Esta es la historia de la casualidad. De la más bella casualidad. También de la superación. De la lucha compartida, de la complicidad y de la confianza. La fortaleza abriéndose paso entre mentes cerradas. Los pasos al frente. El apoyo. Convertirse en un equipo. Ir todas a una. Alzarse y mirar a los ojos a quien quiere que los escondas en un rincón. Esta es la historia de una comunidad de mujeres cargadas de miedo y prejuicios que acabaron comiéndose un trocito de mundo. El fútbol como canal para creer. Para seguir creciendo, puesto que la historia no acaba con el punto y final. Dejen vivir a Gaza. Jerash vio nacer al equipo de fútbol Let Gaza Live. Los Global Goals World Cup fue el escenario perfecto para que tantas barreras fueran cayendo. Y las que quedan.

“Lo que ocurre en la Franja de Gaza, lo que Israel le está haciendo a Palestina… No, no es un conflicto. Es un genocidio. Y ese genocidio es la fuente de todos los demás problemas, porque precisamente por eso estamos aquí como refugiados”, replica Marwa Salem, capitana del Let Gaza Live en los Global Goals World Cup, para Panenka“A nivel legal, no tenemos derechos. No podemos trabajar, por ejemplo. En Jordania no se nos permite trabajar al no tener un número de identificación nacional. Ese es el principal problema”, explica la joven palestina.

Al noroeste de Jordania se levanta la ciudad de Jerash. Precisamente ahí se encuentra una de los yacimientos romanos más importantes del país. En este emplazamiento se distinguen todos los elementos característicos de lo que era una exitosa ciudad romana. Conserva sus elementos principales. Si se atina la vista, se pueden presenciar sus fuentes, sus plazas e incluso sus teatros. Pasear por sus calles te transporta, directamente, a algún momento comprendido entre el siglo I y III después de Cristo. Los comercios llenos de vida. Teatros abarrotados de gente. Templos que permitían creer a los fieles. Y sin embargo, toda la belleza que desprende el imponente establecimiento queda difuminada a medida que uno toma distancia.

A tan solo seis kilómetros, muchos olvidarían las tiendas. Pocos se atreverían a reír por mucho que el teatro invitase a ello. Y la fe abandonaría cualquier templo y se sentaría a observar, en silencio, las cerca de 30.000 personas que viven en el Campamento de Gaza. Hacinados en menos de un kilómetro cuadrado según la UNRWA, miles de palestinos conviven en condiciones durísimas. Hace demasiado tiempo que llegaron. En 1967, la Guerra de los Seis Días obligó a muchos ciudadanos palestinos a dejar su hogar. Un año más tarde, Jordania habilitaba el Campamento de Gaza. Poco menos de 12.000 personas se alojaron en tiendas de campaña. Desde entonces, hasta tres generaciones de palestinos han habitado la zona.

“La situación en el Campamento de Gaza no es fácil. Y mucho menos para las mujeres. Tienen muchísimas restricciones que les imponen la propia comunidad y los hombres”, explica la capitana de Let Gaza Live a esta revista. “Son ellos los que tienen la obligación de ir a trabajar y ganar dinero como pueden. Evidentemente, los deportes también son cosa de ellos. El papel de la mujer se limita a estar en casa y hacer de madre y esposa”, afirma.

 

“Tenían miedo. Por supuesto que habían entendido perfectamente lo que les había dicho. Lo que ocurriría si decidían levantarse, despertar y enfrentarse a los problemas que tenían. Problemas que iban a aflorar si decidían ir a jugar a fútbol”

 

Se cumplían los primeros meses de 2019. La Princesa Lara Faisal observó en el teléfono de un amigo suyo un vídeo de apenas tres o cuatro minutos. El cortometraje explicaba cómo funciona la Global Goals World Cup e incluía secuencias de campeonatos que se habían disputado anteriormente. “Me quedé asombrada. Fui directamente a buscar la web y allí encontré un teléfono. Llamé y Majken [Gilmartin, CEO y fundadora de los Global Goals World Cup] me cogió el teléfono. Recuerdo que ella iba en un tren camino de Davos precisamente por temas del campeonato”, rememora la Princesa Lara Faisal en la entrevista concedida a Panenka. “Estuvimos hablando un buen rato. Le dije que quería traer este proyecto a Jordania. Ella respondió: ‘Me encanta. Hagámoslo'”, asegura la princesa jordana.

