El fútbol cambió. Lo menos importante de lo menos importante pasó a ser lo más importante y a lo que la gente le presta realmente atención. Ahora se amontonan segundos, minutos y horas en tertulias nocturnas que tratan sobre debates de cosas inertes y carentes de sentido. Pero todavía hay un pequeño reducto que lucha por no olvidar el pasado, ese deporte en el cual los jugadores no se hacían injertos capilares, llevaban bigote, los dorsales eran del ‘1’ al ’11’, los campeones de verdad se peleaban por los títulos europeos, no había cualquier nombre escrito en las botas y las camisetas no eran como gotas de agua entre sí. Miquel Sanchis (Gandía, 1981) y Carlos Roberto empezaron esta andadura hace menos de un lustro con una página en Facebook, donde vomitan los sentimientos que les provoca todo lo que rodea al actual fútbol y su negocio. Como otras tantas cosas en esta vida, Odio el fútbol moderno (Editorial Planeta) nació del odio, del no saber el porqué eso que amaban tanto les golpeaba tan fuerte en el pecho y tiraba por el desagüe sus valores. 


 

¿De dónde te viene el fervor por este deporte?

De mi abuelo, que fue futbolista, y de mi padre, que también lo fue y le acompañé por los vestuarios de toda la comarca desde niño. En mi casa se hablaba de fútbol a todas horas. Era como una religión.

¿El notar que el fútbol estaba cambiando fue un proceso progresivo o una torta en toda la cara?

Pues, fue más bien una bofetada, sí. Creo que en el Mundial de 2002, con aquellos arbitrajes, nos dimos cuenta de que algo pasaba. Aquel Corea-España pudo ser la bofetada que nos cambió a mí y a mi compañero Carlos Roberto, nuestra forma de ver nuestro amado deporte.

Todo esto lo empezaste con Carlos Roberto, ¿os imaginabais tener tanto éxito?

Para nada. Fue Carlos quien creó la página de Facebook y me hizo administrador. En principio pensamos que solo se meterían a comentar batallitas nuestros amigos, y mira ahora, más de 110.000 seguidores por todo el mundo. Nos hemos convertido en una referencia y en el altavoz para los nostálgicos y los insurrectos, ya ves. Nunca lo imaginamos. Todo comenzó por casualidad.

¿Cómo surge la idea de hacer el libro Odio el fútbol moderno?

La página la creamos en 2014, pero desde siempre fuimos muy constantes, tratando la página como si fuera la revista de dos periodistas frustrados. Pero nuestro estilo gustó, y en 2016 tuvimos mucho crecimiento. Fue entonces cuando nos llegó un mensaje de la Editorial Planeta. Fue el primer contacto con una editorial; para nosotros llevar la página al papel fue un sueño.

¿Y cómo se hace una obra así?

No fue fácil. No sabíamos si hacer una especie de Biblia del fútbol, un libro con nuestros mejores posts, si dedicarlo solo a fútbol español, si separarlo por décadas, por países, por años, si escribir más nostalgia que denuncia o al revés. Al final, nos encerramos en una habitación y elegimos unos capítulos que tenían que estar sí o sí, donde hubiera lugar para la historia, la denuncia y el humor.

Os apoyáis mucho en las imágenes. Son un valor añadido a vuestro trabajo.

Cierto, la página nació en Facebook, donde es muy fácil subir una imagen acompañada de un breve texto. Pero el libro lógicamente tenía que tener más texto. Los comentarios de nuestros seguidores fueron fundamentales para desarrollar textos más largos.

 

“No nos gusta la deriva que ha tomado el fútbol desde hace un tiempo, donde es más importante el negocio que el deporte. No nos gusta que la pelota se manche”

 

¿Qué tiene este deporte, que lo odias, pero siempre estás pendiente de él?

El balón fija e hipnotiza. Ni Carlos ni yo comprenderíamos nuestra vida sin fútbol. Realmente estamos enfermos de futbolitis. Trabajamos todo el día y cuando llegamos a casa todavía nos ponemos a escribir, a ver partidos, a comentar sobre fútbol; y yo entreno además a fútbol base. Lo queremos tanto, que no nos gusta la deriva que ha tomado desde hace un tiempo, donde es más importante el negocio que el deporte. No nos gusta que la pelota se manche.

Un estudio reveló que cada vez son más predecibles los partidos.

Es verdad. Los futbolistas son como robots, salen al campo a buscar superioridades. Podríamos decir que son maquinas perfectas para jugar a fútbol, pero que aburren al espectador. Ya nadie se atreve a chutar de medio campo, a marcar de gol olímpico y los detalles para el público son escasos. No hay casi lugar para lo espontáneo, para la creatividad, ¿Qué recuerdas del Mundial? ¿Algún partido como los de antes? Ni viste el partido del siglo ni la Brasil del 82, es más, no recuerdas ni una jugada fantástica. Y fue hace menos de dos años.

¿Qué competición te gustaría que volviese?

Somos muy fanes de la Recopa, ese nombre Copa de los Campeones de Copa era poesía pura. Y nos gustaba la Champions cuando era Champions, o sea cuando iban solo equipos campeones, porque ahora un equipo que no es campeón de nada puede ganar la Champions sin enfrentarse a ningún campeón. No tiene sentido, ¡qué le cambien el nombre!

Un jugador que ejemplifique el odio al fútbol moderno.

Después del veranillo que nos ha dado, me viene a la cabeza Neymar, claro. Con sus peinados ridículos y que mueve en seguida su entorno para venderse al mejor postor. Él, su padre, los toiss, el cumpleaños de su hermana, es insufrible…

¿Qué es lo que más te enerva del fútbol moderno?

Muchas cosas. El año pasado Carlos y yo publicamos una lista de 100 razones para odiar el fútbol moderno, ahora seguro que podríamos hacer una con 150. Cómo manejan a los niños, por ejemplo, es patético. Hacen negocio con menores, que ya van con representantes.

Ahí está el caso de Xavi Simons, un niño que ha dejado las categorías inferiores del Barcelona para irse al PSG y que se despidió con una carta que incluso llevaba un logotipo con su nombre.

Dudo que llegue a ser uno de los mejores algún día. Pero se vende un producto y la gente lo consume. Detrás de todo hay un niño, que ha crecido así, con sus millones de followers. Esperemos que no se convierta en el Macaulay Culkin del fútbol.

 

“La gota que colmó el vaso fue cuando a Cañizares le cayó el frasco de colonia en el pie y se perdió el Mundial de 2002. No lo sabíamos, pero ahí comenzó el fútbol moderno”

 

En Segunda B van a llevar el nombre en la camiseta.

A eso uno ya se ha acostumbrado, pronto lo llevarán hasta los niños en el fútbol base. A mí ya me dicen: ‘Yo quiero el ‘7’, yo quiero el ’10’…’; antes querías cualquiera del ‘2’ al ’11’ si eras jugador de campo, cualquiera. Éramos un equipo, todos jugábamos bajo el mismo nombre, y nosotros lo preferíamos así.

¿Cuál crees que fue la gota que colmó el vaso e hizo que el fútbol se prostituyese?

[Resopla] Quizás la llama que prendió la mecha fue la conversión de los clubes deportivos en SAD. Mira, Peter Lim, no celebró nunca un gol de Mendieta o del Piojo, ni lloró por perder las finales, pero hace y deshace en el Valencia porque es su empresa. Pero, bueno, la gota que colmó el vaso fue cuando a Cañizares le cayó el frasco de colonia en el pie y se perdió el Mundial de 2002. No lo sabíamos, pero ahí comenzó el fútbol moderno.