Actualmente el fútbol se desarrolla en entornos inciertos, complejos, sobresaturados emocionalmente y con una larga historia, frenando el progreso de los nuevos paradigmas de liderazgo, necesarios para afrontar con éxito los retos del futuro.

No ha pasado demasiado tiempo desde que los entrenadores eran vistos como un “solitario todopoderoso” y se multiplicaba como preparador físico y masajista. Hoy en día el liderazgo del entrenador ha pasado al liderazgo de los cuerpos técnicos, y a la “vinculación por convicción”, donde el proyecto y la inspiración son la motivación. A continuación presentamos algunos aspectos que se deben tener en cuenta.

Los líderes crean líderes. Tom Peters, experto en Management, considera que los líderes no necesitan tener seguidores, sino crear nuevos líderes que sean capaces de transferir ese liderazgo al resto. Además, expone que la labor de un entrenador llega hasta determinado punto, a partir de ahí la responsabilidad es de los jugadores mediante una regulación transversal entre pares. La labor del liderazgo de los capitanes y principales jugadores es de vital importancia para la madurez del equipo.

No solo es cuestión de tener líderes, sino de que cada integrante sea capaz de ejercer su liderazgo. En un equipo de fútbol, la clave reside en que cada persona sea capaz de ejercerlo en el momento adecuado.

La generación de compromiso en un equipo pasa por atender dos necesidades que buscamos cubrir en cualquier entorno social. Para que un jugador sienta el escudo de su equipo necesita sentirse escuchado y formar parte de ciertos procesos de toma de decisiones cotidianas. Y es que liderar consiste en dar consejos de aprendizaje tan estimulantes como incómodos donde los equipos sean capaces de retarse y aprender, desarrollando su inteligencia colectiva. 

La confianza es la puerta de entrada al compromiso. Todo liderazgo puede ser percibido como manipulación si los líderes no son capaces de construir la confianza necesaria. Este elemento es el más poderoso y frágil que existe en la relación con un equipo. Es el lubricante que hace que un sistema funcione y el cemento sobre el que se asienta cualquier proyecto deportivo.

La confianza es la relación de dos elementos que deben convivir permanentemente: dar responsabilidad al otro y estar presentes. La confianza radica en el equilibrio entre estar lejos para que los jugadores generen aprendizaje y cerca para sostenerles en las adversidades. Cualquier deportista escucha a su entrenador, pero sobretodo ve lo que hace y si no existe coherencia entre éstos, la confianza se desquebraja.

En los últimos 50 años se realizaron más de 1.000 estudios para tratar de definir las características, rasgos o estilos de personalidad de los líderes. Bill George, defiende que el liderazgo necesita cinco pilares clave: propósito, valores fuertes, disciplina, relaciones de confianza y pasión. Todos estos elementos son independientes a los estilos y rasgos de personalidad y construyen la cultura en un equipo y convierten al líder en una especie de “arquitecto cultural” cuidador de la visión del equipo.

En definitiva, cada vez es más notorio que esta complejidad del entorno en la que nos movemos demanda que el protagonismo pase del entrenador a los propios jugadores para que piensen por sí mismos y al staff técnico, de manera que sea este quien se consolide como la verdadera referencia de liderazgo para los deportistas. 

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Álvaro Merino es Director del Programa especializado en Psicología, Coaching y liderazgo deportivo de la Escuela Universitaria Real Madrid – Universidad Europea