Ocean's Eleven en Eindhoven
7.3Portugal 3 - 2 Inglaterra (12/06/2000)
IMPORTANCIA5
EMOCIÓN9
TÁCTICA5
ESPECTÁCULO10
Puntuación de los lectores 7 Votos
8.6

El fútbol de selecciones es fútbol que no pesa. Es más, actúa como medicamento, pues nos aleja de la pasión enfermiza que envuelve a los clubes. Es fútbol saludable. Neutral. Imperfecto. Puede que tu país ni siquiera participe del campeonato de turno. Gracias a Dios, ahí no cabe el delirio. Tampoco el odio ni la animadversión. Llegado el mes de junio, por fin uno puede disfrutar del fútbol en paz y, sobre todo, con ojos de puro espectador. Como el que va al cine con la curiosidad de descubrir qué se esconde detrás de esa película protagonizada por un reparto de lujo.

Lo del 12 de junio del 2000 en el Philips Stadion de Eindhoven fue como Los Mercenarios o Be Cool, uno de esos filmes en los que no falta nadie. En un lado, Paul Scholes, Alan Shearer, David Beckham y Michael Owen. Enfrente, Luis Figo, Rui Costa, Nuno Gomes y Vítor Baía. Sí, es cierto que demasiadas estrellas juntas a veces decepcionan. Mucho encanto, mucha ternura. Pero al final, cine malo. Un simple producto honesto. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de aquel partido. Los personajes se gustaron y embellecieron de maravilla la primera jornada de aquella Eurocopa disputada en los Países Bajos. Puestos a jugar, yo creo que, más que Los Mercenarios, aquello fue el Ocean’s Eleven del fútbol. El portentoso elenco que presentaban las selecciones de Portugal e Inglaterra no defraudó. Para nada.

 

“El mejor centrador del mundo no ha perdido una pizca de temple en su pierna derecha. Ante Portugal, Beckham fue fiel a sí mismo”

Eduardo Rodrigálvarez (El País, 14/06/2000)

 

Para ensanchar el atractivo comercial de la ocasión, no hubo más que golazos. Uno tras otro. La mayoría de puro manual. Al detallista de Beckham le bastaron tres minutos para sacar el bisturí. Como si fuera una jugada a balón parado, pegado a la banda derecha, plantó el cuero en las narices de Jorge Costa. Este, inerte ante la figura amenazante del crack británico, no impidió que diera un paso atrás para lanzar un centro milimétrico a la cabeza del más bajito de la clase. Emulando a los mejores cabeceadores, Paul Scholes dirigió el balón -trinchando el larguero- al fondo de la portería de Vitor Baía. Inconforme, el Spice boy quiso rematar la faena con el segundo centro perfecto de la noche. Este lo recogió el madridista McManaman para poner el 2-0 en el marcador. Los ingleses ya se veían ganadores.

 

“Figo embellece a Portugal. El barcelonista y Rui Costa corresponden con su mejor fútbol a la libertad que les da Coelho”

Ramon Besa (El País, 14/06/2000)

 

No obstante, olvidaron que faltaba el número de Luis Figo, cómo no. El portugués avivó el encuentro contestando de forma mayúscula a su antagonista, Beckham, con un latigazo que pareció atravesar el cuerpo de Tony Adams. Pura ciencia ficción. A pocos minutos de llegar al descanso, el envidioso de Rui Costa calcó el segundo centro de David para que João Pinto, en plancha, cruzara el balón al palo largo del otro David, Seaman, todavía con el bigote despeinado por el misil de Figo. Minuto 45: empate a dos, y a golazos, en una caper movie de lo más estilizada. Hasta que apareció el secundario de Nuno Gomes. Inesperado y asistido -de nuevo- por Rui Costa, el delantero luso estrelló el balón en las redes, penetrando el centro del arco, para sellar la victoria de su país. La consternación de los ingleses terminó con ellos, pues cayeron eliminados en la fase de grupos. Los portugueses, en cambio, vivieron de aquel fogonazo hasta que se toparon con Zidane y Henry en semifinales.

De la misma manera que Soderbergh supo compensar las apariciones de todos sus personajes, todos ellos de peso (Brad Pitt, George Clooney, Matt Damon y Julia Roberts), aquel partido de fútbol ensambló, como si prendiera de un guion, todas las habilidades de las figuras presentes de una forma perfecta y sofisticada. Prueba de que el fútbol también puede ser cine. No es casualidad que, dos años más tarde, se estrenara en las salas Quiero ser como Beckham.

 


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Fotografía de Imago.