“Yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo, sombrero en mano, y en los estadios suplico una linda jugadita por amor de Dios. Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece”

Eduardo Galeano. Fútbol a sol y sombra, 1995.

 

Valencia es difícil de comprender y los valencianos concebimos nuestro entorno con una ambición casi enfermiza, incluso en los tiempos de funambulismo en los que la estabilidad tanto de la ciudad como la del Valencia C.F. penden de un hilo. Es una tierra que lo tiene todo y, a la vez, se preocupa por qué más podría tener. Insaciable, pero a la vez, maravillosa. Dentro de una burbuja de disconformidad constante y una manera singular de entender la vida -entre tradición, fuegos artificiales y comboiet– hay una ferviente admiración por la plasticidad. Por ese ‘ohhh’ después de un caño de Aimar en una esquina del campo; por ese cambio de orientación hecho con el hipocampo por el ‘Pipo’ Baraja o por esa picardía de David Villa para exprimir los últimos minutos de un partido transcendental en un córner con una nube de rivales queriendo arrancarle el balón de los pies y que, contra todo pronóstico, ‘El Guaje’ se saque una asistencia de gol en vez de acabar la noche en un hospital. Amor por el buen fútbol. Una enfermedad científicamente inexplicable y que, con el tiempo, ha quedado demostrado que es súbitamente contagiosa.

En este sentido, el valencianismo rompe fronteras. Aquí centraremos el foco en un joven danés de 27 años cuyo amor por el Valencia C.F. le lleva a recorrer anualmente los casi 2.500 kilómetros que separan su país natal de la Capital del Turia: Michael Jacobsen. El danés -como decía Eduardo Galeano- es un “mendigo del buen fútbol”. Un devorador de sensaciones -buenas y malas, a partes iguales- que le hagan tanto sufrir con su equipo como levantarse de su asiento a la hora de ver un partido. Y, teniendo en cuenta cómo se vive el fútbol a orillas del río Turia, Jacobsen y el valencianismo estaban predispuestos a encontrarse. Tan solo necesitaban ese chispa que hiciera prender la mecha de la traca de sentimientos que, a día de hoy, le causa el Valencia. Esta casualidad ocurrió en 1998 cuando Michael, con tan solo siete años, viajó a Alicante para pasar unos días en pleno mes de marzo en un apartamento que tenía su tío. Entre paseos y helados a pie de playa, el danés se desplazó con su familia a Mestalla para ver un partido del Valencia. No quedó defraudado. 3-0 fue el resultado que cosechó el equipo entrenado, en aquel entonces, por Claudio Ranieri ante un C.P. Mérida que acabó descendiendo esa misma temporada. Con goles de Vlaovic, Adrian Ilie y Gaizka Mendieta se forjó, durante 90 minutos, la pasión valencianista de Michael. Sin embargo, ese partido se lo perdió por lesión el que, a la postre, sería uno de los principales motivos del danés para el seguimiento del equipo valencianista desde su país de origen: Claudio ‘el Piojo’ López. “No he visto en directo a ningún jugador con su capacidad técnica. Era increíble cómo traía de cabeza a toda la defensa del Barcelona. Nunca olvidaré ese 4-3 en Mestalla en la Copa del año 1998-1999”, declara a Panenka.

A partir de aquí, y con la vuelta a su casa en Dinamarca, el peregrinaje hacia la conversión de la figura de mendigo del fútbol -a su manera- iba viento en popa. Salvando todas las dificultades que habían en aquella etapa previa a la fugaz globalización que tenemos hoy en día, Jacobsen fue nutriéndose de información de su equipo de fútbol: el Valencia de los éxitos. De esa hornada de guerreros comandados por Rafa Benítez que asombraron a toda Europa a principios de los años 2000 y cuyos éxitos todavía quedan grabados en las retinas de todos los valencianistas.

 

“Desde que entré en ‘Chescandinavia’ tuve la oportunidad de mejorar mi español y ya no he vuelto a utilizar ningún traductor para informarme de mi equipo”

 

Desde entonces, siempre que ha podido se ha subido en un avión para venir a Mestalla y desatar esa valencianía que, desde la distancia, solo podía liberar delante de una pantalla. Entre el anecdotario que tiene con el Valencia C.F destaca el momento en que conoció a la que, tal vez, sea la figura más querida en la historia del valencianismo, su carismático utillero. “En 2015 y después de vencer 2-0 al Deportivo de la Coruña, el club nos invitó a conocer a los jugadores en Mestalla. Pero conocer a ‘Españeta’ fue todavía más especial. Fue perfecto”.

