La ciudad son sus mercados. Las plazas de abasto son su esencia y, en este sentido, la de Jerez de la Frontera siempre ha sido especial. Iluminada. Con puestos como ‘la nave del pescado’ con género fresco del día como fruto del trabajo y la humildad de decenas de trabajadores, muchos de ellos gitanos de los barrios de La Asunción y Santiago. Nietos de esos mismos pescaderos que hace 50 años decidieron emprender un proyecto conjunto basado en el trabajo y el disfrute del deporte. Detrás de ese bullicio de gente venido a menos por el azote de la crisis, se esconde la historia del nacimiento de uno de los equipos más dispares de la historia del fútbol español: el Flamenco C.F.

No hay más que ver su escudo -un balón añejo coronado por un sombrero de ala ancha- y su singular equipación -totalmente negra con lunares verdes- para darse cuenta de que no estamos ante un club cualquiera. Es una entidad vejada por los prejuicios sociales. La procedencia de muchos integrantes del mismo hacen que históricamente se le haya mirado con una percepción racista. Y, claro, esto ha acabado forjando a fuego en la cabeza de sus administrativos, a lo largo de sus 50 años de andadura profesional, una personalidad acostumbrada a la adversidad. Bautizados, casi desde su nacimiento, como los ‘peleones’, comienzan participando -a finales de la década de los 60- en el fútbol regional andaluz, decisión que a principios de los años 90 fue modificada para centrarse de lleno en el fútbol formativo. No fue fácil. A la sombra de un histórico de su territorio como el Xerez C.D., fueron abriéndose un hueco y labrándose un nombre dentro del fútbol modesto andaluz, llegando a ser considerados como el principal club de cantera de la provincia de Cádiz.

Una fábrica de arte. Así se podría calificar la metodología de trabajo de un Flamenco C.F. que, históricamente, ha contemplado, vistiendo los lunares de su equipación, a auténticos talentos que, a la postre, han acabado frecuentando equipos de primer nivel profesional. Juanlu, el internacional español Quique Romero, Luna, Mendoza o Pedro Ríos son algunos de esos futbolistas. Curiosamente, también han defendido sus colores personalidades destacadas que luego han acabado dedicándose al mundo del flamenco. Curro de la Morena, el Mono o Capullo de Jerez son algunos ejemplos de ello.

En la memoria de todos los seguidores del club queda guardado el honroso privilegio de ser el primer equipo de su provincia que consigue llevar a su plantilla juvenil a la máxima categoría de esta edad: la División de Honor del fútbol español. Por encima incluso del Xerez, su histórico club vecino. Fueron nueve años pletóricos, en los que uno de los distritos más humildes de Jerez de la Frontera pudo presumir de plantilla y pasear el nombre de su equipo por los mejores campos de fútbol base de toda España.

Hasta la llegada del nuevo siglo. Aquí todo comenzó a torcerse. La situación económica que atravesaba el club era muy delicada y, antes o después, la entidad estaba destinada a una refundación o al cese de su actividad. Por lo menos así lo dictaban los datos administrativos. La parcela deportiva no iba mucho mejor. El equipo que durante nueve años había frecuentado la División de Honor juvenil acabó descendiendo y todo seguido, tras la andadura de más de 35 años de éxitos deportivos, la entidad tuvo que bajar la persiana. Las palmas dejaron de sonar. El Flamenco C.F. desaparecía.

Hasta la temporada 2013-14. Juan Guerrero ‘Gala’, un histórico empleado del club, ligado al mismo casi 50 años -desde su fundación- aceptó la presidencia y, con la ayuda de varios profesionales que defendieron profesionalmente los colores, cosechando una exitosa carrera en el mundo del fútbol andaluz y español, consiguieron relanzar la entidad. Volvieron a levantar el muro. No sin antes contar con más dificultades que cuando el club dejó de existir.

