Mucho antes de que la FIFA impusiera su sello sobre el trono mundial de los clubes, ya soplaban vientos de grandeza en algunos estadios del mundo. En una era marcada por la reconstrucción tras la segunda guerra mundial y el nacimiento de una globalización aún balbuceante, dos torneos audaces se adelantaron a su tiempo. La Copa Río y la Pequeña Copa del Mundo, celebradas en Brasil y Venezuela, tejieron el primer puente entre continentes, con el sueño de coronar al mejor club del planeta.
El primer campeón del mundo
Corría el año 1951 cuando la Confederación Brasileña de Deportes (CBD) dio un golpe de efecto y organizó un torneo sin precedentes: la Copa Río, el primer campeonato internacional de clubes que unía a conjuntos de diferentes latitudes. El escenario elegido fue el mítico Maracaná, símbolo de la pasión brasileña y templo del fútbol internacional.
La convocatoria reunió a clubes como el Estrella Roja de Belgrado, el Austria Viena, el OGC Niza, el Sporting de Lisboa, el Nacional de Montevideo y dos grandes representantes del fútbol local: Vasco da Gama y Palmeiras. Aunque potencias como Barcelona, Milan o Newcastle declinaron la invitación, el certamen no perdió brillo: la ciudad de Río vibró con estadios llenos, árbitros respaldados por la FIFA y un formato de semifinales y final a doble partido que aseguraba la emoción hasta el último minuto.
Fue Palmeiras quien alzó la curiosa Copa Río, derrotando en la final a la Juve ante más de 100.000 espectadores. Aquella batalla en el Maracaná no fue un amistoso de pretemporada: fue un choque de culturas, un duelo de estilos y de estrellas
Fue Palmeiras quien alzó la copa, derrotando en la final a la Juventus de Turín ante más de 100.000 espectadores. Aquella batalla en el Maracaná no fue un simple amistoso de pretemporada: fue un choque de culturas futbolísticas, un duelo de estilos y de estrellas. Nombres como Francisco Rodrigues, Boniperti, Stojaspal o Friaça quedaron grabados en la memoria de quienes presenciaron ese espectáculo inolvidable.
Desde entonces, el club paulista ha peleado incansablemente por el reconocimiento oficial de ese título como un campeonato mundial. Sin embargo, la FIFA ha sido inflexible: para el ente rector, la primera competición intercontinental entre equipos con carácter oficial no llegaría sino hasta 1960, con la creación de la Copa Intercontinental.
La otra cara del sueño
Al año siguiente, en 1952, otra chispa de fútbol internacional encendió el firmamento, esta vez en tierras caribeñas. Nació en Caracas la Pequeña Copa del Mundo, también conocida como el “Mundialito de Clubes”, un torneo que, durante su corta pero intensa vida, alcanzó un prestigio notable.
La fórmula era sencilla pero eficaz: dos clubes europeos y dos sudamericanos, elegidos por invitación, se enfrentaban en el Estadio Olímpico de Caracas para definir al campeón planetario. Detrás del proyecto no estaba la FIFA, sino un grupo de empresarios visionarios que entendían que el fútbol podía y debía ser global.
En 1952 nació en Caracas la Pequeña Copa del Mundo, también conocida como el ‘Mundialito de Clubes’, un torneo que, durante su corta pero intensa vida, alcanzó un prestigio notable
Por las gradas y el césped del Olímpico desfilaron estrellas como Di Stéfano, Gento o Kopa (Real Madrid); el legendario Ballet Azul del Millonarios de Bogotá; el Barcelona de Kubala y Kocsis; el Corinthians de Gilmar y Baltazar; o el São Paulo de Bauer, entre otros.
Pero el paso del tiempo, como suele suceder, es infatigable y no perdona. Con la irrupción de la Copa de Europa en el Viejo Continente, los clubes comenzaron a volcar sus prioridades hacia el nuevo torneo, por el prestigio y la proyección que les aseguraba. En 1963, un intento por resucitar la Pequeña Copa terminó abruptamente tras un hecho insólito: el secuestro de Alfredo Di Stéfano por un grupo armado en Caracas. Aquel suceso marcó el principio del fin de aquella historia. El torneo fue rebautizado como Trofeo Ciudad de Caracas, y aunque siguió reuniendo a grandes equipos hasta los años 70, su carácter se volvió puramente amistoso.
La era moderna
Fue en 1960 cuando la historia comenzó a escribirse con tinta oficial. La Copa Intercontinental, impulsada por la UEFA y la CONMEBOL, enfrentaba al campeón de Europa con el de Sudamérica. Nació así una tradición cargada de épica, con batallas que se volvieron legendariasa: Real Madrid, Peñarol, Milan, Boca Juniors, Independiente, Santos… Todos dejaron su huella en una competencia que, durante más de cuatro décadas, definió el cetro mundial del fútbol de clubes. No obstante, el resto del mundo quedaba fuera del relato.
Fue en 1960 cuando la historia comenzó a escribirse con tinta oficial. La Copa Intercontinental enfrentaba al campeón de Europa con el de Sudamérica. Nació así una tradición cargada de épica
Con la llegada del nuevo milenio, la FIFA volvió a soñar en grande. En el año 2000, organizó por primera vez el Campeonato Mundial de Clubes, que reunía a campeones de todas las confederaciones. El Corinthians se consagró en aquella primera edición, pero el proyecto se vio frenado por conflictos financieros y de calendario.
No fue hasta 2005 cuando el torneo encontró un nuevo patrón: el Mundial de Clubes de la FIFA, que integraba a los seis campeones continentales y al anfitrión. Hasta que este verano Infantino ha decidido dar un nuevo golpe de timón, con varias novedades que aquí explicamos. Así, lo que empezó como un anhelo disperso en dos torneos de espíritu pionero terminó solidificandose en un certamen que si reunía a todos los mejores.
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Fotografía de Getty Images.


