Miradas

La llamada inesperada de Alex Ferguson

Derek McInnes, técnico del Heart of Midlothian, histórico Hearts, vencedor de cuatro ligas, dos en el siglo XIX, dos en el XX, la última en 1960, descuelga el teléfono. Puede que le suene más el aparato desde que es el líder de la tabla, desde que ya todos le dan opciones reales de desbancar a Celtic y Rangers, de hacer pedazos el ‘Old Firm’, 40 años después de que lo lograra el Aberdeen, no una, sino dos veces seguidas. O puede que no, y que solo sea una sensación. Pero es innegable que en la vida nunca había respondido preguntas tan parecidas, tantas veces. No, no, todavía no se sienten los favoritos, le acaba de decir a un periodista local en la sala de prensa.

Ahora, ya en su despacho, Derek McInnes, técnico del Hearts, decíamos, descuelga el teléfono. Al otro lado de la línea, de ese hilo invisible que por algún tipo de brujería une en el triunfo a tantos entrenadores escoceses, se oye una voz familiar. “Derek, soy Alex Ferguson”. A Derek, su interlocutor le suena demasiado claro, demasiado suave, demasiado joven. ‘Fergie’ se ahorra las formalidades y empieza a analizar lo que ha visto en el último partido de los ‘jambos‘. Le asegura a Derek que está con él en esto, que le chiflaría que lo consiguiera y que, si le parece bien, está dispuesto a charlar de vez en cuando, siempre que tenga algún consejo útil que darle. McInnes acepta sin pestañear. Ha cogido papel y boli y ha tomado notas de una lección tan inesperada como valiosa. Le fascina que sir Alex conozca tan bien a sus chicos; el venerable extécnico que, unos meses después de revalidar el título liguero con los ‘dons‘, llegó a Mánchester para convertir Old Trafford en un museo.

 

McInnes acepta sin pestañear. Ha cogido papel y boli y ha tomado notas de una lección tan inesperada como valiosa. Le fascina que sir Alex conozca tan bien a sus chicos

 

Al otro lado de ese hilo invisible, de la tradición irrompible, de la realidad aumentada, de las historias que no por ser mentira dejan de ser verdad, de toda la lluvia que ha caído durante cuatro décadas en la vieja Escocia, Ferguson se ajusta la cremallera del chándal rojo, se pone el chubasquero y se asoma al césped de Pittodrie, en el que sus chicos se siguen ejercitando. El sábado reciben al Celtic. Encuentro decisivo. Aunque tiene claro que van a volver a ganarla. Es como si pudiera ver el futuro.

 

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