Nos separan más de 10.500 kilómetros, pero resulta imposible no contagiarse de la pasión que Sebastián Jorge siente por el balompié, del amor que le profesa al que siempre ha sido su equipo: el modesto Club Social y Deportivo San Martín de Burzaco, que en la actualidad pelea por mantenerse en la cuarta categoría del balompié argentino. “Siempre nos toca luchar. Siempre nos toca sufrir; también por la situación económica del club, agudizada por la crisis que vive el país. Representamos a barriadas más bien humildes. El club, de hecho, cumple una función social en el barrio al que pertenecemos”, arranca Sebastián, que descubrió este pequeño club del sur de Buenos Aires cuando apenas tenía 12 años: “La primera vez que estuve en el estadio [Francisco Boga, 5.500 aficionados] fue en septiembre de 1987. El 9 de septiembre de 1987. Ahí empezó esta linda historia. Fui con el papá de uno de mis mejores amigos. Las gradas eran de madera y solo había dos tribunas, pero para mí, desde mi visión de niño, era como el estadio de River o de Boca. Era fascinante. San Martín es el equipo de nuestro barrio. Es nuestro equipo. El sentimiento de pertenencia es enorme”.

Fundado el 1 de mayo de 1936 por un grupo de trabajadores, el San Martín es un club especial. El más especial del mundo para Sebastián Jorge, el protagonista de una vida que “tiene mucho que ver con la historia de Sanma”. “En Sanma se resume, se sintetiza, todo lo que siento por el balompié. Amo este equipo. Amo este deporte. Siempre lo he hecho. Y siempre me han apasionado las categorías más bajas. Porque aquí el fútbol es más humilde, más real. Más humano. Al futbolista de la cuarta o la quinta división te lo vas a encontrar en el almacén, en el mercado. Es más terrestre. Y Sanma tiene estas dos cosas: la humildad y la cercanía. Por esto siempre lo he amado”, continúa este apasionado e incondicional hincha de ‘Los azules’, que el pasado 19 de abril fue homenajeado por haber llegado a los 800 partidos siguiendo al equipo de forma ininterrumpida. “Han sido 22 años. Desde el 1997. Es un orgullo, sobre todo por todo lo que se está hablando del club fuera de Burzaco. Muchas veces incluso lagrimeo. Me emociona ver que un club tan humilde como el nuestro está llegando tan lejos. Lo que me haría más feliz es que todo esto sirviera para que podamos encontrar a alguien que diga: ‘Ché, me gustó la historia. Vamos a ayudar a esa gente para que pueda seguir creciendo’. Ojalá esta entrevista sirva para dar a conocer el club en Europa, para conseguir algo importante para el club: algún tipo de ayuda. Este es mi sueño. Yo ya estoy feliz con lo que tengo. No busco ningún rédito. Soy feliz formando parte del club. Lo que he hecho por Sanma estos años es lo que siento por el club”, prosigue, emocionado, Sebastián Jorge, que empezó a involucrarse en el día a día de Sanma a principios de la década de los 90. “Muchos van a la cancha y cuando se acaba el partido se van y todo termina ahí. Para mí no es así”.

“Representamos a barriadas más bien humildes. El club, de hecho, cumple una función social en el barrio al que pertenecemos”

Evidenciando que, como decía Yanina Gallo, otra ilustre aficionada de Sanma, “un club no solo es una pelota rodando”, Sebastián ha hecho de todo por el equipo de su corazón. “He llevado la comunicación del club. He preparado el almuerzo para los jugadores. He limpiado los baños. He destinado parte de mi sueldo al club. Y nunca se me ha caído ningún anillo. Me da igual hacer esto que ir a ver alguna empresa importante para intentar conseguir algún patrocinio. En un momento difícil para el club incluso subasté mis colecciones de camisetas y de revistas de fútbol, de más de 20 años, para recaudar plata. Para mí tenían un valor incalculable, pero sabía que el destino lo justificaba. El club está por encima de todo”, proclama un Sebastián que guarda “bajo cuatro llaves” la camiseta con la inscripción 800 partidos que le regalaron para premiar su fidelidad a lo largo de 22 años que han dado para buenos recuerdos, como el ascenso a la Primera División C de 2014; para malos momentos, como cuando, en 2008, el gran referente de la afición azul, el arquero Mariano Gutiérrez, se suicidó a mitad de curso; para una infinidad de anécdotas: “Tuve la suerte de que mucha gente me bancó. Sin la familia, sin la gente de mi laburo, sin el resto de hinchas de Sanma, no lo hubiera conseguido. Desde que en 2007 prohibieron que la afición visitante pudiera ver los partidos en directo he tenido que inventarme mil excusas. A veces he entrado acreditado como periodista deportivo, que siempre fue mi sueño, o incluso como un aficionado local”.

“No quiero aburrirles. Solo quiero darles las gracias porque este reconocimiento no es solo mío. También es de todos los que me apoyaron siempre. Y a Sanma… Sanma te da un sentido de pertenencia increíble, enorme. Sabes que tienes un lugar en el mundo que es tu lugar. Más allá de tu casa, de tu familia, saber que tienes un lugar, para mí, vale oro”, remarcaba Sebastián al recibir la elástica de Sanma, hace unas semanas. “Es que es así. A mí, de chico, me marcó mucho una película que se llama Un lugar en el mundo. Le preguntaban a uno: ‘¿Cuál es tu lugar en el mundo?’. ‘Lo sabrás, lo sentirás, cuando llegues a él’, respondía. Yo me di cuenta de que Sanma era mi lugar en el mundo en el 87, cuando entré por primera vez al estadio. Me di cuenta de ello por todo lo que viví, por todo lo que sentí, aquel día, aquel 9 de septiembre. Me siento parte de Sanma. Es mi lugar en el mundo. Y aunque pueda parecer pequeño, es un mundo que para mí es gigante”, sentencia ahora Sebastián, convencido. Y mientras trato de encontrar las palabras para responder a tal demostración de amor por unos colores, este anónimo aficionado asesta el último golpe: “Si el fútbol solo fueran los éxitos sería muy fácil ser hincha de un equipo. Los títulos son una parte muy pequeña de todo esto. Quedarse solo con ellos es ignorar la parte más linda del fútbol. No todo se limita al éxito, por suerte”.