Era una clase en el máster de Comunicación Deportiva, en los inicios del 2018. En la pantalla del aula, visualizábamos el partido que el Barcelona había disputado en Balaídos frente al Celta unas temporadas atrás. Natalia Arroyo, sentada junto al periodista Ricard Torquemada, detuvo el vídeo. Era clase, evidentemente, de fútbol. La mayoría de los alumnos, aficionados a este deporte, nos creíamos con todas las respuestas. Cada uno con la suya. Cada uno con la correcta. Pero no era más que un espejismo. Natalia desveló todos los entresijos tácticos del conjunto azulgrana. Hablaba de la posición en la que recibía Denis Suárez -entonces en el Barça-, demasiado pegado a la línea de cal, y por qué aquella no era la mejor manera de combinar. Revelaba la posición del mediocentro defensivo y cómo este se movía sin balón, a veces de forma errática y cortando líneas de pase que hubiesen permitido al equipo una transición óptima del juego de una banda a la otra.

“¿Qué pensáis vosotros? Estáis muy callados”, dijo la actual entrenadora de la Real Sociedad. En lo que a mí respecta, no había ninguna respuesta que pudiese dar. Ni correcta ni incorrecta. Yo, simplemente, me había limitado a observar el partido allá por donde iba la pelotita, pero bajo ningún concepto me había parado a observar hasta dónde avanzaba sin balón el lateral diestro del Celta, ni cómo presionaban los gallegos la salida del esférico del cuadro azulgrana. Así que permanecí callado, como el resto de la clase, para enfado de los dos tutores. Ese fue el momento exacto en el que me di cuenta de mi miopía futbolística. También, de una nueva forma de ver este deporte. Y, cerca de tres años después, puedo afrontar la charla con Natalia con algo más de entereza y conocimiento. Ella ya no aparece por la facultad. Tampoco por las redacciones de diarios ni las televisiones. Ahora nos recibe desde Donosti, donde lleva ya algo más de año y medio y afronta su segunda temporada a los mandos de la Real Sociedad.

¿Qué tal, Natalia? ¿Cómo va todo por el País Vasco? 

Bien, bien. Todo bastante en orden. Ahora empieza a hacer fresquito y llueve. Algo menos alegre en cuanto al tiempo, pero muy cómoda.

¿Y el euskera? ¿Lo dominas? 

Pues estuve dando clases el año pasado en el Euskaltegi para aprenderlo. Que además es algo que monta muy bien el gobierno, ya que lo subvenciona y esas cosas. Estuve haciendo clases hasta los últimos meses de la temporada pasada, que lo tuve que dejar. Por temas de calendario de la liga, las jornadas intersemanales, se me complicó el poder asistir a clases y perdí el hilo. Evidentemente, sigo preguntando e intentando aprender lo que puedo. Es difícil, pero entiendo cosas. ¡Lo intento!

No debe ser fácil. Nosotros estamos acostumbrados a lenguas latinas, que por mucho que no entiendas del todo lo que te dicen, sabes más o menos por dónde van los tiros, pero en este caso…

Requiere de un punto de abstracción para los que hablamos otra lengua, que muchas veces no sabes por dónde cogerlo. Tiene palabras que no tienen una raíz lógica para ti. Entonces requiere muchísima concentración para aprenderlo.

Idioma aparte, vamos ya al fútbol. Antes de empezar, quiero que me hagas una valoración sobre la situación actual de las entrenadoras en la Primera Iberdrola. Este año, además de ti, hay cuatro entrenadoras más al frente de un club. ¿Qué valoración te merece?

Pues no voy a entrar a juzgar si me parecen suficientes o no. Creo que eso es la sociedad la que lo debe ir juzgando. Pero sí que es cierto que cada vez somos más. Y la temporada anterior ya fue un punto importante, puesto que acabamos cuatro. Dos habíamos empezado la temporada y durante el curso se añadieron dos más. Este año hemos empezado ya cinco entrenadoras. Me quedo con ese crecimiento que se está viviendo. Pienso que es muy positivo. Confirma la teoría que siempre hemos mantenido: era cuestión de tiempo que más mujeres fuesen dando los pasos para recibir la formación.

Ahora somos opciones para los banquillos y nos lleguen ofertas para iniciar proyectos. Cogiendo la referencia del año pasado, es bastante interesante. Además, uno de los puntos diferenciales de la temporada pasada es que, en caso de emergencia, se opta por una mujer. Creo que es relevante que así sea, siempre y cuando nos lo ganemos y estemos a la altura de las circunstancias, evidentemente.

