Si el mes de mayo ya es de por sí atractivo -con más capas de ropa en el perchero que en el cuerpo, ganándole horas el día a la noche y el verano y las vacaciones picando a la puerta-; el de 2010 tuvo algo más de especial. ¿Recordáis? El Barça y el Real Madrid enzarzados en una de las disputas más salvajes por saborear el metal de todas las competiciones en juego. El Atlético, aún sin el ‘Cholo’, comiéndose al Fulham en Hamburgo. La Juventus lejos de dominar Italia. El Arsenal en Champions. El City, fuera. Cuánto ha llovido. Y, de paso, por si fuera poco, el Mundial de Sudáfrica asomando a la vuelta de la esquina.

Mientras el mundo no conocía qué eran las vuvuzelas, los niños coleccionaban cromos de Diego Forlán, Wesley Sneijder, David Villa, Asamoah Gyan, Thomas Müller y demás. En el mismo momento en el que el país se cuestionaba si, por fin, esta vez sí, acabaría un julio con una estrella bordada en el pecho, muchos jóvenes de ese mismo lugar conocían a través de Facebook una nueva manera de disfrutar de este hermoso deporte. De imaginar un nuevo camino para la historia, de cambiarla, de fantasear con dominarla.

Corría el mes de mayo de 2010 cuando el Top Eleven: Mánager de fútbol, de la empresa Nordeus, llegó a los ordenadores de tantos y tantos chavales españoles. De repente, la sensación de ser un mánager, a un solo click. Confeccionar alineaciones, fichar jóvenes promesas o realidades consagradas, mejorar instalaciones, sumar aficionados, construir un estadio futurista. Tocar el cielo, en definitiva. Aquel juego de gestión futbolística en línea brindó a los aspirantes a mánagers la oportunidad de formar sus propios equipos y competir contra otros jugadores de todo el mundo en tiempo real.

A la vez que Iniesta remataba aquella estupenda media volea y el sueño de la Copa del Mundo dejaba de vivir únicamente en el imaginario, Top Eleven crecía a pasos agigantados; aficionado a aficionado, club a club, la oportunidad de poner a prueba sus tácticas contra otros amantes del fútbol caló hondo entre los jugadores, ansiosos por vivir la emoción de la gestión futbolística con sus clubes de igual forma que sus heroicos estrategas caminan por la línea de banda. Con tan solo cinco minutos al día, uno podía convertirse en Jose Mourinho o Sir Alex Ferguson, en Pep Guardiola o Jurgen Klopp.

Mucho cambió el fútbol desde aquel mayo. A partir de entonces, se juega a Top Eleven en todos los países del mundo. El undécimo aniversario del juego se aproxima y más de 250 millones de usuarios se han registrado para liderar a sus clubes y conseguir trofeos. Ya sea desde un teléfono móvil en Andalucía o a través de un ordenador en Australia, se disputa un partido de fútbol en el universo de Top Eleven casi a cada instante, y se marca un gol cada fracción de segundo.

Los mánagers españoles, en particular, han marcado un ritmo vertiginoso desde 2010. Tal vez inspirados por el rigor del Atleti del ‘Cholo’ Simeone o la preferencia de Pep Guardiola por pasar y presionar a un ritmo alto, cada jugador de Top Eleven aporta su propio estilo al juego, su manera de ver y entender este deporte. Hasta la fecha, los mánagers españoles han marcado más de 3.500 millones de goles en Top Eleven. Gritos de alegría, éxtasis sin freno.

Top Eleven ha ido evolucionando a lo largo de los años conforme lo hacía el fútbol de verdad. Las nuevas competiciones, eventos y funciones han deleitado a una comunidad activa y en constante crecimiento que acude a muchas redes sociales para compartir tanto sus resultados como consejos, haciendo que cada día en Top Eleven sea único, especial.

Mucho ha cambiado en el fútbol y en el deporte en estos últimos once años, salvo su tendencia a unir a personas de diferentes lugares, ideas y culturas. Después de hermanar a hinchas de todo el mundo y difuminar las zonas horarias hasta convertirlas en una única competición global, Top Eleven está deseando pasar otros once años ayudando a los aficionados a consagrarse y forjar sus propias leyendas.

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