Por alguna razón, quizás por autocomplacencia, hemos puesto nombre a las distintas generaciones; los silent, los boomers, los millennials, los X, los Z, etc. Porque englobar a toda tu quinta en una misma etiqueta despierta el orgullo colectivo, enaltece los clichés de tus mejores tiempos y te ubica, aunque no lo quieras, en el nuevo mundo; el del Big Data, TikTok, Netflix, Zoom y, si me apuras, también el patinete eléctrico y las prendas oversize. Y si se te ocurre vivir al margen de las últimas tendencias, resulta que eres underground. Nadie se salva, ya estamos todos hashtagueados. Así de simples nos hemos vuelto en un mundo hecho a medida de los jóvenes, los que mandan, los que se empeñan en hacernos a todos iguales. Los futbolistas de moda, actores principales de la Generación Z, son un reflejo más de la homogeneización social en detrimento de lo singular. A ninguno se le escapa un solo mandamiento de su decálogo particular repleto de estética kitsch y forzosa ejemplaridad.

Luces el tick azul en las redes sociales

Entre todos tus compañeros, fuiste el único en conseguir que el fútbol te diera de comer. Tu próximo reto pasa por verificar tu condición de persona famosa. Para ello, necesitas tener más de 10.000 followers. Pan comido.

Ese adhesivo azul, el de las cuentas autenticadas, se ha convertido en el salvoconducto de la clase influencer, la barrera que separa a las celebrities del resto del mundo. Se encuentran decenas de ‘Mbappés’ en Instagram, pero solo uno, el del tick azul, es el verdadero. Llegados hasta aquí, los perfiles sociales de los jugadores se convierten en un auténtico surtidor de ego, retratos postizos, poses absurdas y publicidad cruzada de zapatillas deportivas, bebidas energéticas y relojes que valen lo que toda una plantilla de Segunda División. Los futbolistas son los nuevos maniquíes, el mejor escaparate para las marcas.

 

“Cuando un futbolista usa Instagram quiero coger un bate de béisbol y pegarle en los dientes” Daniele De Rossi 

 

Healthy-fashion es tu rollo

Te has percatado de que hay no sé qué movida con los derechos de los animales. No te has hecho veggie, pero sí proyectas unos ideales afines a la causa con el mismo ímpetu con el que exhibes tu nuevo outfit de gimnasio.

Los nutricionistas deportivos, figuras imprescindibles en el nuevo fútbol, no han vuelto veganos a los jugadores, pero sí han basado sus dietas en frutas y verduras frescas, los alimentos que producen mayores niveles de energía. A esto hay que sumarle el fenómeno social, pues el vegetarianismo se ha convertido en una tendencia a nivel mundial. Es por eso que los futbolistas nos recuerdan cada día lo ‘sanotes’ que son. Bien sea almorzando, paseando por el monte o levantando pesas, porque -claro- también hacen deporte fuera de los horarios de entrenamiento. Además, cualquier pedacito que muestren de su vida privada servirá para enseñar, de paso, el atuendo del día. El estilo predominante es no tener uno en concreto; look surfero para hoy y hipster para mañana. Total, los tattoos combinan bien con todos. El tatuaje es otro clásico del futbolista moderno, un expositor de dibujos desatinados, rostros parentales y lemas de vida escritos, inexplicablemente, en idiomas muertos o exóticos; latín, maya, japonés, hebreo, malayo etc.

 

“Veremos si mi hijo es futbolista, a veces bebe Coca-Cola y come patatas fritas. Sabe que eso no me gusta” Cristiano Ronaldo

 

Sales con una muchacha atractiva

Tu liga amorosa no está en Tinder ni en los grupos de amistad. Tampoco en los bares de copas. Te han asegurado que, donde de verdad se encuentra pareja en este mundo, es en las pasarelas de moda, los medios de comunicación y la farándula.

