Los ingleses suelen fardar de muchas cosas. De ser una de las cunas de la música con grupos como Queen o los Beatles. También podría decirse lo mismo de la escritura, con Shakespeare a la cabeza. Y algo semejante ocurre con el fútbol, un deporte que en la mayoría de lugares del mundo era casi desconocido cuando comenzó y en el Reino Unido ya movía cierto capital. Ahora bien, podemos poner en duda si los ingleses querrían presumir de que en su país se haya disputado uno de los partidos más amañados de la historia.

Retrocedamos a finales del siglo XIX. En esos años comenzó a fraguarse el clásico entre los clásicos del fútbol inglés. La rivalidad entre el Liverpool y Manchester United empezó a dar los primeros pasos, pero lejos de los terrenos de juego. En la década de 1870, ambas ciudades se implicaron en una disputa por el control del algodón proveniente de América. A causa de ese percance, la rivalidad entre los principales equipos del noroeste de Inglaterra se ha mantenido a lo largo de la historia, provocando grandes momentos de tensión y enemistad. Excepto un día en particular.

Demos un pequeño salto en el tiempo. Más concretamente a la temporada 1914-15. Viernes santo. 2 de Abril. Manchester United y Liverpool se enfrentaban en un partido en que el equipo del condado de Lancashire podía descender y el conjunto ‘red’, en mitad de tabla, no tenía nada en juego. Más de 18.000 espectadores se dieron cita en Old Trafford para alentar a su equipo y eludir perder la categoría; en un partido en el que los jugadores de ambos equipos se jugaban el hecho de no recibir sus salarios tras el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Ese fue uno de los motivos por los que un grupo de futbolistas de ambos equipos se reunieron en un pub de Mánchester para discutir los términos sobre cómo se desarrollaría el encuentro y las posibles ganancias que percibirían de las pertinentes casas de apuestas. Tras horas de discusión con muchas pintas de por medio, se acordó un marcador de 2-0. Y así terminó el encuentro.

Las sospechas comenzaron en el momento que hubo un penalti a favor de los locales cuando el marcador era de 1-0 a favor del United. Patrick O’Connell, capitán y defensa central de los ‘Red Devils’, pateó el balón hasta la zona del córner. Ni se inmutó. Según cuenta el historiador y periodista deportivo Graham Sharpe, que investigó acerca de los sucesos del encuentro, “el futbolista regresó a su posición riéndose, como si no le importara”. Tras el 2-0 final, (curiosamente el resultado que más se cotizaba por entonces en las casas de apuestas) el árbitro del encuentro John Sharpe describió el certamen como “el más surrealista que jamás he dirigido”.

 

De forma inaudita, al United no lo castigaron con la pérdida de puntos ni tampoco se ordenó la repetición de dicho encuentro

 

A partir de entonces, se inició una investigación por parte de la Football Association. La agrupación consideró que “se minó el completo funcionamiento del juego y desacreditaron su honestidad y limpieza”. Como consecuencia, hubo siete futbolistas que fueron sancionados a perpetuidad (Bob Pursell, Tom Miller, Thomas Fairfoul, Enoch West, Arthur Whalley, Sandy Turnbull y Jackie Sheldon). De la misma manera, cumplieron castigo Lawrence Cook, del Chester, y Fred Howard, del Manchester City, por haber formado parte activamente de la estafa.

De forma inaudita, al United no lo castigaron con la pérdida de puntos ni tampoco se ordenó la repetición de dicho encuentro. El equipo mancuniano consiguió finalmente salvarse con dos puntos de ventaja sobre el Chelsea. Los ‘Blues’ por su parte, pidieron posteriormente que se hiciera justicia con ellos tras el escándalo. No fueron escuchados por la FA. Y bajaron de categoría. Por suerte para ellos, antes del comienzo de la temporada 19-20, la liga decidió expandir la Primera División con dos equipos más -el Chelsea fue uno de ellos- y, como consecuencia, se salvó del descenso.

El estallido de la Primera Guerra Mundial jugó un papel fundamental en la condena de los futbolistas. A los componentes de la escuadra ‘red’ –concretamente cuatro- se les levantó el castigo por el simple hecho de tomar parte en el conflicto y defender a su nación de las potencias centrales. Whalley y Howard, del Manchester United y del City, respectivamente, también fueron perdonados, a diferencia de Enoch West. Después de presentar infinidad de recursos, el castigo no le fue levantado hasta el año 1945, cuando terminó la Segunda Guerra Mundial. Solo uno de todos aquellos hombres no corrió fortuna, Turnbull, que murió durante el conflicto en el campo de batalla.

Tal y como mencionaba Simon Kuper, “el dinero fácil de las apuestas es el mayor de los peligros en el fútbol”. Y así es. Hace más de un siglo que el balompié está corrompido por el dinero. Debemos aprender de los errores y evitar que estos actos se repitan hoy en día, aunque las casas de apuestas sean las principales patrocinadoras de los equipos. Aún hay esperanza.

 


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