infantino a Irán en marzo de 2018 para asistir al derbi de Teherán no salió como él esperaba. En el exterior del Estadio Azadi, 35 mujeres fueron detenidas mientras trataban de ver desde el interior del campo el Persépolis-Esteghlal. El objetivo: que la reivindicación llegara a todo el mundo pero, sobre todo, forzar a la FIFA a posicionarse. Llevaban pancartas y lemas para que la FIFA se diera por aludida y lo único que lograron fue pasar varios días entre rejas.

No podemos arreglar los problemas de un país, pero podemos ofrecerles una sonrisa“, dijo Infantino tras su reunión con el presidente de la nación, Hassán Rouhaní, celebrada aquel mismo día. Una sonrisa que, como es lógico, no sirivió a las activistas, agrupadas en el movimiento Open Stadiums. “No caben sonrisas ni palabras cuando estás violando el artículo 4 de la FIFA, que impide la discriminación de cualquier tipo. No nos creemos las palabras porque ya ha pasado otras veces: vienen, se reúnen con dictadores y luego prometen cambios que jamás suceden”, comentó una de sus portavoces en el Panenka71.

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Open Stadiums sigue teniendo una gran actividad en las redes y a lo largo de estos días ha ido informando puntualmente sobre la situación de Sahar Khodayari, convertida ya en una mártir de la causa. Desde su cuenta de Twitter escribían esta mañana un duro mensaje contra la FIFA. “Por si la humillación, la detención y la prisión no fueran suficientes para que la FIFA tome medidas, ahora nos quemamos para mostrarle al mundo que las mujeres iraníes también quieren ver fútbol”. No ha sido el único mensaje que señalaba directamente a la corporación que rige el balompié mundial. La guardameta de la selección sueca, Hedvig Lindahl, tuiteaba: “Hola, FIFA, es hora de hacer algo por las mujeres en Irán. Descansa en paz, Sahar Khodayari, una mujer valiente”.

Mucho más aséptico ha sido el comunicado que ha publicado el Esteghlal FC en su página web oficial, un mensaje de condolencia en el que se limita a lamentar “la trágica y triste muerte de una de nuestras seguidoras”, sin especificar el motivo real que condujo a Khodayari a quitarse la vida. Todavía queda mucho camino por recorrer para alcanzar la igualdad en Irán pero este episodio marcará, como es lógico, un antes y un después. La sociedad parece cada vez más concienciada y, de hecho, a lo largo de la última semana ya se ha afianzado una corriente crítica que pide dejar sin actividad al deporte iraní hasta que no se corrijan unos desequilibrios tan flagrantes. En el caso del fútbol, eso será imposible sin la voluntad de los principales clubes del país pero, sobre todo, si la FIFA, cuyas herramientas deberían servir para defender los derechos fundamentales de todos los aficionados del mundo, sigue de brazos cruzados. Según publica la BBC, la FIFA ya lanzó un ultimátum a la federación iraní para que terminara con esta prohibición antes del 31 de agosto. Pero estos todavía no se han manifestado al respecto y, además, ahora cuentan con una víctima mortal que ataca frontalmente su inacción.

Ninguna mujer, en ningún ámbito de la vida, debería temer por su integridad. Mucho menos cuando de lo que se trata es de ver un maldito partido de fútbol. La vergüenza, hoy, salpica al gobierno de Irán, pero también a la FIFA.