El Sevilla FC es el único club que puede presumir de haber hecho sonar La Giralda en la falda de los Alpes. En un país tan caracterizado por la tranquilidad como lo es Suiza, el sevillismo disfrutó allí del mayor (y mejor) clímax de su historia en Europa. Actualmente, con la Eurocopa femenina en juego, el Viejo Continente está pendiente de saber quién hará de Basilea y del St. Jakob-Park su nuevo lugar de culto. Una ciudad y un estadio que, para una parte de la capital andaluza, ya lo son porque remiten a una fecha: el 18 de mayo de 2016. El día en el que los hispalenses lograron su tercera Europa League consecutiva con un memorable 1-3 sobre el Liverpool para cerrar con un broche de oro la etapa de Unai Emery en su banquillo.
2016 fue el año en el que Basilea pasó de ser una ciudad desconocida a convertirse en el hogar de uno de los mejores recuerdos del sevillismo. El club hispalense visitó por primera vez en su historia St. Jakob-Park en esa misma edición de la Europa League para medirse al FC Basilea en los octavos de final. Un Basilea que se clasificó para la fase eliminatoria como líder de su grupo, donde estaba emparejado con la Fiorentina, y que superó los dieciseisavos ante el AS Saint-Étienne precisamente remontando la eliminatoria en su estadio. El bastión de los ‘RotBlau’ demostró que, cuando quiere, puede hacerse tan cuesta arriba como el Dufour, el pico más alto de los Alpes suizos. La primera toma de contacto del Sevilla en la ciudad se saldó con unas tablas sin goles, resolviendo la eliminatoria en la vuelta con un contundente 3-0. Una lección aprendida para la futura final, no sin antes sufrir contra el Athletic Club y protagonizar otra noche mágica en el Sánchez-Pizjuán contra el Shakhtar Donetsk.
Por más que el Sevilla llegó a Basilea bajo la condición de vigente campeón, por delante no dejaba de tener a un nombre propio como el Liverpool FC. Quizá el club inglés no estaba en el mejor momento de su historia, pero bajo la tutela de Jürgen Klopp ya mostraba síntomas de recuperación, con una plantilla en la que destacaban nombres como Philippe Coutinho o Roberto Firmino. Al fin y al cabo, a lo largo de su historia, los ‘scousers’ no solo han destacado por sus éxitos, también por cómo se han sobrepuesto a los momentos más oscuros. Un mensaje que Daniel Sturridge se encargó de enviar a los sevillistas en St. Jakob-Park para avanzar al equipo en el marcador en el 35’ tras un estético golpeo con el exterior.
Con la Euro femenina de Suiza en juego, estamos pendientes de saber quién hará de Basilea y del St. Jakob-Park su nuevo lugar de culto. Una ciudad y un estadio que, para muchos sevillanos, remiten a una fecha: el 18 de mayo de 2016
Los sevillistas recibieron el mensaje, pero no tardaron en enviar su respuesta. “En el descanso hablamos de que había que perderles el respeto, ir a por ellos, creer en nosotros. El equipo salió en el segundo tiempo increíble, iban solos. No importaba que el Liverpool estuviese enfrente, es que íbamos a ganarla”, declaró Emery a los medios del Sevilla en 2020. Aquella noche de consagración en la falda de los Alpes era suya. Sin piedad, aunque fuera a costa de imponerse a uno de los suyos como Alberto Moreno, que disputó aquella final, pero con la camiseta ‘red’ enfundada. En Turín, el Sevilla aprendió a resistir a los envites. En Varsovia, a sobreponerse a las adversidades. En Basilea, en cambio, recuperó todos los aprendizajes con un nuevo matiz: reconvertirlos en una superioridad abrumadora.
Los hispalenses pasaron de jugar de tú a tú a imponerse al Liverpool con puño de hierro gracias a un juego tan agresivo como equilibrado en todas las líneas, fruto del 4-2-3-1 planteado por Emery. El Sevilla fue directo no porque le quemase la pelota, sino porque sabía que era lo que el partido pedía: embestir la portería de Simon Mignolet hasta que cayera por el peso de los Alpes. Con Éver Banega definiendo el significado de control, alterando la velocidad del balón a su voluntad, los hispalenses supieron explotar a los ‘reds’. Lo hicieron con profundidad en las bandas, de las que se aprovechó tanto para recurrir a centros laterales con el área cargada como para llegar desde la segunda línea, con inteligencia desde el balón parado (el Liverpool cometió 19 faltas) y la organización defensiva que exigen las grandes citas.
“Hicimos unos segundos 45 minutos que, dada la repercusión y el rival, quizás fueron los mejores de mis cinco años en el Sevilla”, declaró Coke Andújar, capitán y héroe sevillista en St. Jakob-Park, para los medios del club. Basilea no solo fue el broche de oro del Sevilla en la Europa League, también el de Andújar como sevillista. En la final ante el SL Benfica de 2014, fue titular como lateral derecho y anotó el primer tanto en la tanda de penaltis. “No era especialista, pero es muy positivo y siempre va hacia adelante”, declaró Emery sobre él años después. Contra el FK Dnipro entró en la segunda mitad sustituyendo a José Antonio Reyes, pero frente al Liverpool culminó su obra magna con un doblete. Kevin Gameiro hizo pequeño a los ‘reds’ marcando en el 46’, pero Coke ejemplificó mejor que nadie la voluntad del Sevilla de embestir independientemente del rival que tuviese delante. No sin dejar de estar presente en todos los rincones del césped.
“En el descanso hablamos de que había que perderles el respeto, ir a por ellos, creer en nosotros. No importaba que el Liverpool estuviese enfrente, es que íbamos a ganarla”
“En esa final quería ganar, le daba igual el rival, solo quería atacar e ir a por ellos. Ese era Coke. Por eso estaba en la derecha, en la izquierda, en el área… Y, además, tenía gol. Es muy inteligente”, declaró Emery sobre el ahora exfutbolista madrileño, quien fue uno de sus escuderos más fieles tanto en las buenas como en las malas. Además, en Basilea no jugó como lateral, sino como volante. En la temporada del ‘Coke por Mariano’, ambos futbolistas se hicieron grandes el uno al otro. “Que tú tengas a otro buen jugador en ese lateral derecho hace que crezcan los dos en un equipo”, declaró el exjugador sobre la situación con su excompañero brasileño en una entrevista para La Colina de Nervión.
Para el sevillismo, Basilea es sinónimo de felicidad, pero también de punto final. Tras aquella memorable final contra el Liverpool, Unay Emery asumió las riendas del París Saint-Germain y Coke se fue por todo lo alto a probar suerte en Alemania de la mano del Schalke 04, no sin dejar cinco millones en las arcas hispalenses. Las bajas de Emery y Andújar no fueron las únicas sensibles. Gameiro cambió la capital andaluza por la estatal, fichando por el Atlético de Madrid por 32 millones, a la vez que el técnico vasco se llevó consigo a Grzegorz Krychowiak por 27,5 millones. En cambio, Banega, Beto y Reyes se marcharon a coste cero al Inter de Milán, el Sporting de Portugal y el RCD Espanyol respectivamente. Sin embargo, ninguna posterior salida amargó el recuerdo que generó aquel 18 de mayo de 2016 en St. Jakob-Park. El día en el que el Sevilla hizo pequeño el Dufour al tocar el cielo para despedirse de una de las etapas más gloriosas su historia de la mejor manera posible.
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Fotografía de Getty Images.


