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Ernesto Valverde, la fotografía del alma ‘zurigorri’

Valverde ha devuelto al Athletic a la élite, con la serenidad del que conoce cada rincón de Lezama y la precisión de quien fotografía no solo el juego, sino el alma del club

Valverde

Hay personas que no necesitan levantar la voz para hacerse ver. Basta con que estén. Basta con que vuelvan. Basta con que miren. Ernesto Valverde, el hombre que observa a través de un objetivo (apasionado de la imagen, se licenció en fotografía en el IEFC de Barcelona y es miembro fundador del Centro de Fotografía Contemporánea de Bilbao), ha vuelto a encontrar la nitidez exacta de la imagen en su sitio natural: San Mamés. Como si en Bilbao las lentes se limpiaran solas, como si la niebla de otros lares se disipara al cruzar el puente de Deusto. Porque Valverde no ha vuelto al Athletic. El Athletic y Valverde se han reencontrado.

Son pasiones que se revelan en silencio. Como algunas, que parecen esconderse detrás de un visor; y otras, bajo el traje de un entrenador que observa sin estridencias cómo se acomoda el mundo que lo rodea. Ernesto Valverde no mira para ordenar, mira para entender. A veces lo hace en los banquillos, donde aguarda el momento justo para pulsar el disparador de una sustitución. Otras veces lo hace en la calle, con una cámara en las manos, componiendo con luces y sombras el mismo caos humano que, en forma de hinchada, lo arropa en la capital bizkaina.

Valverde ha regresado a casa (por tercera vez) para recordarnos que hay duplas condenadas a entenderse. Parece haber algo profundamente poético en que sea él quien devuelva al equipo a la Champions once años después. No por la cifra, no por el prestigio, sino por la forma. Por ese fútbol de presión alta y calma interior. Por ese equipo que ruge sin perder la compostura. Que muerde sin dejar de pensar. El único entrenador capaz de sumar 70 puntos con el Athletic en la era de los tres puntos. Dos veces. El de las victorias silenciosas, el de los récords que no necesitan pancarta. El que ha convertido la cuarta plaza en una cima alcanzada sin estruendo, pero con una determinación inapelable.

 

Es el técnico con más victorias en la historia del club. Pero más que su libreta, lo que prevalece es su mirada. Una forma de entender que el Athletic no se dirige, se siente

 

Es el técnico con más victorias en la historia del club. Pero más que su libreta, lo que prevalece es su mirada. Una forma de entender que este escudo no se dirige, se siente. Que no se vuelve al Athletic a dejar huella, sino a formar parte de una que ya estaba. Entendiendo que en Bilbao no se construye un equipo desde el mercado, sino desde la herencia. Y ahí, el ‘Txingurri’ no es un forastero. Es un ‘león’ más.

Como lo es De Marcos, su eterno cómplice. El último testigo de aquella Champions de 2014. El jugador con más partidos europeos de la historia rojiblanca. 14 ligas consecutivas repartiendo asistencias, como si el paso del tiempo no le afectara, como si los valores no caducaran. Entre ambos han tejido una fidelidad que no entiende de cifras, pero sí de sentimientos.

Y mientras Unai Simón amenaza con reescribir la historia de porteros míticos como Iribar o Zubizarreta, mientras el equipo cierra el campeonato doméstico como el menos goleado de las cinco grandes ligas europeas, mientras todo parece tan perfectamente medido y trabajado… Valverde sigue mirando. Con esa mirada de fotógrafo que no interrumpe. Que espera. Que respeta. Que encuentra belleza en el desorden y sentido en el caos.

 

Entre esas miradas, vemos la suya. La de un hombre silencioso, elegante, firme. Con una cámara en la mano. Y el Athletic en el corazón

 

Quizás por eso le conmueve tanto Las célebres órdenes de la noche, ese cuadro de Anselm Kiefer donde el artista yace solo, tumbado bajo un cielo infinito, como si escuchara algo que solo se percibe en el silencio. Como si, tras la batalla, aún quedara el cielo. Como si en la quietud más absoluta aún palpitara la vida. Hay algo de ese espíritu en Valverde. En su forma de estar, de observar, de resistir. En su forma de generar fútbol desde el pensamiento, no desde el estruendo.

Porque el Athletic no se entiende sin esa mezcla de resistencia y esperanza. Y Valverde no se entiende sin el Athletic. Y entonces lo comprendes tú también. Son dos elementos que se entienden sin palabras, como una imagen en blanco y negro que no necesita pie de foto. En un mundo de poses, han elegido el grano fino de lo real. Y esa historia se ha revelado como una imagen nítida y eterna. Hay miradas que no se olvidan, porque son las que enfocan lo que de verdad importa.

Entre esas miradas, vemos la suya. La de un hombre silencioso, elegante, firme. Con una cámara en la mano. Y el Athletic en el corazón.

 


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Fotografía de Getty Images.