Hace poco dijiste en una entrevista que todavía no has conseguido todo lo que quieres con la Real Sociedad. ¿Cuál es tu objetivo, entonces?

Cuando hablamos por primera vez con la Real Sociedad, supe que no era un proyecto cualquiera. La Real quería seguir creciendo, pero lo quería hacer con un sello futbolístico muy concreto. Uno que creían que yo les podía dar. Era el sello que yo he sentido como mío, siempre, por la formación recibida. A partir de aquí, el objetivo era trasladar esa identidad al día a día e instalarlo aquí en Zubieta y en una competición tan complicada y como la Primera Iberdrola.

Arrancamos y la cosa fue bastante bien. Nos quedamos cerca de hacer la mejor temporada en la historia de la Real y rozamos los puestos europeos. Este año también hemos comenzado bien y la palabra Europa la empezamos a poner en el horizonte de las cosas que nos estimulan. Esta es una de las experiencias que me gustaría vivir con la Real Sociedad. Y pienso que ese es uno de los objetivos que tiene el club, que tiene esta plantilla. Creen en el proyecto y el resto va de la mano. Es importante absorber la energía que transmite un club moderno, ambicioso y que apuesta por el crecimiento de sus técnicos. Y claro, todo esto debe ir acompañado de buenos resultados deportivos. También de apostar por futbolistas de la cantera. Me gustaría que la Real fuese un núcleo de captación de talentos.

 

“Es importante entender qué es cada jugadora. Una futbolista no cambiará sus habilidades por más que se le exija. Hay que estudiar su naturaleza y adaptarla a nuestra idea de juego”

 

Tras una temporada, como decías, muy buena, llega un verano bastante convulso. Se marchan futbolistas simbólicas y con mucho peso en el vestuario. ¿Cómo recompones una plantilla de la que se van piezas importantes para que compita incluso mejor que cuando llegaste? 

Creo que es un proceso que se va dando y que vivimos todos con cierta naturalidad. Al final, cuando alguien no siente que está con toda la energía y no está capacitado para seguir dando más y más, ni para cumplir con las exigencias de una entrenadora, porque ha recibido una oferta que le hace más ilusión o se le ha presentado un proyecto que le atrae, pues hay que aceptar que es el camino que quiere tomar. Esto lo asumimos muy pronto. Intentamos sacarle el máximo rendimiento a todas las jugadoras y ellas lo dieron todo para rendir lo mejor posible. Pero todos entendimos rápido que había futbolistas que tenían objetivos deportivos y personales diferentes. Para nosotros era una oportunidad para revisar el talento que se nos quedaba en la plantilla y ver cómo lo podíamos perfeccionar. También, qué puertas podíamos abrir a las jugadoras que la temporada pasada estuvieron ya entrenando con nosotras y participando solo cuando había bajas.

¿Pero fue un proceso difícil?

Entendimos que lo que había que hacer era aprovechar las circunstancias, creer en lo que teníamos y potenciar lo que dependía de nosotros. A partir de ahí, el resto vino solo. La idea de qué clase de Real Sociedad queríamos ser ya la empezamos a trabajar la temporada pasada con otras protagonistas. Este año lo hemos potenciado y la misma temporada te va mostrando qué jugadoras están rindiendo mejor y qué futbolistas se necesita en cada momento. La confección fue sencilla porque nos avalaba una trayectoria histórica y un rendimiento excelente. Elegimos bien las piezas para complementar a las que ya estaban aquí y, desde esa predisposición y renovación de jerarquías, energías e ilusión, pues las cosas han ido bien. Pero hay que entender que no puedes convencer a quién ya mira para otro lado. Hay que dedicar los esfuerzos a quien realmente cree en esto.

Veníais de seis victorias consecutivas -algunas importantes- y de golpe sufrís dos derrotas ante Levante y Barça. Después de una racha positiva, ¿cómo encaja el equipo esas dos derrotas y cómo vuelves a levantar al vestuario para volver a ganar?

Siempre se acostumbra a decir que cuando ganas hay que recordarle a las futbolistas eso que no están haciendo tan bien. Y cuando pierden, hay que reforzar aquello que, a pesar del resultado, se ha hecho correctamente. Igual la derrota ante el Levante es más sencilla de superar porque se escribe desde una expulsión que te limita durante algo más de una hora. Creo que cuando éramos once contra once competimos y por momentos fuimos mejores. Sin embargo, ya con desventaja numérica, tenemos ocasiones que no entran y perdemos el partido en los minutos finales. Se le dio valor a esa resistencia y al hecho de haber podido ganar.

