Pasaportes

Messi no debería acabarse nunca

38 años, dos décadas en lo más alto y más de mil partidos en sus espaldas, pero siempre que ves jugar a Messi vuelve a ser como la primera vez. Cambió su juego, cambió su cuerpo, cambió su aspecto, pero lo que no cambia nunca son los ojos con los que tú lo miras cuando le pasan el balón y lo controla: un niño antes de desenvolver el regalo más grande del salón. Eduardo Galeano se describió a sí mismo como un mendigo del buen fútbol. Cada vez que se sentaba en la grada, decía, se quitaba el sombrero, levantaba la vista al cielo y suplicaba “una linda jugadita por amor de Dios”. Ocurre que Messi convierte a los mendigos en oligarcas, porque para cargar con toda la belleza que produce en un partido hay que llamar al camión de las mudanzas. Contra Argelia descorchaba su sexta participación en una Copa del Mundo. Su primera acción fue recuperar una pelota. La segunda, tratar de llegar a otra que se perdió por la banda. La tercera, un gol que le anularon los colegiados. Solo habían transcurrido cinco minutos, pero fueron suficientes para saber que la casa seguía encantada: el diablo no se había ido a ninguna parte. Antes del encuentro, todo el mundo se preguntaba qué pasaría con Messi el día que dejara de ser el mejor sobre el campo. Una hora después, ya teníamos la respuesta: Messi nunca dejará de ser el mejor sobre el campo. Para impedir tal cosa, habría que atarle los pies o prohibirle la entrada al parking del estadio. La exhibición fue tan estruendosa que lo lógico habría sido llevarse las manos a la cabeza, pero ya ni eso hacemos. Messi no es un milagro. Messi es Messi, la genialidad hecha costumbre, una evidencia científica más, como que el sol se pone cada tarde o que el agua hierve a partir de los cien grados. Diez de cada diez psicólogos recomiendan a sus pacientes que no supediten su felicidad al comportamiento de los otros. Se trata de un consejo razonable, pero imperfecto, porque ese otro podría ser Messi, y entonces la felicidad aparece con un chasquido de dedos. Lo más difícil, de repente, al alcance de tu mano. Larga vida al rey. 

 


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Fotografía de Getty Images.

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