El soccer ha dejado de tener esa ‘despectiva’ definición en algunos rincones del planeta y quien lidera esa renovación responde a un perfil jamás visto en Estados Unidos. Gestión, organización y liderazgo que han reunido todos los ingredientes ganadores en Atlanta, cuna del impulso definitivo para una MLS que ya engancha más que la NBA-NFL, alcanzando por fin el contexto soñado.


 

Cuando el fútbol de Estados Unidos gritó a nuestras mentes con la llamada mundialista de 1994, la aureola de un gran torneo planetario reclamaba atenciones y fue sencillo ser embaucado. Aquella mística de una selección histórica donde la exageración de cada uno de sus componentes por ser futbolistas ‘caricaturizados’ (el propio Marcelo Balboa, su central, nos explicó en otro podcast que se les había pedido a cada uno de ellos tener una ‘personalidad especial’ en pro de la noticia fácil), no necesitó de resultados notables (aunque caer con Brasil en octavos de final ya era un reto importante en la época) para fijar nuestra mirada en lo que allí estaba empezando a surgir. Pero aquella mística desapareció, la MLS logró profesionalizarse poco después y el campeonato tomaba formas muy concretas perfectamente estructurado en torno a la mentalidad ‘yankee’.

Durante casi tres décadas, el crecimiento fue paulatino pero lentísimo, mucho más de lo que habrían apostado los mejores pronosticadores, que rápidamente imaginaban un contexto de poderío global fácilmente exportable. Y no fue así. Se buscó ‘marketinizar’ (seguramente en exceso) con la capacidad para atraer a futbolistas de enorme caché mundial que terminarían sus días de gloria allí (el caso de David Beckham, abandonando el Real Madrid para partir hacia Los Ángeles, fue el que revolucionó para siempre el campeonato). Se avanzó, pero con pasitos muy cortos para la ambiciosa mente de quienes estaban en los despachos. Hace unos años, se empezaron a mezclar dinámicas. Llegaban ese tipo de futbolistas con recorrido europeo pero, a su vez, se iniciaban líneas de expansión con la recuperación, a modo patriótico, de todos aquellos grandes futbolistas estadounidenses con fama europea (Bradley, Howard y Dempsey a la cabeza, para mejorar el talento del torneo y mostrar orgullo patrio). Y sí, el modelo de extender tentáculos en nuevas ciudades, sobre todo en Toronto, New York y, desde luego, el dúo de enemigos históricos (que mantenían desde mucho antes de profesionalización) que supuso Portland-Seattle, dio un nuevo impulso, pero más de alcance nacional. Los títulos empezaron a caer en estos clubes, dejando de lado a los que iniciaron el recorrido (hoy, DCUnited, Real Salt Lake, Chicago… pioneros en su momento, han quedado claramente solapados por las nuevas ideas).

Pero nunca se había logrado un golpe tan poderoso como el que ha generado Atlanta. Y la mano ejecutora es Arthur Blank, un millonario dueño de Atlanta Falcons (el equipo de NFL de la ciudad), un experimentado hombre de negocios con notabilísima habilidad en el terreno deportivo. Imaginó algo grande y lo ha logrado en tiempo récord. Sólo dos años, algo absolutamente extraordinario en cualquier otro deporte, ha necesitado este proyecto para proclamarse, por méritos propios, como el ‘revolucionador’ estrella de la MLS. Su ideología, drásticamente transgresora respecto al resto, empezó hace años, puesto que aunque sólo nació como entidad en 2017, su plan ya estaba preestablecido anteriormente con hojas muy bien encauzadas. Su líder deportivo iba a ser un hombre de proyectos, de empaque y de experiencia, el ‘Tata’ Martino, al que la suculenta y exótica propuesta le cayó como anillo al dedo. Tenía el enfoque ideal y la fama suficiente para que fuera un golpe sobre la mesa en el campeonato. Tanto, que facilitó todos los pasos posteriores. Era un aviso, pero solo el primero.

En lo deportivo, la figura de Martino abrió la posibilidad de que llegaran jugadores sudamericanos que vieron en Atlanta un nuevo mercado de impulso a sus carreras. Así que cambiaron las tornas. Nada de estrellas europeas. Nada de grandes nombres de mercado. Nada de repatriar estadounidenses. Villalba, Josef Martínez, Almirón, Escobar, Barco… forman ya una nómina, principalmente ofensiva, que ha revolucionado el soccer. Atrevidos, ofensivos, dinámicos y competitivamente inteligentes, han logrado (insistimos: en menos de dos años) romper récords de puntos, de goles, de jugadas ofensivas y de perspectivas de futuro, porque su habilidad táctica para imponerse por velocidad y también por madurez les hizo estar un paso por encima del resto (hasta el punto de que Barco llega por nada menos que 15 millones de dólares en la transferencia más cara de la historia del campeonato y el siguiente es, ¡tela!, el ‘Pity’ Martínez, la actual estrella de River Plate).

El resultado, pase lo que pase en la final de este sábado ante Portland en su estadio (es local porque fue el equipo que más puntos sumó en la Regular Season y es su premio por ello bajo normas de la MLS), es ya un éxito en el terreno de juego. Pero la grandeza de la habilidad deportiva y de la capacidad para cambiar las aptitudes del soccer se redondeó con la auténtica revolución: su estadio. El Mercedes Benz Arena es, sin tapujos, el mejor estadio del planeta fútbol actualmente y responde a la brutal masa social que el equipo ha logrado. Su campaña de atracción, su línea vinculada a los Falcons y una ciudad de enorme ascendencia hispana, creó un monstruo capaz de generar un escenario de fútbol de élite allí donde hace dos años no había ni escudo. El estadio más ‘instagrameable’ del mundo, con pantallas led gigantescas, sonorización jamás vista, asociaciones benéficas de las peñas y animación que propone una nueva cultura futbolística nacional, ha provocado que se hayan batido récords de asistencia. Más de 72.000 personas (más que la mayoría de estadios europeos en jornadas normales del calendario), el contexto de un club con afición ejemplar y fútbol vistoso de la mano de aquellos que cayeron ante el embrujo de Atlanta, han provocado que hoy sean ellos quienes dan las alegrías deportivas de la ciudad. Su reto no es sólo ganar la MLS, sino dar el siguiente paso, lograr mostrar al mundo la nueva cara del soccer, hacer respetar el deporte rey allá donde sólo era un pesado príncipe y, desde luego, ser el primer equipo estadounidense en alcanzar el deseadísimo Mundial de Clubes. ¿Lo lograrán? No dudéis ni un solo segundo.


En el programa-podcast 116 de ElEnganche en SpainMedia, estuvieron con nosotros Gabriel Hidalgo (periodista especializado en MLS) y Luis Suárez (fotógrafo en los partidos de Atlanta United)