Esa conversación telefónica fue el inicio de los Global Goals World Cup en Jordania. Un proyecto que, sin embargo, había comenzado cuatro años atrás. “Era el 2015 y las Naciones Unidas estaban tratando el tema de los Objetivos Globales en Nueva York. En nuestra organización, EIR, nos preocupaba seriamente el tema de la desigualdad de género y llevábamos mucho tiempo concienciando sobre ello”, comienza explicando Majken Gilmartin, CEO y fundadora del proyecto social y deportivo, a Panenka. En aquel momento Rikke Rønholt pensó que la mejor manera de combatir la desigualdad de género era a través del deporte. Algo en lo que Majken llevaba trabajando muchos años. Se conocieron y crearon la Global Goals World Cup. Un año más tarde, en 2016, se celebraba la primera edición en Copenhague.

“Para hacerlo posible tuvimos que contactar con las Naciones Unidas y pedirles permiso para usar los iconos que habían diseñado para cada objetivo global. Los queríamos poner en el balón. Nos miraron como: ‘¿Quiénes sois vosotros?'”, explica Majken. “Tras conocernos a nosotras y a la organización nos dijeron que sí. ¡Así que pudimos presentar el balón con todos los iconos!”, cuenta la CEO del proyecto a esta revista. “Iniciamos todo esto porque somos conscientes de que el deporte tiene muchísimos beneficios, y no solo físicos. Y son muchas las mujeres que no tienen derecho o oportunidad de practicarlo. Queríamos un proyecto fuerte y sólido. No era tan necesario que fuese un gran proyecto, como que fuese sólido. Y ya llevamos 16 ediciones de los Global Goals World Cup.

El de Majken es un proyecto que, con el fútbol como excusa, empodera a las mujeres y les permite luchar por un objetivo global en el que realmente creen. Por el que se sienten involucradas. Más allá del fútbol, preparan acciones de concienciación sobre temas tan diversos como combatir la pobreza, erradicar el hambre en el mundo, o cuidar el planeta, entre los 17 que eligieron en la reunión de las Naciones Unidas.

En noviembre de 2019, la Princesa Lara Faisal y Majken Gilmartin ya tenían decidido que se iba a celebrar una edición de la Global Goals World Cup en Jordania. Por eso, entrados en el penúltimo mes del año, la Princesa Lara se dirigió hasta Jerash. Sorteó las calles romanas instaladas en Jordania y seis kilómetros más allá llegó hasta el Campamento de Gaza. “Los refugiados del Campo de Gaza, los primeros que llegaron, han visto nacer a sus hijos y nietos en este lugar”, contextualiza Lara. “Es uno los campos de refugiados más pobres y las condiciones son muy duras. No tener una identidad les impide tener un trabajo legal. Ni siquiera pueden llevar a sus hijos al hospital. Y lo duro es que, para la mayoría, esa es la única realidad que han vivido”, sentencia la Princesa.

Lara cruzó las calles y las viviendas de hormigón hasta llegar a la Amani Charity, una ONG de mujeres del campamento que se dedican a cocinar, reciclar periódicos o hacer trabajos comunitarios. “Recuerdo que entré allí e igual había unas 20 mujeres sentadas en un rincón de la habitación. Vestían un niqab y estaban todas en silencio. No se conocían, prácticamente. Recuerdo que eran muy tímidas”, rememora la princesa jordana. “Pues imagina la reacción cuando les comento que tienen la posibilidad de jugar a fútbol: ‘¿Tú estás loca? ¿Has venido hasta este campo de refugiados para decirnos que juguemos a fútbol? ¿Y se supone que esto nos va a empoderar y nos va ayudar en nuestra vida? ¿Cómo nos va a ayudar esto?’. Y muchísimas preguntas y comentarios así”, explica la también fundadora de Rise for Good

El escepticismo se apoderó de las mujeres en la habitación de la ONG. Decían no entender, ni creer en las palabras de la Princesa Lara Faisal. “Tenían miedo. Por supuesto que habían entendido perfectamente lo que les había dicho. Lo que ocurriría si decidían levantarse, despertar y enfrentarse a los problemas que tenían. Problemas que iban a aflorar si decidían ir a jugar a fútbol”, cuenta Lara en la entrevista ofrecida a Panenka“Al principio había miedo. Había confusión. En la comunidad, todo el mundo decía: ‘¿Qué estáis haciendo? ¿En qué estáis pensando? Esto no está bien. ¡Váyanse a casa!'”, afirma.