WAG (wives and girlfriends) es la palabra que se utiliza para referirse a las mujeres de los futbolistas, un apelativo con cierta connotación sexista con el que ellas quedan absolutamente estereotipadas. Un envidiable aspecto físico o un oficio relacionado con la moda son algunas de las características típicas de estas mujeres que parecen vivir a la sombra de los futbolistas. Las apariencias discretas han quedado en reserva y la homosexualidad en secreto. Ser gay sigue siendo un estigma en el mundo del fútbol. Por el momento, a pesar de la progresión del fútbol femenino, este deporte sigue sujeto al concepto de masculinidad en su sentido más carca. El armario está sellado.

 

“No juego al futbol para que piensen que por ser mujer es algo diferente, yo juego porque me gusta, por amor” Alex Morgan

 

Juegas mucho, pero mucho, a la Play

No tienes bastante con el fútbol real que tienes como hobby favorito jugar al FIFA eligiéndote a ti mismo. El fútbol es tu oficio y tu vicio, la mejor manera de matar las tardes con tu hijo o las horas de hotel con tu inseparable compañero de habitación.

Es difícil encontrar a un futbolista leído. Un tópico tan tópico que roza la realidad. Si el fútbol es el opio del pueblo, la videoconsola lo es de los futbolistas, un pasatiempo que los encamina hacia el prejuicio de la incultura, la simpleza y la infantilidad. Los prototipos también se construyen en base a recopilar entrevistas, y en ellas nunca falta la Playstation cuando llega el momento de hablar de las aficiones. Algo parecido ocurre en el terreno musical, donde el gusto que más triunfa entre ellos es la música latina. Así que igual de difícil es encontrar a un jugador amante de los libros que a uno que escuche música indie. Ciertamente, una de las tendencias de la llamada Generación Z, y en especial de los futbolistas, es la globalización de los hobbies.

 

“Reventé la PlayStation. Mi día a día era entrenar, comer bien, pasear a los perros y matar los tiempos libres jugando onlineMarcos Llorente

 

Hablas poco sin decir nada

Hoy toca rajar de la Superliga. Te sumas, por inercia, pereza o protocolo, a la opinión popular de que el fútbol debe ser meritocrático. Como en la mayoría de los asuntos, no te mojas en exceso y te limitas a reproducir el discurso robótico del ‘partido a partido’, ‘no hay rival fácil’ y ‘el fútbol es así’.

¿Así, como? Me pregunto yo, porque el fútbol es igual de justo que de injusto, de divertido que de aburrido y de democrático que de discriminatorio. Afortunadamente, el fútbol puede ser muchas cosas. Todas las que uno quiera. Aunque, si fuera por sus protagonistas, parecería que estamos ante un juego estúpido, un universo de encefalograma plano y corto de posibilidades. No tenemos que pedirles a los futbolistas más que marcar goles, pero ello no nos exime de poder criticarlos cuando toman la palabra. La crisis retórica de los jugadores afecta de pleno al periodismo, pues este se vuelve insustancial, previsible y repetitivo. Los reporteros de campo y zona mixta son una especie de cazadores de palabras condenados al fracaso.

 

“No siempre gana el mejor equipo, el fútbol es así” Thomas Müller

 

Los viejos tópicos nunca mueren, tampoco en el mundo del fútbol, pues la Generación Z, abanderada por los Mbappé, Haaland, Vinicius, Foden y compañía, solamente ha cambiado el decorado. Se ha sustituido el golf por el yate en Ibiza, el cigarro por el Powerade y la radio por el iPhone 12. Que me perdonen las excepciones, que las hay, pero el futbolista actual sigue preso de su propio estereotipo, el de un tipo sencillo y con pocas ambiciones más allá del fútbol y su propia imagen pública. Cada vez se conceden menos entrevistas en los medios y más charlas fútiles en Twitch, lo cual no resuelve la falta de contenido interesante en la correlación entre futbolistas y aficionados. Eso sí, sobran los likes en el feed de Instagram, un espacio vacío que poco puede ofrecer -en lo pedagógico- a los chicos y chicas que desean dedicarse al fútbol en un futuro.

Por eso yo te digo: Futbolista Z, sal de tu caparazón digital.

 

 


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Fotografía de Imago.