PUBLICIDAD

Ibai Gómez: “Cuando el ego cede, aparece la claridad”

Una conversación tranquila con Ibai Gómez, ex futbolista de Athletic Club y Alavés, entre otros, y que como entrenador ya se ha sentado en el banquillo del Santutxu, la selección de la República Dominicana, el Arenas o el Andorra

Ibai

Todo acontece muy rápido. Tras una dura derrota ante el Castellón, Ibai Gómez ponía su cargo como entrenador a disposición de los directivos del Andorra. Pocas horas después, y en este cruce de caminos que es la vida, el técnico bilbaíno y el conjunto del Principado decidían separarse. Una racha de ocho partidos de liga sin ganar como condena para un entrenador joven, pero con un bagaje cada vez más sólido. Santutxu, los Juegos Olímpicos, el ascenso con el Arenas y la oportunidad de entrenar al Andorra en Segunda División. Nada mal. Y, aunque esta última experiencia acaba antes de lo esperado, para alguien como Ibai estoy seguro de que no va a hacerle más que sumar.

De hecho, pocos días antes de una decisión que pocos imaginaban, tuve la suerte de charlar con él unos minutos. Fueron cortos, pero suficientes para dar cuenta de que, en las distancias cortas, es más persona que exfutbolista. O que entrenador, debería decir. Porque en un mundo que se presupone intoxicado por el éxito y la fama, Ibai aparece como una maravillosa excepción. Un hombre capaz de romper barreras y al que da gusto escuchar. Y así, bajo el sol cálido de una fría mañana andorrana, charlamos sobre su transición a los banquillos, sobre aquellos momentos que marcaron su final de carrera, sobre deporte y salud, y sobre cómo todo ello ha moldeado al técnico -y al ser humano- que es hoy.

Desde fuera se te ve como una persona muy abierta, a la que le gusta transmitir.

Me gusta compartir experiencias. Siempre digo lo mismo: en su día, cuando pasé por momentos difíciles (ya fueran lesiones o temas mentales), poder leer a gente que había vivido lo mismo y lo contaba para ayudar me marcó mucho. Para mí no hay nada más gratificante que poder ayudar a los demás. Y, como entrenador, ver que puedes ayudar a los jugadores a ser mejores, que puedes compartir con ellos experiencias sobre lesiones, sobre estilo de vida… es muy reconfortante. Si puedes ayudar al mayor número de gente posible, mejor. Por eso me gusta transmitir y compartir lo que he vivido.

Eso se agradece mucho, el ver que figuras como tú rompéis esta burbuja que suele haber en el mundo del fútbol.

Creo que es una burbuja que, por un lado, hemos creado nosotros mismos y, por otro, también se ha generado desde fuera. Sobre todo con cómo funcionan hoy en día las redes sociales: estar tan expuesto, esa supuesta libertad de expresión sin límite, donde vale cualquier cosa… En el fútbol es donde más se ve. Casos como el de Álvaro Morata muestran que deberían existir ciertos límites. Pero, como no los hay, acabamos poniéndolos nosotros mismos, y ahí surge la burbuja: ¿Hasta qué punto debemos estar expuestos y hasta qué punto protegernos? No es sencillo, y desde hace tiempo intento trabajar en ello. Comparto experiencias, trato de relativizar opiniones que no son objetivas y no darles más importancia de la que tienen.

 

“En el Athletic entré en un bucle del que no supe salir. Empecé a bajar mucho el nivel, tanto físico como técnico. Mentalmente, pasé por una depresión sin en ese momento darme cuenta”

 

Siempre has dicho que esto de los banquillos te viene de pequeño, pero ¿cómo se vive la transición de futbolista a entrenador?

Empecé muy pronto a entrenar a chavales. Con trece años ya estaba llevando a un grupo de niños de cinco. Estuve trece temporadas seguidas entrenando en el Santutxu mientras era jugador, y yo sabía que, cuando dejara de dar el nivel como futbolista o sintiera que tenía que dar un paso al lado, tenía clarísimo lo que vendría después. Por eso, ese cambio que a otra gente le cuesta tanto, a mí no me costó. Tenía muy claro lo que quería y, por eso, fue una transición tan rápida, incluso siendo tan joven.

¿Sitúas ese momento en el que consideras que quizá no puedes dar más con tu segunda etapa en el Athletic?

Mi segunda etapa en el Athletic no fue buena. No lo fue a nivel mental y tampoco supuso un cambio positivo. Por diferentes circunstancias, muchas de ellas bajo mi control. Por eso muchas veces digo que es muy importante saber ser suplente. Y, así como en la primera etapa supe llevarlo, en la segunda no lo gestioné bien. Obviamente hay factores que no dependen de uno mismo, pero que aun así no deberían afectarte como me afectaron a mí. Entré en un bucle del que no supe salir. Empecé a bajar mucho el nivel, tanto físico como técnico. A nivel mental pasé por una depresión sin en ese momento darme cuenta. Creía que todo iba bien. Y a partir de ahí todo fue a peor. Intentas alargarlo, intentas agarrarte a algo porque piensas que estás bien, pero fue imposible.

