Fotografías de Tom Reed
Las expectativas, en el fútbol, son un elemento tan habitual como frustrante. Queremos que nuestros equipos tengan la pelota y sean los mejores. Y, sin embargo, todo potencial queda en nada sin perseverancia ni atención por los detalles. Los clubes no crecen porque sí. El Hednesford Town FC, de la Northern Premier League, está experimentando un crecimiento muy llamativo. No en vano, ha sido capaz de atraer a 4.784 espectadores, pese a jugar en el séptimo escalón del fútbol inglés.
Está ciudad de las Midlands se dedicó en su momento a la extracción de carbón de los vastos yacimientos de la cuenca de Cannock Chase. Hoy los ‘mineros’ del Hednesford Town ‘excavan’ en busca de goles, pero lo que no cambia es la ética de trabajo. Al llegar al moderno Keys Park, la casa de los ‘pitmen’ desde 1995, uno percibe al instante que es el fruto de una buena inversión. Sus instalaciones hacen palidecer a algunos estadios del fútbol profesional. El terreno de juego es de primer nivel, un prodigio tecnológico que permite la circulación de aire y agua subterránea, para crear una biosfera autosuficiente. Ese césped supone una apuesta de futuro en un contexto en el que muchos clubes están instalando campos de hierba artificial para conseguir resultados más rápidamente. Los propietarios del Hednesford, Craig y Amanda Gwilt, miran a largo plazo; de ahí la elección de un césped híbrido, preferido en las categorías más altas.
Pese a ser uno de los nombres menos conocidos en un región de tanto peso futbolístico como las Midlands, el Hednesford no es precisamente un recién llegado
Algunos aficionados de otros equipos han mostrado su descontento por el dinero que se ha invertido en el Hednesford desde la llegada de los Gwilt, en 2024. Sin embargo, al hablar con los seguidores de los ‘pitmen’, se adivina una historia de humildad, de una gente “feliz, simplemente, de tener un club”. ‘Pitman Paul’ es uno de los personajes más reconocibles entre la hinchada local. Viaja por todo el país con su casco de minero para difundir el espíritu de un club especial. Explica que, a principios de 2024, el Hednesford Town estuvo peligrosamente cerca de echar la persiana. Fue antes de que aparecieran los Gwilts y se hicieran con el equipo de Staffordshire. Así se entiende la sonrisa que se le dibuja a Paul cuando se sienta en el amplio y acogedor bar para aficionados de Keys Park (cerveza abundante, ventanas con vistas al campo). Paul está disfrutando de la andadura actual de su equipo.
Craig Gwilt se había dedicado durante años al desarrollo de software informático, e hizo de Facepunch Studios uno de los principales estudios de videojuegos de Reino Unido. Rust es, seguramente, su producción más popular, un juego basado en el cambio y la supervivencia, dos aspectos que, curiosamente, iban a ser también cruciales en el crecimiento del Hednesford Town. Pese a ser uno de los nombres menos conocidos en un región de tanto peso futbolístico como las Midlands, el Hednesford no es precisamente un recién llegado.
UN PLAN
Los ‘pitmen’ tomaron impulso en los 90, con algunos momentos mágicos de los que se hizo eco la prensa nacional de la época. La final de la copa galesa de la temporada 1991-92 sigue ocupando un lugar preeminente en la historia del club. Aquel día se enfrentaron al Cardiff City en el Arms Park de la capital del País de Gales, en medio de un ambiente ensordecedor. Poco después, a mediados de los 90, el Hednesford alcanzó la Football Conference (actual National League), y llegó a terminar tercero en la 1995-96, a un paso de alcanzar la Football League, el sistema profesional inglés, antes de que se introdujera el sistema de play-off. Un año después, en 1997, los ‘pitmen’ vivieron una FA Cup de ensueño. En la previa del partido de cuarta ronda que iban a jugar en Riverside, campo del Middlesbrough, la televisión entrevistaba un aficionado del Hednesford con una máscara hecha de papel de plata y al entrenador, el bigotudo John Baldwin, incapaz de ocultar su sonrisa. El gol de Joe O’Connor a los 15 minutos del partido metió el miedo en el cuerpo al Boro de Juninho, Emerson y Ravanelli, pero el partido terminaría 3-2 para los locales. Esos destellos de gloria crearon una sensación de lo que pudo haber sido en el seno del Hednesford Town. En el camino a la Football League, son muchos los clubes que persiguen un sueño, pero el Hednesford tiene un plan. El club crece tanto dentro como fuera del campo.
El día de partido, hay un ambiente de buen rollo difícil de igualar. Desde los vendedores de programas de partido hasta los stewards ataviados con su chaleco amarillo, todo el mundo está encantado de pararse a charlar. El Hednesford recibe ese día al Whiltby Town, cuyos hinchas se mezclan con los locales en el bar de estadio, al grito de ‘sea-siders’, como si quisieran mostrar el caráctero costero de este conjunto a sus anfitriones, gentes de interior.
En el camino a la Football League, son muchos los clubes que persiguen un sueño, pero el Hednesford tiene un plan. El club crece tanto dentro como fuera del campo
Keys Park está un perfecto estado, y muy bien diseñado. La tribuna principal alberga el mencionado bar, y los amplios fondos ofrecen una visibilidad excelente. Está previsto que se construya una fan-zone multiusos, con capacidad para 500 personas, un recinto cubierto que podrá acoger música en directo y eventos, más allá de los partidos.
Aunque no se sienten unos privilegiados, en el Hednesford las expectativas son altas. Después de empatar a cero con el Whitby, el club destituyó al cuerpo técnico que formaban Gavin Hurren y Lee Vaughan. Así es la vida en un club que no ve lejos de su alcance las categorías profesionales. En el camino, habrá buenos momentos y otros que no lo serán tanto. Pero los ‘mineros’ se resisten a dejar a sus hinchas con la sensación de que se podría hacer más, de que no se les escucha, o de que las instalaciones están abandonadas. Si hoy son capaces de meter a más de 4.000 personas en el campo, ¿qué no podrán hacer si el equipo alcanza la League Two? Solo están a tres divisiones de distancia.
En el país de los mineros, este club no ha alcanzado todavía la superficie.




