Este es el editorial con el que arranca el #Panenka159, nuestro Especial sobre el Mundial 2026
Afortunadamente, los Mundiales nacen en la imaginación, se disfrutan en la inocencia, se guardan en la memoria y los recupera la nostalgia. ¿Cuál fue el mejor Mundial de todos los tiempos? No fue el que registró más goles, el que necesitó más prórrogas, el que vio más sorpresas o el que tuvo más ambiente. El mejor Mundial de la historia fue el primero que viviste de pequeño, cuando todavía tenías imaginación, cuando la inocencia guiaba tus pasos. Cuando acumulabas los recuerdos tristes y alegres que te convertirían en quien eres. Cuando la nostalgia, afilada y traidora, todavía no te había atacado por la espalda. La primera Copa del Mundo de 48 selecciones en tres países enormes, la del Infantino omnipresente, la de la FIFA del fútbol-negocio sin tapujos, la de Donald Trump, medalla de la paz al cuello al tiempo que ordena bombardeos; la de un planeta con achaques que anda fatal de los nervios, la de los muros que se levantan y de las puertas de casa que se tiran abajo. La de los precios prohibitivos, el lujo y la exclusividad. La de la inteligencia artificial, los señores de la tecnología, los virales y los resúmenes de 15 segundos. La de los futbolistas que regatean lesiones, la del calendario al borde del colapso y los 104 partidos en 39 días.
Los Mundiales nacen en la imaginación, se disfrutan en la inocencia, se guardan en la memoria y los recupera la nostalgia
Sí, ese mismo torneo será el favorito de millones de niños y niñas de hoy, de los adultos del mañana. Y nos parece bien: no les toca a ellos ver las cosas con perspectiva, sino a nosotros, con tantos veranos mundialistas en la mochila, testigos de su mutación, crecimiento y degradación. Creemos saber de lo que hablamos, aunque, a fin de cuentas, nos parecemos ya a los abuelos que, mientras nosotros intercambiábamos cromos y pasábamos tardes frente a la tele, suspiraban al recordar el fútbol por la radio. Es el efecto que causa el tiempo, ¿vale la pena luchar contra él? Quizá sí, y en vez de dejar que la nostalgia nos suplante al proclamar que cualquier Mundial pasado fue mejor, permitamos que, por una vez, hable por nuestra boca la esperanza. Para intentar que cualquier Mundial que está por venir, que todos los futuros posibles, y también los imposibles, sean mejores.
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