Sin embargo, es más complicado hacer frente a la del Barça, donde pierdes por goleada. Lo que pasa es que siendo el Barça, evidentemente hay que situarla y ubicarla en unas circunstancias concretas. Hay que analizar aquellos momentos en los que competimos bien, sobre un escenario tan complicado y exigente como es el Johan Cruyff ante muchas futbolistas que son las mejores del planeta. En resumen, ni nos relajamos cuando se iban dando las victorias -porque nos costaron muchísimo-, ni las derrotas nos colocan en debilidad. Estamos construyendo un equipo unido, versátil. En ese circuito, es bastante fácil acogerse a todo aquello que nos funciona y perfeccionar lo que nos puede hacer daño.

Natalia, también me interesa conocer cómo eres como entrenadora. ¿Tú tienes una metodología fija que siempre aplicas o eres flexible y tu método de trabajo varía en función de rivales, situación de la plantilla, etc? 

Hay unos parámetros marcados por la unidad de preparación física. Ellos son los que determinan que, por ejemplo, tras un partido no puedes trabajar según qué cosas. También, el día previo al partido está condicionado. Hay que situarse en esas dinámicas. Entonces hay una estructura marcada por el aspecto físico. A partir de ahí, intentamos equilibrar y repartir durante la semana todo el entrenamiento de aspectos tácticos. Sobre todo durante el inicio de semana. Y sí que es cierto que a medida que se acerca el duelo, también ponemos el foco en quién va a ser el rival. Depende del momento de la temporada, las sensaciones del partido anterior, qué partido o partidos tenemos por delante… Elegimos el mejor concepto para seguir reforzando aquello que nos lleva al éxito o cambiar si no están saliendo las cosas.

Y claro, en esta estructura nosotros ya sabemos si trabajaremos con grupos más o menos reducidos. En ejercicios más o menos intensos. Más o menos tácticos… Eso va en función de la dinámica de trabajo. Si es intensiva o extensiva. Continua o discontinua. Si es prepartido o compensatoria. Pero claro que hay que estar pendiente de la competición para que el equipo fluya correctamente. Eso se ajusta en función del momento. Además, me gusta repartir responsabilidades dentro del staff, para que todos se sientan capacitados para intervenir, aportar y decir la suya en el día a día.

Antes me hablabas de tu sello personal, por el que apuesta el club. Pero ¿cómo trasladas esa idea de juego a las futbolistas para que ellas también crean que esa es la mejor manera de llegar al éxito?

Al final creo que todas saben lo que queremos hacer. Por lo tanto, imagino que todas están convencidas. Además, la sensación o percepción es que esa idea de juego les gusta… ¡Igual me estoy engañando! Pero pienso que sí, que les gusta. Al final, lo que les pedimos es tener el balón, intentar atacar, estar cerca de la portería rival… Por lo tanto, defender el menor tiempo posible, o por lo menos que sea una defensa más pasiva en tanto que nosotras tenemos el balón. Exponerte al llevar tú la iniciativa… Pero es ese estilo de juego competitivo que las jugadoras agradecen.

Y a las que no les convence ese estilo, ¿cómo lo haces para convencerlas?

Más que convencerlas, hay que ayudarlas a que entiendan el juego. Para que vean que la solución que una piensa que es la adecuada, también sea la que ellas vivan. Que a través de ese estilo, ellas tengan más aciertos a la hora de jugar y puedan crecer. Esa es nuestra intención. Que nuestra manera de jugar nos acerque más a los contextos de partidos que queremos disputar. Así, la solución que tú aportas a la jugadora y que ella ejecuta, la acabará pensando ella misma porque entenderá que es lo mejor para el equipo.

Lo que también es importante es entender qué es cada jugadora. Una futbolista no cambiará sus habilidades por más que se le exija. Si una es de buscar los espacios, entonces nuestro trabajo es ubicarla en una zona del campo en la que pueda explotar su potencial y saque más beneficio para el equipo. Pero no le puedes exigir a una futbolista que no hace desmarques de ruptura que los haga. Lo puedes intentar y que te haga alguno, pero no es su naturaleza. Hay que estudiar su naturaleza y adaptarla a nuestra idea de juego.

Vamos al pasado. ¿Cómo eran los entrenadores cuando tú eras futbolista? 