En Amani CharityMarwa escuchó con atención las palabras de la Princesa Lara Faisal. Ella sí estaba convencida. “Después de que la Princesa Lara nos invitase a jugar en los Global Goals World Cup, para muchas mujeres era una idea aterradora. Muchísimas se negaron a jugar. En ese momento, tanto yo como otras voluntarias de la ONG empezamos a trabajar para convencer a esas mujeres de que jugasen con nosotras. Con algunas lo logramos”, explica Marwa Salem sobre cómo se inició todo el proceso.

La Princesa Lara Faisal explicando el proyecto de los Globals Goals World Cup a las mujeres de la Amani Charity | Imagen de Amani Charity

Los días consiguientes, el runrún del balón siguió coleando en el campo de refugiados. A la par que Marwa y el resto de voluntarias intentaba convencer al resto de mujeres, la Princesa Lara Faisal preparaba otra visita al campamento cercano a Jerash. Poner de nuevo los pies en el pequeño reducto palestino y caminar de nuevo a la ONG. Un camino que, si bien era idéntico al de días atrás, conducía a un destino completamente diferente. “La transición de la negación a querer jugar fue muy rápida. Prácticamente inmediata. Era la segunda vez que nos veíamos y ya había cambiado todo”, relata Lara. “Reconocieron muy rápidamente la oportunidad que se les presentaba y querían aprovecharla. Estaban muy comprometidas. Desarrollamos una buena relación entre todas nosotras y comenzamos a forjar una buena amistad”, explica la socia y anfitriona en Jordania de la Global Goals World Cup. 

El balón comenzó a rodar tímidamente bajo el cielo de Jerash. A la efusividad del primer impulso por jugar le acompañó el miedo y la culpabilidad por practicar un deporte que muchas de ellas sentían como prohibido. Verse sobre un verde bajo la mirada torcida de los hombres hacía que las piernas flaqueasen durante los primeros compases. “Ellas sentían que no podían estar allí. Al fin y al cabo, los campos de fútbol estaban controlados y eran usados solo por hombres. Así que decidí acompañarlas para que no se sintiesen solas”, relata Lara Faisal.

“Muy rápidamente se dieron cuenta de lo que aquello les hacía sentir. Marwa y alguna otra mujer sí que habían jugado anteriormente, pero la gran mayoría estaban descubriendo aquellas sensaciones”, comienza a explicar la princesa. “Les cambió la vida. Jugar a fútbol les cambió incluso la percepción que tenían sobre ellas mismas. Lo verdaderamente importante no era el deporte sino que estuviesen juntas y se rieran mucho. Que fueran ellas mismas”, explica la entrevistada.

Los entrenamientos comenzaron a ser cada vez más frecuentes. El compromiso de las mujeres con el equipo cruzó la fronteras delimitadas por las franjas blancas pintadas sobre el césped. La preparación para el torneo que la Princesa Lara había propuesto ya estaba en marcha. Había que elegir un nombre y surgió: Let Gaza Live. “Pensamos que ese nombre sería una manera de ayudar a nuestra gente. Que se hablase más sobre el genocidio que está sufriendo Palestina”, confiesa Marwa durante la entrevista concedida a Panenka. De nuevo en la ONG, debatieron sobre qué objetivo global debían defender y casi por inercia, la igualdad de género se impuso al resto de necesidades.

Logos, equipaciones representativas, acciones a favor de esta lucha… La Global Goals World Cup les demandaba mucho más que unos simples partidos de fútbol. “El objetivo de crear sus propias equipaciones y trabajar las acciones sobre un objetivo global es, sencillamente, para que pasen tiempo juntas. Para que compartan ideas”, explica Majken Gilmartin sobre las diferentes acciones que se requieren para jugar. “El tiempo que pasan juntas tiene muchísimo valor. Cogen confianza las unas en las otras y generan lazos de amistad. Sienten que forman parte de un equipo. ¡De algo grande! Y en ese espacio se sienten protegidas para dar su opinión, por ejemplo, sobre sus problemas reales, que nada tienen que ver con el fútbol o el deporte. Temas que, en otras circunstancias, no tendrían la posibilidad de tratar”, resume la fundadora de la Global Goals World Cup.

