A menudo, el fútbol moderno, con sus horarios intempestivos, el abuso del dinero y el menosprecio a los aficionados, nos aleja emocionalmente de nuestro deporte. Nunca deberíamos abandonar la visión idealista de un fenómeno que ha formado y formará parte de la cultura popular, por su capacidad de emocionar y por su capacidad para lograr otros fines que van mucho más allá de ganar un partido o de vender camisetas. El fútbol de verdad tiene que ver con los sueños, no con los negocios. Por eso conviene rememorar historias como la del Panyee FC, para recordar por qué lo amamos tanto. La historia de cómo se originó este modesto equipo tailandés encierra un relato que debería conmover a todo aquel que lo descubra.
El Panyee FC es un club de Koh Panyee, un pequeño pueblo pesquero flotante construido sobre pilotes en el mar. En una bahía protegida del sur de Tailandia, bajo la sombra de un inmenso acantilado de piedra caliza, cientos de cabañas, chozas y casas se agrupan para formar la aldea de Koh Panyee. En ese lugar el mar es poco profundo y tranquilo, lo que permite construcciones elevadas por encima del nivel del agua, dando una apariencia de ciudad flotante. Cerca de 1.500 personas habitan esta peculiar población y, hasta que no apareció el fútbol, no había ningún tipo de instalación lúdica, y mucho menos deportiva. La única actividad que tenían los aldeanos era pescar y hacer regatas. Así fue hasta 1986, cuando un grupo de niños vieron el Mundial de México, se enamoraron de Maradona y se empecinaron en crear su propio equipo de fútbol. Solo había un problema: como la aldea flotante era muy pequeña, no tenían dónde jugar. Lejos de resignarse, decidieron fabricar ellos mismos su propio terreno de juego: Mientras soportaban las burlas de sus vecinos, recolectaron tablas viejas de madera y restos de barcos, y trabajaron incansablemente cada día después del colegio para construir un increíble campo de fútbol flotante justo en los márgenes del perímetro de la aldea.
Después del éxito en el torneo, el fútbol se convirtió en el hobby favorito de Koh Panyee, construyeron un nuevo campo de juego flotante más confortable y siguieron creciendo, sumando más adeptos. Una progresión imparable que llevó al Panyee FC a ganar de forma consecutiva siete campeonatos juveniles del sur de Tailandia, entre 2004 y 2011. Un hito histórico. Un club que comenzó desde la nada más absoluta es ahora uno de los mejores clubes de fútbol base del país.
Esta es una inspiradora historia con ese punto de emotividad del que, a menudo, carece el fútbol actual. Este grupo de jóvenes demostró al mundo que los sueños se cumplen y que las adversidades pueden servir para hacerse más fuerte. No solo se logró crear un espacio de la nada para poder jugar, se logró mucho más que eso: Representando a su pueblo en un torneo, se generó un sentido de comunidad que unió a toda la población. Además, gracias al fútbol y a la ilusión de unos niños, se logró dar a conocer esta remota aldea a todo el mundo. Hoy en día, en este poblado, que siempre había tenido en la pesca su única fuente de ingresos, casi la mitad de sus habitantes viven directa o indirectamente de la industria del turismo. En Koh Panyee ya jamás faltará un espacio para corretear detrás de un balón.
(Fotos extraídas del documental ‘Panyee FC’)
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