¿Qué supone esa salida?

Me faltaba un año de contrato. Marcelino habló conmigo, y la verdad es que le estoy muy agradecido, porque aquella última media temporada llegó con las ideas muy claras y fue muy sincero conmigo. En verano me dijo que no iba a contar conmigo, así que buscamos una solución para salir del club con una rescisión de contrato. A partir de aquí hay clubes que me llaman, pero, como te decía, sin saber que estaba pasando por una depresión, siempre veía las contras en vez de los pros con cada una de las posibilidades. Al final no acepté nada ese verano y estuve meses entrenando por mi cuenta. Pero, por mucho que lleves un buen estilo de vida, sino entrenas con un grupo es muy difícil. Y ya no conseguí reengancharme.

Aquí es cuando surge lo de Irán. ¿Cómo es estar allí?

Realmente en Irán estuve solo tres días, porque me llamaron para disputar la Champions de Asia, que se jugaba en Arabia, la sede de la fase de grupos. Así que allí estuve unos veinte días. Era un momento en el que quería vivir una experiencia fuera, aunque bueno, tampoco me terminó de ilusionar del todo. Después acabé en el Dépor, equipo en el que me hacía mucha ilusión poder jugar. Creo que es un club admirable y, en ese momento, estando en Primera RFEF, lo de la afición era increíble. Sin embargo, aunque pensé que quizá podía reengancharme, no fue así.

Luego vuelves al Santutxu, donde darás el paso a entrenador, y en dos años estarás en unos JJOO dirigiendo desde el banquillo a la selección de la República Dominicana. Sucede todo muy rápido. ¿No te sorprende que te llamen?

Bueno, yo creo que las oportunidades llegan porque te las mereces. Creo que las cosas se ganan, aquí nadie regala nada. En ese momento hicimos una temporada espectacular con en División de Honor con el juevnil del Santutxu. Veía a un equipo que jugaba un futbol muy atractivo, y siendo el Santutxu un club tan humilde. La temporada que hicimos fue digna de admirar. Y al final sale esa llamada de la República Dominicana, lo que acaba en una experiencia única, a la vez que me llama el Arenas para poder debutar en Segunda RFEF. Son dos oportunidades únicas en este proceso de crecimiento personal y colectivo junto a mi cuerpo técnico. Tal vez se pueda decir que ha sido todo rápido, pero, como te digo, nadie regala nada.

Siempre has estado rodeado de un equipo con el que confías mucho.

Me parece muy importante, como dicen, saber con quién vas a la guerra. Creo que hay que rodearse de los mejores. Han sido personas que he conocido durante mi trayectoria como jugador, con quienes he vivido experiencias a sus órdenes, y con quienes tenía muy claro que quería contar en esta nueva etapa. Estoy muy agradecido con ellos, porque no es fácil cambiar sus vidas para esto. Hoy en día, con todo el trabajo que hay detrás, no puedes ir solo. Necesitas rodearte de mucha gente, pero, sobre todo, de buena gente. Ya iremos creciendo con conocimientos, pero si te rodeas de gente que solo busca aprovecharse, las cosas no funcionan. Por eso me siento un afortunado.

Hoy te he viso con el silbato, eso es muy de Marcelo Bielsa.

Bueno… [Risas]. Simplemente, lo que hago al inicio y al final de los entrenamientos es, cuando veo algo, pararlo. Soy muy enérgico, intento estar muy encima de los jugadores, y creo que las energías se transmiten. Si esa energía es positiva, mucho más. He sido jugador y al final, cuando el entrenador es positivo contigo, la confianza se eleva y el nivel también.

Eres tú quien decide quién juega o no. No debe ser fácil.

Dejar a gente fuera es lo más difícil para un entrenador, porque al jugador le gusta jugar, le gusta el fin de semana, le gustan los partidos. Y, aunque nos confundamos, la mentalidad hoy en día es que solo vale jugar. Entonces, eres tú quien decide, quien toma la decisión de dejar a un jugador sin jugar, y dentro de lo que está en tus manos, hay que intentar mantener al jugador motivado. Pero, sin ninguna duda, es la parte más complicada.

También has estado en el otro lado, cuando el entrenador te deja en el banquillo.

Mira, el otro día lo hablaba con Gaizka Garitano. Le decía: “Joder, ahora os entiendo mucho más”. En su momento ya intentaba ponerme en el lugar del técnico, pero es que el futbolista es egoísta, y cada vez más. Como te digo, ahora solo nos vale jugar, y no te das cuenta de que nos pagan por entrenar; lo del fin de semana es un premio que te tienes que intentar ganar, aunque no dependa completamente de ti. Hay muchos factores incontrolables. Por eso intento transmitir que todo lo que esté en las manos del futbolista aumenta la probabilidad de que juegue, pero no le asegura nada.