“Precisamente elegimos la igualdad de género porque todos los problemas que se dan en el campamento tienen que ver con la desigualdad latente. A nosotras no se nos permite nada. Ni siquiera hacer deporte, relata Marwa. “No queríamos tener que seguir pidiendo permiso a nuestros padres o hermanos para jugar o hacer deporte. Esta era una gran oportunidad para concienciar”. Y, así, poco a poco, el miedo fue difuminándose. Y sin embargo, esa sensación que en muchas ocasiones agarra el estómago hasta cortar el aliento, ni siquiera se va. Espera paciente. Agazapada.

El hecho de que las mujeres hubiesen conquistado ese pequeño terreno  -futbolístico- no sentó bien al sector masculino del campamento. Sin embargo, la presencia de la Princesa Lara Faisal decantó esa concesión. Nada más lejos de la realidad. Porque el miedo seguía estando ahí y, tras un entrenamiento, este se apoderó de un gran número de mujeres. La tormenta se desató cuando el sol se escondía. “Estábamos entrenando y grabamos un vídeo de no más de dos minutos. Lo montamos y lo subimos a Facebook. Serían, más o menos, las ocho y veinte de la tarde”, comienza explicando Lara Faisal. “Al día siguiente muchas dejaron el equipo por las presiones que recibieron. No me dieron explicaciones. Simplemente dijeron ‘Oye, lo sentimos. Simplemente creemos que esto no está bien'”, relata la princesa jordana.

Marwa, capitana del Let Gaza Live, también vivió en carne propia esas presiones. “En cuanto se publicaron los vídeos, las reacciones fueron muy agresivas por parte de los hombres y la comunidad. Los comentarios eran terribles”, explica la voluntaria de Amani Charity. “Nos acusaron de estar rompiendo las normas y las tradiciones establecidas. Muchas mujeres dejaron el equipo por miedo y es que no era fácil, para muchas de nosotras, enfrentarnos a esta situación”, concluye la jugadora.

“Las presiones recibidas eran diferentes según las jugadoras. Había algunas cuyos maridos no les dejaban coger un autobús junto a más mujeres y el conductor, e ir hasta el campo de fútbol de Jerash. Además, allí jugaban más hombres y era un campo que estaba en la calle. Eso nunca lo iba a aprobar un marido”, reflexiona la Princesa Lara Faisal. “Y las que no tenían marido, tenían padre. Por ejemplo, en el equipo había una mujer mayor y el problema ni siquiera era el padre. Eran los hermanos los que, a falta de marido, asumían la autoridad”, comenta.

 

“Si lo que quieres es luchar por algo que va contra el sistema y de la comunidad en la que vives… Incluso que va en contra de la cultura que te han inculcado. Entonces necesitas estar unida y ese colectivo de mujeres palestinas lo estaban”

 

No fueron ellas las únicas en recibir las críticas y las presiones. También sobre los maridos cayó un aluvión de reproches por permitir que una decena de futbolistas se asomasen al verde. Y sucumbieron. “De acuerdo, puedes jugar, pero no puede ser en un campo descubierto. No te pueden ver ahí. Y mucho menos en vídeos. Si no, no puedes jugar”, les dijeron a muchas de ellas, según relata la princesa. Para algunas de aquellas jugadoras, aquel fue el último entrenamiento del que disfrutaron cerca de las ruinas romanas de Jerash. “Y, sin embargo, mujeres que en un principio habían dicho que no, regresaron al equipo”, asegura Lara.

Un tiempo atrás se plantó la semilla y justo empezaba a florecer. Podrían cortarle algún que otro pétalo, desde luego. Y, sin embargo, ya era imposible arrancar las raíces. “Es cierto que hubo muchos hostigamientos, pero también provocamos un cambio. Algunas de las familias de nuestras jugadoras, los aceptaron. Es más, se convirtieron en apoyos firmes para que hiciesen deporte”, rememora Marwa al repasar el complicado episodio. “También, una parte de la comunidad aceptó que otras mujeres quisieran unirse. Let Gaza Live les dio coraje y valor a muchas mujeres para unirse al equipo y jugar al fútbol”.

