Proclamamos a menudo que el fútbol es de la gente. Cuando queremos defender la esencia del juego, argumentamos que, durante décadas, el balompié fue (y debería seguir siendo) un juego por y para todos. Pero detrás de ese ‘gente’, detrás de ese ‘todos’, no siempre se incluyó al conjunto de la gente y no siempre estuvieron todos representados. Que la nostalgia no nos haga olvidar que, en aquellos tiempos añorados de fútbol puro, de barro, de Recopas y transistores, los estadios eran un lugar casi exclusivamente masculino, viril. En muchos casos, además, el ambiente que rodeaba al juego adolecía de machismo y hasta de racismo. También en la grada, donde los cánticos homófobos y los gritos intolerantes estaban en auge. También sobre el césped, donde el fútbol femenino era visto como una curiosidad, un divertimento del que el hincha hasta podía burlarse. También dentro del vestuario, donde el silencio de los que se sentían diferentes era inquebrantable.

Si el fútbol de hoy es un reflejo de la sociedad, como lo fue ayer, podemos estar satisfechos. Aunque todavía queda mucho camino por recorrer, alrededor del balón se concentra actualmente una comunidad mucho más diversa, con protagonismo de colectivos antaño marginados. Para llegar hasta aquí han sido clave iniciativas individuales -de pioneras y rebeldes del fútbol femenino como Ana Carmona o Irene González; de jugadores profesionales como Justin Fashanu, el primero que declaró su homosexualidad-, pero también un buen número de esfuerzos colectivos. Hoy el panorama del fútbol está copado por clubes tradicionalmente masculinos que cuentan con un equipo femenino. Bien, es una señal inequívoca de que la apuesta es cada vez más decidida y definitiva. Pero es de justicia aplaudir el trabajo de aquellas entidades que creyeron en un fútbol jugado por mujeres, como el Madrid CFF o el UDG Tenerife, hoy en la máxima categoría. Estamos en el camino correcto. Una senda que el Santander también recorre decididamente con su iniciativa ‘Football Can 2041’, para alcanzar un fútbol del futuro que goce de la diversidad del mundo en el que vivimos. Y que el fútbol sea, de verdad, cosa de todos. Y de todas.


Football Can es la forma con la que Banco Santander entiende el fútbol, apoyando el impacto positivo que genera en la sociedad. En cualquier rincón encontramos historias, como esta, que nos muestran un deporte inclusivo, sostenible y que fomenta la diversidad.


Ilustración de portada de Ilustracho