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Vázquez Montalbán y el fútbol: sus mejores reflexiones

Cuando se cumplen 20 años de su fallecimiento, recuperamos lo mejor que nos dejaron los muchos artículos que Manuel Vázquez Montalbán escribió sobre fútbol

vázquez montalbán

Periodista, novelista, poeta, ensayista… No solo fue uno de nuestros grandes intelectuales del siglo XX, sino el responsable de que los autoimpuestos pensadores y eruditos del país dejaran de considerar el fútbol como el gran opio del pueblo para empezar a reconocer su valor social y cultural. Apóstol de una religión en busca de un dios, este fue Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939 – Bangkok, 2003) a través de algunas de las mejores sentencias escondidas en sus artículos futbolísticos.


 

El fútbol me interesa porque es una religión benévola que ha hecho muy poco daño.

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La fórmula ‘pan y fútbol’ ha sido aplicada un tanto mecánicamente. Ha perecido el desdén intelectual de los que, inconscientemente, más han hecho para crear el abismo entre cultura popular y cultura de élite. Sin saberlo, los que más han hecho por ese divorcio han sido los que más predispuestos estaban para evitarlo.

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Pertenezco a la era de las dos drogas duras, el fútbol y el alcohol, pero así como el alcohol sigue siendo lo que era, el fútbol ha perdido la lógica interna inicial que lo acompañó hasta la década de los 70 y cada vez se acerca más a la condición de droga de diseño.

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Todo club de fútbol tiene un carácter interclasista, pero ello no evita que haya una división de funciones entre sus feligreses. El palco presidencial programa, la masa (generalmente de extracción pequeñoburguesa) secunda, y una vanguardia de origen social marginal o sumergido es la que forma las escuadras violentas disuasorias o directamente agresoras.

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Los jugadores ya no son los sacerdotes fundamentales, como tampoco los feligreses son los dueños de la iglesia: la llenan, pero el poder condicionado por el dinero pasa por la TV y la publicidad. Ni si quiera Ronaldo [el brasileño] es un jugador de fútbol real: es un diseño de la FIFA y de las multinacionales de prensa deportiva.

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Si Nietzsche dijo que hay países que han nacido para hacer la Historia y otros que lo han hecho para padecerla, en el actual fútbol globalizado habría que parafrasearle y llegar a la conclusión de que hay países que han nacido para exportar jugadores y otros que lo han hecho para comprarlos.

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Gracias a los argentinos, el fútbol tiene literatura y filosofía, aunque a veces obtengan la colaboración de grandes escritores uruguayos como Benedetti o Eduardo Galeano. En Europa se aborda apocalípticamente la omnipresencia del fútbol como un síntoma alarmante de la canalización de la rebelión de las masas. En América Latina, en cambio, una reunión entre Menotti, Valdano, Ángel Cappa y Bennedetti o Galeano puede convertirse en un debate filosófico.

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Yo, que voy de curtido por la vida y por los campos de fútbol. Yo, que he visto regatear a Kubala con las caderas, driblar de costado a Eulogio Martínez, a Di Stéfano reinventar el campo de fútbol con la imaginación, a Cruyff marcar goles con el flequillo, lamenté no llevar sombrero para quitármelo el día que Romario dejó cubierto de vaselina y soledad al portero de Osasuna.

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Cuando hay que explicarle a un extranjero qué quiere decir el enfrentamiento Barcelona-Real Madrid, no se me ocurren mejores imágenes que los choques entre nordistas y sudistas en la recolección de cabelleras de indios en los tiempos inmediatamente posteriores a la guerra de Secesión de Estados Unidos. De no haber existido aquella competición, las tensiones, los agravios históricos acumulados hubieran provocado peores violencias.

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Muchas veces lo pienso: ‘Manolo, cuando te mueras no sabrás cómo ha acabado la Liga, ni si el Barça sigue siendo más que un club, ni si…’ En fin, no quiero ni imaginarlo. Y es que, desde la infancia, parte importante de mi calendario ha sido prefijada por las competiciones futbolísticas nacionales y el papel que en ellas hacía mi equipo favorito. Ya sé que lo peor que le puede ocurrir a un intelectual es que se sepa de qué parte del cerebro cojea, así en el fútbol como en la política. Pero qué le vamos hacer. Mi suerte está echada desde hace demasiado tiempo.

 


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