Y entonces el mundo se paró. Las calles se llenaron de silencio. Las plazas quedaron vacías. El COVID detuvo el tiempo, el fútbol pasó a un segundo plano y la Global Goals World Cup quedó paralizada. La situación cogió a contrapié a las mujeres del Campamento de Gaza. Lo que debía ser un proceso de entre cuatro y seis meses, se alargó durante un año y medio desde que la Princesa Lara Faisal llegase al campamento por primera vez, hasta que el balón comenzase a rodar sobre la Ciudadela de Amman, en el templo románico de Hércules. “Ellas habían reconocido rápidamente la oportunidad que se les había presentado de evolucionar en la sociedad”, recuerda Lara.

“Rápidamente se convirtieron en uno de los equipos más comprometidos. Incluso cuando llegó la pandemia. Con todos los campos cerrados, y también los espacios públicos, ellas siempre encontraban la manera, el tiempo y el espacio para ir a entrenar. Y para las mujeres del campamento era realmente difícil”, asegura la princesa. “Hay que recordar que se tenían que desplazar en autobús hasta llegar al campo de Jerash. Muchas, además, tenían familia e hijos, por lo que encontrar un espacio de tiempo en el que ir también era complicado. Pero reconocían los beneficios que les devolvía esta actividad y estaban súper comprometidas”, afirma la fundadora de Rise for Good. 

La pandemia fue, para muchísimas personas de este mundo, un contratiempo inesperado. También para los conciudadanos del Campamento de Gaza. Y, sin embargo, ellas hicieron de ese parón mundial una gran oportunidad. El tener más tiempo fue un valor añadido para las integrantes del Let Gaza Live. Dedicaron muchas más horas a preparar las acciones a favor de la igualdad de género que debían presentar en el campeonato. Trabajaron en cómo iban a aplicarlas dentro de su comunidad y cómo estas iban a cambiar la percepción que existe sobre la mujer en la comunidad palestina. “Recuerdo lo primero que me dijeron al verme allí: ‘¿Cómo el fútbol va a ayudarnos? Pues así. Luchando por la igualdad de género a través de este deporte”, recuerda Lara.

“Cualquiera sabe lo importante que es sentirse parte de un equipo. De un espacio en el que poder compartir, expresarse y sentirse arropado. Sobre todo, sentir que tienes personas a tu lado que te apoyan. Para las mujeres del Campamento de Gaza, esto era crucial”, reflexiona la princesa jordana. “Si lo que quieres es luchar por algo que va contra el sistema y de la comunidad en la que vives… Incluso que va en contra de la cultura que te han inculcado. Entonces necesitas estar unida y ese colectivo de mujeres palestinas lo estaban”, asegura Lara.

La confianza se recuperó tras el varapalo del vídeo en Facebook. Los meses las hicieron más fuertes y también les enseñaron a cómo protegerse y combatir las voces críticas que seguían llegando desde el campamento. Y, finalmente, en mayo de 2021, la Ciudadela de Amman se vistió de gala para acoger la Global Goals World Cup. Desde el Campamento de Gaza se desplazaron las mujeres en autobús. Llegaron bailando la tradicional danza Dabke junto a los hijos de algunas de las jugadoras. La fiesta, sin embargo, se oscureció tras un nuevo conflicto sobre la franja de Gaza que dejó un gran número de muertos. Allí, entre la rareza de la situación, el Let Gaza Live recibió el apoyo de los demás equipos que iban a competir.

“Participar en la Global Goals World Cup fue una experiencia fantástica. Fue algo increíble. Nosotras no habíamos tenido entrenador y no habíamos podido entrenar tanto como nos hubiese gustado”, recuerda Marwa. “Además, muchas mujeres del equipo no tenían ninguna experiencia jugando. ¡Era la primera vez que lo hacían! Y, aun así, ganamos dos partidos y perdimos otros dos. También jugaron algunas jugadoras de la selección nacional de Jordania. ¡Fue genial!”, concluye la capitana del equipo.