Cuando yo era pequeña, fue un poco una mezcla. Tuve una primera entrenadora que era todavía jugadora. Eso sería en el año 95 o 96. Fue toda una experiencia para mí. Se llamaba Silvia Roca. Creo que capté esa energía que transmitía cuando me ponía a jugar, precisamente porque ella también jugaba. Esa naturalidad te la trasladaba. Luego, de entrenadores, también tuve a padres o familiares, que de buena manera se encargaban del femenino, porque era una época más oscura en cuanto a técnicos formados y dedicados a equipos de mujeres. Y, ya más adelante, cuando estoy cerca de la élite, me encuentro a técnicos formados.

En el Espanyol, entre 2006 y 2008, tuvimos dos etapas. Primero a un técnico de éxito que ya tenía una trayectoria en el Sabadell: Santi Fernández. Él ya había demostrado sus cualidades en un equipo femenino y conocía la competición. También tuve una segunda temporada donde ya me encontré a un técnico más veterano que no tenía experiencia en el femenino. Incluso en mi última etapa en el Barça, en 2004, encontré a la primera entrenadora formada. Era Natalia Astrain. Desde su ambición de querer hacer carrera en el fútbol femenino, cogió las riendas del Barça. Entonces, en líneas generales, encontré técnicos con ganas de ayudar a crecer el fútbol femenino desde la convicción hacia este deporte, y otros que igual creían menos y estaban más o menos preparados y acabaron allí.

Tú te retiras por culpa de varias lesiones de gravedad. Ahora también se está viendo que hay muchísimas futbolistas que están sufriendo la lesión de ligamentos cruzados. ¿Qué está pasando?

Lo que nos ha pasado históricamente en el fútbol femenino es que hay pocos estudios que se centren en nosotras. A veces imitamos patrones y análisis de los hombres y no somos la misma estructura física. Entonces, se ha demostrado un poco, pero todavía queda profundizar más, hay una cuestión de la cadera de las mujeres que hacen que la pisada no sea la misma. Eso invita a que determinados gestos técnicos provoquen la lesión de cruzados. Hay quien dice también que la falta de musculatura no ayuda a evitar estas lesiones… También hay miradas que, igual con mucho acierto, apuntan a los terrenos de juego en los que competimos.

Pero es cierto que hay una cierta evidencia científica que invita a pensar que es un tema de la pisada, la cadera y cómo responde la rodilla. En ese exceso de laxitud, que parece que puede flexionar más la pierna, se favorece la lesión. Sea como sea, hay que seguir investigando los casos y también trabajando en preparar más a las futbolistas para que no las sufran. Hay que buscar certezas sobre por qué pasa, porque de momento es todo demasiado genérico y es una lesión suficientemente grave como para que se estudie. Yo lo celebraría muchísimo aunque me hubiera gustado más que se hubiera dado con la tecla cuando yo jugaba. Pero, ya que no llegué a tiempo, que por lo menos no afecte a mis futbolistas, ya que es una lesión tan larga como jodida.

Por último, Natalia. Además de ser entrenadora, también has ejercido como periodista en diversos medios. ¿Qué te ha aportado esta profesión que hayas podido trasladar a tu papel de entrenadora? Además de encarar mejor las ruedas de prensa… 

No creas. Y es más, quizás te diría que las ruedas de prensa igual es en lo que menos. Cuando estás al otro lado, tú quieres hacer una pregunta, pero igual no te gusta la respuesta. Lo que sí tengo claro, más como persona que como periodista, es que tengo que contestar con verdades y no con lo que reclama el cargo que ocupo. El periodismo me ha obligado a expresarme. A poner orden en muchas situaciones. Comunicar es importante en cualquier ámbito de la vida, pero en un deporte de equipo en el que tienes que ponerte a explicar a las jugadoras una idea de juego, es esencial. Acertar el cómo dices las cosas a una futbolista en determinado momento de juego para que lo asimile. Que quede claro el mensaje. El hecho de haber estudiado comunicación ayuda mucho en estos casos.

Además, tuve el privilegio de expresar el periodismo desde el análisis. Eso me dio la oportunidad de enfrentarme a partidos que debía catalogar y explicar. Me apartó del hecho de ver los partidos con la mirada de un aficionado. No recuerdo la última vez que vi un partido desde esa mirada. Me tenía que enfrentar a los partidos porque tenía que escribirlos o retransmitirlos. Por lo tanto, eso me ha situado siempre muy cerca de entrar en los partidos. Observar cómo actuaban los entrenadores, cómo se movían las jugadoras… Mirar de manera consciente muchas jugadas… Es como si, sin ejercer, hubiese entrenado en muchos partidos. Eso ahora me permite ver mucho más rápido, desde el banquillo, cómo está actuando el rival sobre el verde. Me ha dado muchas herramientas que aplicar en mi profesión.

 


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Fotografías cedidas por la Real Sociedad