Era fin de semana de clásico. El partido más esperado para muchos de los aficionados a este deporte. Atlético de Madrid y Barça se veían las caras en el Centro Deportivo Wanda de Alcalá de Henares en un duelo vibrante que podía dar esperanzas a las rojiblancas o cerrar, virtualmente, el campeonato para el conjunto de Lluís Cortes. En definitiva, el partido que enfrentaba a los dos mejores equipos del fútbol femenino nacional.

Un partido con morbo, en el que muchas de las jugadoras se enfrentaban a su exequipo. Un encuentro, sobre todo, en el que se podía respirar la sed de venganza de unas ‘colchoneras’ heridas tras caer por 6-1 en el Estadi Johan Cruyff. Un partido que, tras disputarse con mucho respeto por parte de los dos equipos, terminó con un empate a cero y con las ‘azulgranas’ dando un paso de gigante para atar una liga que lleva demasiados años resistiéndosele.

Y, sin embargo, un día triste, puesto que el cara a cara entre ambos conjuntos no se pudo ver por ninguna televisión. No hubo acuerdo, tal y como se sospechaba, y uno de los grandes encuentros de la temporada no fue ofrecido a los miles y miles de espectadores que lo esperaban. Mediapro no emitió el partido y tampoco permitió que cadenas como Barça TV mostrasen a los seguidores lo que ocurría sobre el verde.

Es decir que el partido que el año pasado consiguió reunir a más de 60.000 personas para que tiñesen de gala las gradas de uno de los mejores estadios del país, y que se pudo ver por diferentes canales, este curso se ha jugado en una ciudad deportiva cuyo aforo no supera las 3.000 butacas y sin ninguna cámara que pudiese mostrar lo que ocurrió. Pero por increíble que parezca, son pocos los que se rasgan las vestiduras.

 

La falta de dicho elemento regulador hace que las corporaciones afilen los cuchillos y empiecen a apuñalar el pastel, intentando llevarse el pedazo más grande

 

Esto, evidentemente, tiene su explicación en la falta de un convenio regulador en cuanto a emisiones televisivas. Un capítulo más de la guerra abierta entre la federación y la liga. Una negativa de Mediapro, poseedora de los derechos del Atlético de Madrid, puesto que el Barça se negó a firmar un acuerdo con esta plataforma. En definitiva, puto dinero. Quizás los aficionados que nunca fallan a su cita con esta disciplina comienzan a darse cuenta de que la utopía en la que se acunaban se resquebraja día a día.

Esto no va de mujeres ni hombres. Ni siquiera va del discurso hipócrita que mantienen las instituciones en cuanto al apoyo al fútbol femenino. La realidad es, por desgracia, que esta disciplina que cotiza al alza se antoja como un negocio apetecible para que aquellos que se anudan la corbata a primera hora de la mañana se llenen las manos.

La falta de dicho elemento regulador hace que las corporaciones afilen los cuchillos y empiecen a apuñalar el pastel, intentando llevarse el pedazo más grande. Una porción cada vez menos dulce y más prostituida bajo la premisa de apoyar y visibilizar este deporte. Pero la realidad es que por mucho que maquillen las palabras y se llenen la boca de buenos deseos y soportes vacíos en ruedas de prensa, en los ojos se vislumbra, como si de un cómic se tratase, el símbolo del euro. Una situación que ya no es triste, sino que es algo a lo que nos resignamos. De la misma manera que pensamos “otra más”, cuando en la disciplina masculina se llevan una competición a Arabia o se cambian los horarios para que en Pekin vean fútbol.

Pero decisiones como la que se tomó la semana pasada golpean con fuerza a dos sectores, principalmente. El primero, evidentemente, es el de las futbolistas. A pesar del preacuerdo, las jugadoras siguen sin firmar el convenio laboral que regule su situación. Y es precisamente porque clubes como el Barcelona o el Real Madrid quieren que los partidos se vean en las televisiones de los clubes. Por su parte, Mediapro responde con el ya clásico: “Me parece perfecto; que lo paguen”. Por último, otros equipos que se quejan de la poca visibilidad que tienen. Y como todo en esta vida, el dinero va por delante.

Sin entrar a valorar las posturas, esto desencadena en un único resultado. Las jugadoras se dejan la piel sobre el verde. Disputan un buen partido. Ocasiones de Oshoala y Charlyn Corral que no valen para nada pues quedan fuera de las retinas de todos aquellos aficionados que no pueden ver el partido y que, efectivamente, se convierten en el segundo colectivo perjudicado por la guerra de trajes.Porque más allá de los afortunados que residían en la capital o los aficionados de corazón cuya chequera y horarios les permitió desplazarse hasta el feudo ‘colchonero’, el resto de los mortales que esperaban el partido tuvieron que seguirlo en algún que otro directo hecho en periódicos deportivos o rezar para que algún ángel retransmitiese partes del encuentro a través de vídeos en directo tanto en Instagram como en Facebook.

Imagen de Juan Catalán

Evidentemente, muchos se han llevado las manos a la cabeza con este encuentro no televisado. Pero esta es, básicamente, la historia de cada fin de semana. Tanto es así que, más allá del Clásico, son muchos los partidos que se han quedado fuera del panorama televisivo durante todo este tramo de la temporada. Equipos de la Primera División que se sienten evidentemente perjudicados puesto que muchos de sus partidos siguen sin contar con el interés mediático que merecen. Y que además, viven en un carrusel de incertidumbre puesto que no es hasta los últimos días de cada semana cuando se sabe qué partidos gozarán de visibilidad y cuáles quedarán lejos de los focos.

Y, por desgracia, este cuento no acabará con el Clásico. Llegará el próximo fin de semana y habrá más partidos que no podrán verse por ningún canal. Y serán miles los aficionados que, tras escuchar que este deporte está creciendo a pasos agigantados, se quedarán sin ver a su equipo en la competición. “Y si no lo veo, no lo creo”, pensarán muchos de ellos cuando, por enésima vez se queden sin celebrar los goles de los colores que ocupan un hueco en su pecho.