Para comenzar, los administrativos de la nueva junta directiva tuvieron que hacer frente a una multa de 700€ por el abandono de la competición que hicieron en su anterior andadura profesional. Y, luego y más importante, al agobio de verse sin instalaciones para llevar a cabo su proyecto deportivo. Fueron numerosas las instancias que se rellenaron y se dejaron en el Ayuntamiento de Jerez para pedir un permiso de uso. Respuesta negativa en cada una de ellas. Para Felisa Rosado, delegada de deportes del Ayuntamiento de Jerez por aquel entonces: “Por mucha historia que tuviera el Flamenco, no hay razón para tratarle como un club privilegiado. Serán un club más”. Pero lo cierto es que eso quisieran los dirigentes del propio Flamenco C.F.: ser un club más. Con la misma condición de equipo formador de fútbol base y fundado apenas unos años antes de la refundación del equipo que motiva este artículo, existen varios clubes que sí que cuentan con el beneplácito de las autoridades jerezanas para utilizar instalaciones deportivas para su uso profesional.

Sin embargo, el Flamenco no se rindió. Con un proyecto basado en el futbol base, armarían inicialmente tres equipos: un prebenjamín, un benjamín y un alevín que, en principio, comenzarían a entrenar en el parque de La Plata. Condiciones más que precarias para unos niños que pondrían su salud al servicio del club. Afortunadamente, tras muchas batallas administrativas, se consiguió la cesión de las instalaciones del complejo deportivo Manuel Millán.

 

El objetivo soñado es volver. Volver al sitio que un día que le perteneció: la División de Honor juvenil del fútbol español

 

Cubierto el plano deportivo, la logística administrativa era el próximo objetivo a resolver. Hasta el día de hoy. El Flamenco C.F. no cuenta con ningún espacio habilitado para tramitar toda la burocracia necesaria para llevar adelante un club de fútbol. Su presidente, en una entrevista concedida al portal La Voz del Sur denunció la situación del conjunto jerezano: “Ahora mismo tengo en mi casa una estantería llena de papeles del club. Y a la hora de rellenar una ficha de un niño lo tengo que hacer en la calle, sentado en un banco”.

No piden nada del otro mundo. Tan solo un pequeño espacio donde poder emplazar su secretaría -inexistente en la actualidad- y atender a todo aquél que quiera informarse sobre el club. “No entendemos que cualquier asociación de vecinos tenga una sede con varias habitaciones y nosotros, que somos un club que ya contamos con 100 niños, no tengamos ni un cuarto que nos sirva de sede social”, comenta Jesús Sánchez, directivo y exjugador del club, al mismo portal informativo.

Progreso. Ese ha sido el concepto clave sobre el que ha girado el devenir de la institución desde su refundación. De esos tres equipos que se conformaron en la temporada 2013-14 para relanzar la actividad deportiva hasta hoy, se ha pasado a contar con seis plantillas: un prebenjamín, dos equipos en categoría benjamín, un alevín y dos infantiles. El objetivo soñado es volver. Volver al sitio que un día que le perteneció: la División de Honor juvenil del fútbol español. De esta manera, además de alcanzar el techo deportivo del club, se conseguiría dar visibilización y normalidad a la multiculturalidad y la igualdad étnica y racial. Una misión que va mucho más allá de los resultados deportivos.

Es la humildad llevada al extremo. El fútbol base del pueblo. Un club que cobra tan solo cinco euros de cuota mensual a sus jugadores cuando el resto de equipos con los que compiten quintuplican esa tasa. Y, obviamente, este afán formativo deja huella en cada uno de los jugadores que visten sus colores. El propio Pedro Ríos, exjugador del club, prestó una ayuda económica al club para comprar las equipaciones de los equipos el fútbol base. “Es una lástima que el Flamenco haya estado tanto tiempo sin competir. No cuesta nada y, al fin y al cabo, se ayuda al desarrollo del fútbol base de mi tierra. No hace tanto, yo estaba ahí mismo, compitiendo”, comentaba el actual jugador del C.D. San Fernando.