Este es el editorial del #Panenka108, número especial de la Euro, que puedes conseguir aquí.


 

Roma como punto de partida. Londres como punto final. El trayecto de esta Eurocopa es la metáfora de la Europa que vivimos. Porque Italia es una muestra a pequeña escala de lo que un día quiso ser el continente, y también de lo que es hoy, con su inestabilidad crónica, con sus desigualdades territoriales, con sus amenazas totalitarias y con la vergüenza en sus mares, que son los nuestros. Porque el Reino Unido es un ejemplo de lo que lo aleja de su ideal, con su afán de encerrarse en sí mismo, con un sentido de la libertad que cada vez más es un privilegio, con hombres volátiles que acaparan el poder. Todos somos algo italianos. Debe ser por eso que se lloró a Battiato más allá de los Alpes. Al pasear por Roma por primera vez, tienes la sensación de que todo aquello lleva 20 siglos sin moverse, como si contara las horas que quedaban hasta que tú le pusieras los ojos encima. Te parece imposible que un día se levantara, se destruyera, la saquearan y tuviera que volver a resurgir. Porque ahí, aun entre miles de turistas, aun con el caos urbano zumbando a tu alrededor, sientes que Roma se construyó para ti. Eso es Europa.

Del mismo modo, todos somos algo ingleses. Por eso el Brexit nos dolió antes de preocuparnos. Al llegar a Londres, te ves en una casa ajena, como si una fuerza te escupiera, como cuando te incorporas a una autopista en la que nadie reduce ni cambia de carril. Y aun así, bajo miradas de reojo que te esquivan, algo te convence de que estás en el centro del universo. Otra vez, Europa.

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Dicen que si no nos dedicáramos al fútbol nos estaríamos matando. Porque a Europa le da miedo Europa. Juega, diseña, piensa, viaja, escribe, pinta y esculpe como si distrajera a sus fantasmas, como si quisiera domar con humanismo al monstruo que la habita. Por eso esta Euro, la primera aventura común que nos permitimos después de un año y medio de temores y encierros, es algo más que fútbol.

Nos empezará a decir qué queda del viejo sueño, si es que alguna vez hubo tal cosa. Te estarán mirando, Europa. Así que, cuando suene la música, quiero verte bailar.

 


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Fotografía de Imago.