“Alto o bajo, feo o guapo, negro o blanco… ¡Qué más da!

Dentro de cien años todos calvos bajo tierra, va.

¿No has probado nunca conocer a un extranjero?

Fíjate en los niños, ellos saben de qué va este juego.

Y es que la raza humana es un crisol,

y el que no pueda ver belleza en esto no merece ver el Sol.”

Kase.O, en Rap contra el racismo

 

El mundo del fútbol sigue evolucionando de forma imparable, pero desgraciadamente, en pleno siglo XXI, los insultos y la intolerancia continúan siendo dos elementos inseparables de su ecosistema. Están siempre presentes, independientemente de la categoría y de la edad de los jugadores. “El racismo, la xenofobia y la homofobia son ideas que en otros ámbitos es muy difícil que se expresen porque contravienen los principios fundamentales de los derechos humanos, pero que encuentran su espacio en los estadios. Es una situación muy preocupante”, lamentaba hace unos meses el historiador Ramon Usall.

Hasta la fecha, son muchos los futbolistas que han sufrido la lacra del racismo. La lista es casi interminable: desde Andrew Watson, el primer jugador de color en vestir la camiseta de Escocia, y Viv Anderson, el primero en defender la del equipo nacional de Inglaterra -un hombre que sigue reclamando que “seas negro, blanco, morado o azul, si tienes las cualidades, mereces que te den una oportunidad”-, hasta los casos de nuestros tiempos, como los de Dani Alves, Samuel Eto’o, Mario Balotelli, Kevin-Prince Boateng o Iñaki Williams, entre muchos otros.

 

“Seas negro, blanco, morado o azul, mereces que te den una oportunidad”

 

Pero esta dramática realidad no solo atañe a los jugadores, también afecta a los árbitros, los actores más indefensos y marginados del deporte rey, aquellas “personas peculiares que aprenden a vivir y a disfrutar del fútbol resignadas a no disfrutar de la empatía de quiénes les rodean”, según destacaba César Sánchez en #Panenka19.

Hace dos fines de semana, mientras dirigía un partido de la regional preferente asturiana entre el Ribadedeva y el Nalón, el colegiado etíope Tarekegne Asnake Wolde tuvo que suportar unos terribles insultos racistas. “Negro, qué pena que no se te pinchó la patera, puto negro de mierda, hijo de la gran puta” y “te debió de joder la vista el salitre de la patera, negro de mierda, debes de pitar tan mal por la mierda de raza, puto negro”, le cantaron desde la gradería de La Peña, el humilde estadio del Ribadedeva. Recuerden, en pleno siglo XXI.

Además, también fueron insultados los dos asistentes de Asnake. A Sonia, de 23 años, la trataron de prostituta y, según Tarekegne redactó en el acta del partido, le gritaron: “Mira a las bandas, hostia, que no sacan ni una bien. A ver, nena, nena, espabílate de una puta vez”; “¿Qué coño haces? Vete a tu casa, subnormal, estabas mejor fregando en tu casa” y “Céntrate en el partido, no tienes ni puta idea. Os habéis cargado el partido, vete para tu casa, pitáis como el culo, os cargáis el partido, solo venís para cobrar”. A Aser, el otro linier, le amenazaron –“Me cago en tus putos muertos hijo de la gran puta, te vamos a arrancar la puta cabeza, me cago en el coño de tu puta madre”– y le preguntaron despectivamente por Sonia: “La putita esa de la otra banda que viene contigo ¿cuánto cobra? Me la voy a llevar a casa a la muy zorra”.

A pesar de todo lo sucedido, desde que descuelga el teléfono, Tarekegne se muestra como un tipo entrañable y divertido. “Ahora estamos mejor porque hemos hablado con varias personas”, asegura nada más empezar la entrevista. Y, justo después de explicar que unos pocos minutos antes le ha llamado Iñaki Williams para transmitirle su apoyo, continúa: “Hay rivalidad entre los dos equipos y se preveía un encuentro tenso porque los dos querían ganar. Esto es normal, pero desde que empezó el partido empezaron a insultar”.