Hace unos días escuchaba a Zuhaitz Gurrutxaga en Brazalete Negro. Tiene una frase muy interesante, donde dice que el futbolista joven, o es muy maduro o demasiado inconsciente, para poder gestionar lo que supone saltar a un campo de fútbol rodeado de miles de personas.

Lo comparto absolutamente. La gente piensa que cuanta más experiencia tienes, mejor jugador eres. Yo digo que muchas veces depende. Considero que fui mucho mejor jugador de joven porque era más inconsciente. Cuando desarrollas consciencia, todo depende mucho de la mentalidad; es un trabajo muy ligado a ello. Cuanto más consciente eres, lo eres en todo, y por eso tienes que aprender a que no te afecten tantas cosas, cosas que cuando eres inconsciente ni te das cuenta.

Y ahora que eres entrenador, ¿cómo se vive la derrota?

Asumes mucha más responsabilidad porque muchas más cosas dependen de ti: el juego, la mentalidad de la plantilla, cómo transmites, cómo convences, cómo se mueve el equipo, cómo ataca, cómo defiende… Y todo lo contrario como jugador. Por eso, en el momento de la derrota, es cuando tienes que parar. Analizar, por un lado, ser autocritico por el otro, y también ser consciente de que hay muchos factores como el riesgo o la suerte. Por eso tampoco puedes caer en un pensamiento negativo. Al contrario, hay que intentar transmitir energías positivas, siempre con autocritica y convencimiento para mejorar, dejando el ego de lado.

Desde tus dos perspectivas, ¿cuánto ha cambiado un vestuario?

Ha cambiado mucho. Cuando empecé en Primera División, no tengo ninguna duda de que el 95% de los jugadores ponían lo colectivo por encima de lo individual. Ahora, incluso me incluyo yo en mis últimos años, lo individual se antepone a lo colectivo, y eso no puede ser. Además, estamos expuestos a comentarios externos, al entorno, a los representantes, y creo que no se ayuda en absoluto al jugador. Hay que ser autocrítico y consciente, porque poniendo lo colectivo por encima de lo individual estoy convencido de que uno crece.

 

“Cuando empecé en Primera, no tengo ninguna duda de que el 95% de los jugadores ponían lo colectivo por encima de lo individual. Ahora lo individual se antepone a lo colectivo, y eso no puede ser”

 

Hablabas antes del ego del futbolista.

Pienso más en el ego de las personas, ya no solo en el futbol. Hay mucho ego en las personas y es lo que nos hace ver todo nublado. Cuando dejas el ego de lado lo ves todo con mucha más claridad, y por experiencia propia puedo decir que es entonces cuando empiezas a crecer y a aprender. Cuando miras las cosas sin ese ego excesivo que tenemos (porque un ego bien gestionado está bien, hay que creer en uno mismo) te das cuenta de que el ego desmedido, como sucede hoy en la sociedad, no ayuda a crecer ni a aprender. Te estancas, y cuando no creces, no solo te quedas igual, sino que empeoras.

Como futbolista, ¿viviste momentos así?

En la segunda fase de mi carrera, sí. Y me costó darle la vuelta. Siempre pensaba que no era culpa mía, que por mi parte estaba todo bien, que eran situaciones de la vida, aprendizajes. Como te digo, el día en que dejé ese ego desmesurado de lado (porque, repito, hay que tener una parte de ego), todo empezó a cambiar.

Eres deportista. Y además lo has transmitido.

Tengo muy claro que lo más importante de la vida es la salud, la tuya y la de los tuyos. Y dentro de la salud entran muchas cosas: la positividad, la alegría, la alimentación, el descanso… Al final, lo que intento transmitir es que sin salud no puedes ser futbolista, no puedes trabajar, no puedes vivir. La prioridad absoluta siempre tiene que ser la salud. Tener una salud positiva te va a ayudar a crecer en todos los ámbitos de la vida. Intento transmitir sobre todo mi estilo de vida, que cambió desde que me detectaron un melanoma en el verano de 2017. A partir de ahí supe que algo había que cambiar. Pero lo comparto desde mi experiencia, lo que a mí me ha funcionado.

¿Este cambio llega cuando coincides también con Marcos Llorente en el Alavés? Él tenía solo 21 años, pero desde entonces surgió una gran amistad.

El cambio de vida fue ahí, cuando le conocí a él y su familia. Muchas veces pensamos que por ser mayores no se puede aprender de los jóvenes, y yo aprendí de él y de su familia, sobre el estilo de vida, y he ido evolucionando dentro de esa mentalidad cada segundo. Para mi siguen siendo un ejemplo y estoy muy agradecido a la vida por haberme cruzado con ellos.

 


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Fotografías de Gorka Urresola.