El pasado jueves 25 de noviembre, Panenka estuvo en la sede de Fútbol Emotion en Zaragoza. Era el vigésimo aniversario de esta empresa dedicada a la venta exclusiva de productos relacionados con el mundo del fútbol. Nada más llegar, nos acomodaron en una sala diseñada para que los trabajadores disfruten del ocio en sus ratos libres. Suelo de césped artificial, pelotas de fútbol, mesa de ping-pong, PlayStation, futbolín y una gran pared pintada con los rostros de algunos de los jugadores más grandes de este deporte. Un espacio perfecto para resumir la idiosincrasia de esta compañía, que sigue manteniendo el aroma de negocio familiar a pesar de ser una referencia dentro del sector a nivel europeo.

Estuvimos charlando un rato con Carlos Sánchez Broto (director general) y con Iván Abad (CEO), que nos contaron cómo la empresa ha seguido manteniendo un balance positivo a pesar de la pandemia. “Nos hemos visto muy afectados porque la gente podía montar en bici, hacer running o practicar yoga, pero no podían jugar al fútbol. A pesar de esto, supimos adaptarnos y a día de hoy seguimos siendo una empresa sin deudas”, recalca Carlos. La COVID-19 les ha enseñado a no dar absolutamente nada por sentado. Dicen esperar siempre lo mejor y estar preparados para lo peor. “Vamos a cerrar este año con la facturación más alta de la historia de la compañía y con una situación financiera muy sana. Esto no se puede lograr si antes no has arriesgado comprando todo el stock y con la idea de que lo podíamos conseguir”, afirma Iván Abad.

Más tarde llegó Javier Sánchez Broto, exfutbolista profesional y fundador de la empresa. Nos habló de su trayectoria y de cómo se le ocurrió la brillante y novedosa idea de emprender en un negocio que al principio parecía arriesgado. “Por aquel entonces, Cruyff decía que el jugador solo debía dedicarse a jugar, pero ¿qué iba a hacer yo después de entrenar con el frio que hacía en Glasgow? Siempre había pensado que había escasez en el material dedicado a los porteros, así que empecé por ahí”. Abrió una pequeña tienda al lado de la casa de sus padres en Zaragoza. Allí vendía todo lo necesario para el jugador más olvidado, el que está siempre sobre el alambre: el portero. Empezó a funcionar cada vez más, a pesar de que su padre le dijo que no vendería un guante. Fue entonces cuando decidió cometer lo que para muchos era una autentica locura: “Había jugado la final de la UEFA con el Celtic y me ofrecieron dos años más de contrato. Le dije a mi representante que mirara algún equipo de España, pero al parecer nadie me quería. Preferí entonces volver a mi casa renunciando a un contrato profesional, solo para estar cerca del negocio. Me dijeron que estaba loco, pero soy alguien que se mueve por sensaciones y priorizo siempre la calidad de vida”.

Tras la explicación de Javier, nos hicieron un tour por toda la sede. Cuando nos invitaron, esperábamos encontrarnos con la típica nave industrial donde almacenan todo el material deportivo, pero nada más lejos de la realidad. En la entrada veías multitud de premios que ha recibido la empresa a lo largo de estas dos décadas y una placa de YouTube por haber llegado al millón de subscritores. Disponen de un espacio inmenso en el que cuentan con un departamento para cada sección de negocio. Lo primero que percibes es que se respira fútbol en cada rincón. Los trabajadores pueden reunirse en Wembley, en La Romareda o en Anfield, para discutir cualquier tema relacionado con la empresa. Sí, estos son los nombres de las salas habilitadas para ello.

También bajamos a la zona de almacenaje donde pudimos apreciar pasillos inmensos compuestos por módulos que parecían no tener fin. Todos repletos de una cantidad de stock impresionante. Aquello es como el oasis en el desierto para un amante del fútbol. Como un vestidor gigante diseñado para los que viven por y para la pelota. Miles de botas y camisetas de todos los equipos habidos y por haber. Un lujo. Nos llamó la atención una pequeña sala donde realizan uno de los detalles más especiales para los futbolistas: la serigrafía. En Fútbol Emotion son pioneros en eso de personalizar el material deportivo de los jugadores. Empezaron poniéndole el nombre a los guantes cuando aún eran SOLOPORTEROS, y han continuado hasta ahora, donde ofrecen una gama inmensa de personalizaciones. En la sala había dos mujeres que se dedicaban a poner uno a uno los nombres de todos los clientes que lo han solicitado. Un trabajo laborioso y cuidado para que el producto llegue siempre en las mejores condiciones. Porque, al final, “cuando alguien compra o regala unas botas, más que el dinero en sí, está regalando la ilusión por el fútbol de un chaval o de un padre”, dijo Iván Abad. Es por esto que han llegado a cumplir 20 años, y los que quedan. 

 


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Fotografías de Fútbol Emotion.