“Nos insultaron por la raza, por el sexo… por todo. Si no era una cosa, era la otra. Insulto tras insulto, sin ningún tipo de criterio”, recordaba la asistente en El Comercio el día después del encuentro. Y, en La Voz de Asturias, Asnake, un gijonés de adopción de 31 años que se dedica al arbitraje desde hace diez años, subrayaba que “el partido se convirtió en una fiesta de insultos hacia nosotros” y que “en el campo siempre nos insultan, pero nunca de una manera como esta”.

De hecho, esta es precisamente la raíz del problema: que hay unos insultos y unos actos que ya se ven como ‘normales’ y habituales y que los que se desvían de este estándar porque son más graves, como los que se registraron en el duelo entre el Ribadedeva y el Nalón, son considerados casos aislados. “Si hubiera habido lanzamiento de objetos o lo que sea entonces hubiéramos suspendido el partido y hubiéramos llamado al orden público”, admite Tarekegne. Es culpa de todos: ahí hemos puesto el listón, todo lo que se sitúa por debajo de la agresión física está ya normalizado. Por este motivo, si el trío arbitral hubiera decidido suspender el encuentro, tal y como se sospesó en el descanso, muchos hubieran dicho que era una reacción exagerada.

 

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Llegados a este punto, resulta interesante consultar la opinión de Moha Gerehou, periodista de eldiario.es y activista de conocida trayectoria en la inacabada lucha contra el racismo.

Hay quien dirá que lo que le sucedió a Asnake y a sus dos asistentes es un caso aislado…

Sí, se tiende a pensar que son casos aislados que suceden una vez al mes: un día un árbitro en Asturias; otro día, Iñaki Williams contra el Sporting; otro, Jefferson Lerma… Existe la sensación de que son casos aislados, pero la realidad es bien distinta. Esto es la tónica general, los que son casos aislados son los que llegan a ser mediáticos, los que trascienden. El racismo está presente de manera sostenida en el tiempo y ocurre en todos los campos y en todos los niveles.

Muchas veces se dice aquello de que “lo que sucede en el campo, se queda en el campo”. Esto es muy perverso… Se queda en el campo para quien ha agredido, porque la persona que ha recibido estos insultos se los lleva a casa. Por ejemplo, Asnake debe llevar un montón de días hablando de esto y, cuando se terminó el partido, seguro que se fue planteándose por qué tiene que escuchar esto y si le merece la pena continuar arbitrando.

¿Por qué el racismo está tan presente en el fútbol?

Es algo estructural. Recurrir al racismo es una forma de intentar desmotivar a los futbolistas del equipo rival que son de color. Cuando Eto’o fallaba un gol era “¡el puto negro este!”. No se decía “¡qué malo es!” o “¡vaya cojo!”, como en otros casos. Y eso genera situaciones bizarras… Hace unos años, en un derbi entre el Espanyol y el Barça, la afición local le profería insultos racistas a Neymar, cuando en el equipo había cuatro o cinco jugadores negros. ¿Cómo puede ser que los aficionados de un equipo que tiene cuatro o cinco jugadores negros dediquen insultos racistas a los del otro equipo? Está tan integrado que es como el que dice “¡ale Real Madrid!”, está tan normalizado que se usa como un elemento más para intentar desestabilizar al rival.

Continúa…

Un estadio de fútbol es un espacio en el que parece que están permitidas todo tipo de barbaridades machistas, racistas, homófobas. Ves a personas que están con su pareja y que gritan “¡Shakira es una puta!” o que están viendo el partido con su primo gay y cantan “¡Guti maricón!”. Se excusa de mil maneras, se dice que es por la tensión y que estas cosas suceden por un calentón, pero habría que plantearse por qué algunos, cuando tienen la sangre caliente, empiezan a hacer insultos racistas o machistas o homófobos. Si para mucha gente la forma de canalizar la ira y la adrenalina es a través del racismo, del machismo y de la homofobia es que esto está tan interiorizado que hacerlo de esta forma se ve como algo normal…

¿Qué se puede hacer para transformar esta realidad tan injusta?