Esta no es la única vivencia destacada que el hincha danés ha experimentado con el club valenciano. Sin ir más lejos, a principios del mes de julio, aprovechó unos días que tenía de vacaciones para, como siempre, empaparse de la cultura valenciana y venir al ‘Cap i casal’ a pasar unos días. Para sorpresa suya, el Valencia había acabado de anunciar la contratación de Daniel Wass, procedente del Celta de Vigo. Michael no dudó en hacer todo lo que estuviera en su mano para conocer al que, desde Frank Arnesen, iba a ser el único jugador danés que iba a pisar como local el césped de Mestalla. “Hice todo lo posible para conocer al jugador, incluso entrar sin permiso a la clínica donde le estaban haciendo los exámenes médicos. Afortunadamente, el club me invitó a su presentación en la Ciudad Deportiva y pude conocerle. Es un gesto que no voy a olvidar”, confiesa Jacobsen.

Michael Jacobsen es un murciélago más de los que promulgan la doctrina del valencianismo por toda Europa, pero no es el único. Cada vez más, la marca del club va expandiéndose hasta países en los que, hace unos años, era muy complicado hacerse un hueco entre el abanico de alternativas deportivas que saciaban su sed de ocio. Pero no todo es fácil. Paradójicamente, teniendo en cuenta que vivimos en la era de la información y que el contenido de las noticias puede recorrer de una punta a otra el mundo en lo que dura un ‘click’, informarse de tu equipo desde la lejanía y, sobre todo, desconociendo el idioma en el que este se manifiesta no es nada fácil.

 

“Es un proyecto hecho por hinchas y para hinchas. Nuestra misión es unir y dar voz a las historias de valencianismo repartidas por todo el mundo. Todos los fans son únicos pero hay un factor común que los une: la pasión y la lealtad por nuestro club”

 

Jacobsen comenzó a utilizar sus redes sociales para conocer la actualidad de su equipo en 2012, pero a menudo utilizaba herramientas de traducción para saltar la barrera lingüística que había entre su club y él mismo. Sin embargo, años más tarde se unió a una asociación llamada ‘Chescandinavia’, encargada de agrupar a aficionados al Valencia C.F. residentes en los países nórdicos. “Afortunadamente, el Valencia ha llevado a cabo una política de inclusión con los aficionados de fuera de España bastante acertada. Desde que entré en ‘Chescandinavia’ tuve la oportunidad de mejorar mi español y ya no he vuelto a utilizar ningún traductor para informarme de mi equipo”.

El afán por unir al valencianismo fuera de Valencia es, sin duda, uno de los puntos fuertes de su historia. Esa necesidad de conectar historias alrededor de todo el mundo -cada una con un contexto único- y cuyo punto en común sea la pasión por el Valencia C.F. Desde enero de 2018 y, después de plantearlo medio en broma medio en serio -con alguna que otra cerveza de por medio-, Michael decidió emprender el proyecto de creación de un podcast -Valencia Weekly- de información valencianista para aficionados de fuera de España. Para gente que, como él, sabe lo difícil que es informarse de tu equipo si vives a muchos kilómetros de distancia y desconoces el castellano. Con una iniciativa sin ánimo de lucro, Michael presenta al valencianismo en cada episodio, por lo menos, una historia de valencianismo alejada de Mestalla. En sus 22 publicaciones ha conseguido captar la historia de 40 valencianistas extranjeros, por el momento. Como la del nigeriano Clinton McDubus, que no había conocido a ningún valencianista en persona y ante la imposibilidad económica de hacer frente a un desplazamiento a España para ver al Valencia C.F en directo, el club le envía camisetas del equipo. “Es un proyecto hecho por hinchas y para hinchas. Nuestra misión es unir y dar voz a las historias de valencianismo repartidas por todo el mundo. Todos los fans son únicos pero hay un factor común que los une: la pasión y la lealtad por nuestro club”, declara el danés.

Y así -20 años después- queda demostrado que aquella victoria por 3-0 del Valencia ante el Mérida en Mestalla fue mucho más que un simple partido de liga. Fue el detonante pasional de un danés ‘mendigo del buen fútbol’ que, a día de hoy, tiene como misión unir las historias de miles de murciélagos, por muy lejos que vuelen de Mestalla.