Las jugadoras del Let Gaza Live, durante el minuto de silencio por los ataques de Israel sobre la Franja de Gaza | Imagen de GGWCup

El equipo no logró llegar a la final del campeonato, pero sí que recibió el galardón de ser el conjunto que más acciones habían llevado a cabo para defender y luchar por el objetivo global que habían elegido. La igualdad de género se arraigó en los pensamientos de todas y cada una de las mujeres que habían formado parte de aquel plantel. Marwa, además, también se llevó un premio individual por su coraje en el campo y fuera de él.

“No sé bien cómo describir al equipo de Gaza. Las mujeres que viven en el campamento quieren cambiar sus vidas. Pero hacer esos cambios, por si solas, es muy difícil. ¡Allí y en cualquier lado, ojo! Cambiar es complicado…”, comienza reflexionando la Princesa Lara. “Para cambiar algo que está tan arraigado, se necesitan muchas personas. Ellas querían esos cambios, pero estando solas era impensable. Además que, al ser cambios que van en contra de la cultura y las tradiciones, ellas lo entienden como algo que no deberían hacer…”, prosigue la anfitriona de la Global Goals World Cup en Jordania.

“Yo intenté ser ese apoyo, para todas ellas, durante ese año y medio. Quería que se sintiesen fuertes para que tuviesen la capacidad de lograr esos cambios, si realmente querían cambiar las cosas”, explica Lara Faisal. “Al llegar allí en noviembre de 2019, ellas no tenían recursos ni un espacio en el que jugar. No tenían nada de eso. Así que intentamos apoyar al equipo desde ahí. Ayudamos para que tuviesen un campo en el que jugar. Creía que esa era la mejor manera de ayudarlas a crecer”, asiente. “Cuando tienes un buen apoyo cerca, hace que esos cambios sean más posibles y probables. Y ellas hicieron un grupo maravilloso”, sentencia la princesa Lara Faisal.

Presente durante todo el proceso, también estuvo Majken. Desde Jordania observó la evolución y el crecimiento de aquel equipo creado a seis quilómetros de Jerash. “Hicieron un esfuerzo increíble para romper tantas barreras y conseguir todo lo que han conseguido. Y lo han hecho jugando al fútbol, aunque este solo sea la excusa que las ha unido a todas. Todos estos logros los han conseguido por ellas mismas y eso es maravilloso”, reflexiona la CEO del torneo.

En el Campamento de Gaza se demostró que el fútbol es algo más que un deporte. “El principal objetivo del equipo era generar cambios en la situación de la mujer dentro del Campo de Refugiados de Gaza”, explica Marwa. “La mayor parte del tiempo, las mujeres se lo pasaban sentadas en sus casas sin hacer nada. Y lo que queríamos es que saliesen de sus casas. Que se fuesen a jugar a fútbol. Que tuviesen más confianza en ellas mismas, como personas. Queríamos que tuviesen libertad”, asegura la voluntaria de Amani Charity. “Y queda mucho por hacer”, avisa.

“Muchos hombres siguen molestos porque nosotras juguemos a fútbol e incluso nos han impedido entrenar en el campo que se construyó gracias a la Princesa Lara. Al principio aceptaron porque ella estaba allí, pero en cuanto se fue no nos dejaron entrar. Necesitamos que Lara vuelva para que vea lo que realmente ocurre. Nosotras queremos seguir”, explica la capitana del equipo a esta revista.

Han pasado ya varios meses desde que la Global Goals World Cup se marchó de Jordania. Un tiempo en el que todo ha vuelto a una normalidad diferente. A mediados de 2019, a ninguna mujer en el Campamento de Gaza se le hubiese pasado por la cabeza desafiar a los hombres que rigen aquel lugar. Nadie hubiese cuestionado las tradiciones ni hubiese puesto en jaque las costumbres y cultura de un pueblo. Dos años después, esa puerta está a punto de caer por mucho que otros se empeñen en aguantarla por detrás. Caerá, tarde o temprano. La pueden abrir, ellos. Invitarlas a pasar y avanzar como sociedad y comunidad. Por el contrario, pueden hacer presión y solo les queda esperar que, al vencerse, no los aplaste. Ellas van a seguir empujando con fuerza. Let Gaza Live les ha permitido crecer. Creer. Las ha unido. Son fuertes. Valientes. Son más que un equipo.

La Princesa Lara Faisal, Marwa Salem y Majken Gilmartin, junto a mujeres de Amani Charity


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Fotografías de la Global Goals World Cup y Amani Charity.