La educación antirracista tiene que ser una realidad, no puede ser solo postureo. El fútbol es uno de los espacios en los que hay que luchar contra el racismo para evitar que se reproduzca. Y es importante que la lucha contra el racismo no solo sea que, en un partido de la Champions League, el Madrid y el Manchester United salgan con una pancarta y un brazalete. Esto está muy bien y quizás en ese contexto puede servir, pero hay que hacer mucho más. Es un campo en el que hay que poner muchos más esfuerzos para erradicar todas las formas de discriminación.

A nivel de LaLiga y la RFEF, es prioritario dejar claro que este tipo de comportamientos no tienen cabida en el fútbol. Hasta ahora, el fútbol español no es que haya sido blando, es que ha sido completamente pasivo. Hay que ser contundentes, y no solo en el discurso.

 

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En la misma línea que Moha Gerehou, Tarekegne Asnake Wolde afirma que “hay que seguir luchando para que esto no les suceda a otros árbitros”. “Estas conductas se justifican y se suavizan Es una cuestión de educación… Si todo el mundo lo condenara, yo creo que se erradicaría”, concluye el árbitro etíope. Además, a parte de apuntar como culpables del episodio a un pequeño grupo de seis “señores que, si los ves por la calle, tienen pinta de ser gente elegante”, Asnake también lamenta la indiferencia del delegado local y del público: “Todos estaban allí y lo escucharon todo… Lo que me ofende más es que hubiera gente a su lado pero que nadie les recriminara nada”. Ciertamente, aunque algunos testigos definieron la escena en las páginas de La Nueva España como “un verdadero infierno”, ninguno de ellos hizo nada para evitar que los cánticos se repitieran durante todo el encuentro.

Con todo, y a pesar de que el Ribadedeva publicó un comunicado en el que condenaba los hechos y se defendía de los mismos señalando que ningún directivo “fue consciente de tales insultos”, el Comité de Competición de la Federación Asturiana decidió cerrar el estadio de La Peña por dos encuentros como consecuencia de los cánticos racistas y homófobos.

Pero, sin duda, lo más importante es que Tarekegne, Sonia y Aser están bien. “Psicológicamente, las cosas que nos dijeron hacen daño… Pero ahora estoy muy animado, porque me he dado cuenta de cuantas personas me quieren y están conmigo”, celebra Asnake. Aun así, en este punto, hay que recuperar las palabras de Héctor Giner, un joven colegiado que en 2013 tuvo que ser operado porque recibió una brutal paliza por parte de un jugador mientras arbitraba: “Quiero recordar a aquellos que me han mostrado su apoyo más incondicional que a ver si la próxima vez que vayan a un campo de fútbol se piensan dos veces lo que van a decir o hacer. ¿De qué sirve #totsambhéctor si dentro de dos semanas volvemos a las andadas?”.

En lo que respeta a Asnake, él está plenamente convencido de que quiere seguir arbitrando porque es una de las cosas que le hacen más feliz. “De lo contrario, ganarían los que pensaron que insultándome conseguirían que dejara de hacerlo”, concluye mientras sonríe y destaca que la semana pasada ya dirigió dos encuentros.

Es cierto, la intolerancia y los insultos continúan presentes en el mundo del fútbol; pero Tarekegne Asnake Wolde también está ahí, enfrentándose, armado con un silbato, a todos los que le querrían fuera de un terreno de juego por ser diferente a ellos. Esta es la derrota de los ignorantes; esta es la victoria de los que soñamos con un fútbol en el que, parafraseando a Bob Marley, el color de los ojos sea más importante que el de la piel.