Si resulta que el fútbol es un estado de ánimo, nada lo trasluce mejor que un caño; esa acción que tanto puede endiosarte como hacerte caer en la peor de las humillaciones. Vive al margen de la efectividad, actuando -a menudo- como recurso gratuito. Está ahí para el deleite, para decirte: aquí mando yo, o bien para advertirte de que, chaval, todavía hay que espabilar. No es casualidad que en este recopilatorio predominen los brasileños, pues son los precursores del fútbol de calle, del amago, del individualismo que después otros remedaron. Porque el fútbol también puede verse como deporte individual. Y, la verdad, no decepciona. He aquí diez testimonios:

1. Ronaldo (Inter de Milán). La soberbia.

A finales de los 90, mientras los futbolistas jugaban al fútbol, lógico, Ronaldo Nazário practicaba una especie de malabarismo de obstáculos. Igual le daba hacerlo en modo autopista que en un pedacito de apenas metro y medio, como en esta ocasión. Escandaloso. Ya no solo por el caño, sino por la antesala de este. ‘O Fenómeno’, abducido por su propio pisoteo del balón, mareó por completo a dos oponentes. Más que driblar, el ‘10’ del Inter parecía despreciar a sus rivales. Pura soberbia.

2. Riquelme (Boca Juniors). La petulancia.

Sabedor de sus poderes, Juan Román Riquelme era capaz de inventar quiebros nunca vistos. Entre todos ellos, el que se reservó para Charles Pérez, defensor de Rosario Central, podría haberlo patentado como el caño de espuela a media vuelta. Una maravilla que levantó a una Bombonera locamente prendida de su ídolo. Aquel Riquelme, símbolo de Boca por la gracia de Maradona, era un futbolista engreído, petulante y terroríficamente imaginativo.

3. Cristiano Ronaldo (Real Madrid). La autoestima.

Cristiano Ronaldo llegó al fútbol como un cohete impaciente por despegar. Regateaba con ansiedad por las esquinas de Old Trafford, pendiente de mostrar al mundo su rebosante escaparate de trucos. No fue hasta que abandonó esa faceta, que se convirtió en un goleador descomunal, el mejor de todos. Durante su etapa en el Real Madrid, puede que le molestara que algunos criticaran su pobre bagaje en el uno contra uno, así que, de vez en cuando, se guardaba algún que otro número para silenciar a sus detractores. ¿Elástica con caño? Si quiero puedo -se dijo. Eso es quererse mucho.

4. Neymar Jr. (FC Barcelona). La osadía.

El balón tiene su propio lenguaje. La forma de acariciarlo lleva consigo un mensaje que puede transmitir nobleza o deportividad, pero también vacile o preponderancia. Algo tiene Neymar Jr. que sus acciones suelen terminar -sino en falta- en tangana. Su particular guerrilla con el Atlético de Madrid se forjó en este tipo de acciones. La primera de todas fue un caño bochornoso a Thiago Mendes, una maniobra que engendró más rabia que pavor en el Vicente Calderón. ‘Bailando hasta el apagón, disculpad mi osadía’, dice la canción de Vetusta Morla, que bien podría servir como banda sonora de las jugadas de ‘Ney’.

5. Douglas Costa (Juventus). El homenaje.

Estás loco, Douglas Costa. Nunca creí que semejante dribling podría hacerse realidad. Allá por 2004, recuerdo que Nike lanzó una publicidad en la que Ronaldinho presentaba al mundo la elástica -con caño incluido- en un duelo ficticio contra Portugal. 15 años después, el entonces jugador de la Juventus emuló al mito nada menos que en unos cuartos de final de la Champions. Me gusta verlo como un homenaje, puesto que Costa calcó a la perfección la expresividad de la finta; el movimiento del cuello, el viraje del torso, el gesto endiablado del pie, el caño. Bendita locura.

6. Christian Eriksen (Ajax). El recreo.

El fútbol, como la vida, precisa de momentos de recreo, de juerga, de desconexión. Ese espacio en el que uno abandona la moderación para, por fin, mostrarse sin vergüenza alguna. Christian Eriksen es un futbolista mesurado que, cuando se aburre, es capaz de obrar con excesiva falta de respeto hacia sus adversarios. Así lo demostró en un partido frente al Vitesse, en 2011, cuando vestía la camiseta del Ajax. La broma lo lanzó hasta el área rival, donde -sin éxito- trató de terminar la jugada en gol. Una lástima.

7. Leo Messi (FC Barcelona). La desobediencia.

‘Prohibido regatear en campo propio’, nos recordaban nuestros entrenadores cuando éramos niños. El incumplimiento de la norma casi siempre terminaba en pérdida y gol en contra. Algo de razón tendrían. Pues bien, resulta que el mejor de los mejores se harta de desobedecer la ley del alevín tirando caños a 30 metros de su portería. ‘Adoren a Messi, pero, por favor, no intenten copiarlo’, diría hoy mi entrenador. Mientras el argentino dejaba por los suelos el oficio de James Milner, un espectador de lujo se ponía las manos en la cabeza en la grada del Camp Nou. ¿Se acuerdan de quién era?

8. Nikita Parris (Inglaterra). La enemistad.

Auld Enemy (viejo enemigo), le llaman los escoceses a Inglaterra, alimentando la rivalidad más antigua de la historia del fútbol. Un duelo entre ambas selecciones siempre es una buena oportunidad para degradar al enemigo. Las selecciones femeninas se enfrentaron en la primera jornada del Mundial de Francia 2019, un encuentro en el que brilló un nombre por encima del resto: Nikita Parris. La inglesa no solamente lideró la victoria de su equipo, anotando el primer gol del partido, sino que, recibiendo el balón a espaldas de Nicola Docherty, se atrevió con un fantástico caño de exterior. Magnífico.

9. Yaya Touré (Manchester City). La mentira.

El ingenio de los cracks puede llevarte un enorme disgusto. Si no, que se lo digan a Saydou Doumbia. El entonces delantero del CSKA no pudo retener al mentiroso de Yaya Touré, que en lugar de ceder el balón a Milner, como todos esperaban, se sacó de la chistera un caño de revés que le permitió reanudar la conducción en el centro del campo. Mentiroso él o mentiroso el otro, capaz de servir el highlight a su colega, compañero de selección. ¿Y si quedó todo entre marfileños? Vete tú a saber.

10. Ronaldinho (FC Barcelona Legends). La costumbre.

Lo veían todos menos tú, Jesper. Ronaldinho reclamó el esférico con el caño entre ceja y ceja. Necesitó cuatro segundos de reloj para retratar a un Blomqvist agobiado por el vapuleo del brasileño. Alguien le tendría que haber recordado al ex del United que ‘Ronnie’ se apuntó al show de los Legends precisamente para eso; para tirar caños, faltas, sombreros, vaselinas, etc. Lo que había hecho siempre, vaya, pero más todavía. A la vista está como la magia del ‘gaucho’ permanece intacta. Lo mismo da una semifinal de Champions que una pachanga de retirados. Fútbol espectáculo por encima de todo.

 


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Fotografía de Getty Images.