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Xherdan Shaqiri, como el cometa Halley

Hay jugadores que construyen su legado a base de regularidad, goles de domingo y temporadas ininterrumpidas. Y luego están los otros: los fenómenos. Aquellos que no necesitan estar siempre para ser eternos. Xherdan Shaqiri pertenece a esta última categoría. Como el cometa Halley, no aparece cada noche, pero cuando lo hace, es imposible no levantar la vista.

El cometa Halley fue el primero en demostrar a los astrónomos que estos cuerpos celestes no eran simples visitantes erráticos, sino que seguían una órbita predecible. Regresa cada 76 años y, aunque su paso sea breve, deja una estela imborrable. Shaqiri no tarda tanto en volver, pero su carrera (y especialmente su vínculo con el FC Basilea) sigue una lógica parecida: intermitente, sí… pero absolutamente fulgurante.

La órbita de ‘Big Shaq’

Shaqiri nació en Gjilan, una ciudad kosovar, pero su historia futbolística comenzó en las calles de Augst, Suiza, donde emigró con su familia siendo niño, huyendo de la inestabilidad de los Balcanes. Su talento precoz llamó la atención del FC Basilea, que lo incorporó a su cantera cuando apenas tenía nueve años.

Debutó con el primer equipo en 2009, con apenas 17, y enseguida se convirtió en una de las grandes atracciones del fútbol helvético. Su zurda era un espectáculo. Con el Basilea lo ganó todo a nivel nacional: tres Superligas (2010, 2011, 2012) y dos Copas. Pero más importante aún, se convirtió en el emblema de un equipo que empezó a mirar de tú a tú a los grandes del continente.

 

A sus 33 años, tras pasar por seis clubes en cinco países, se esperaba un rol testimonial, algo simbólico. Lo que nadie anticipó fue que el regreso de Shaqiri a Basilea sería una auténtica resurrección

 

Su consagración llegó en la Champions League 2011-12, cuando el Basilea eliminó al Manchester United en la fase de grupos. Shaqiri, con apenas 20 años, fue el líder de aquel equipo rebelde, imparable por la banda y decisivo en los momentos grandes. Esa temporada, el Bayern Múnich no lo dejaría escapar. El cometa suizo estaba listo para dar el salto a la élite europea.

A partir de ahí, la carrera de Shaqiri pareció una sucesión de vuelos impredecibles. Bayern, Inter, Stoke City, Liverpool, Lyon, Chicago Fire… En todos dejó detalles, en ninguno acabó de asentarse. Como el Halley, que pasa veloz por el cielo, deslumbrando, pero sin detenerse.

El último avistamiento

Xherdan Shaqiri decidió volver a su querido Basilea esta temporada, algo que muchos vieron como un gesto nostálgico. A sus 33 años, tras pasar por seis clubes en cinco países, se esperaba un rol testimonial, algo simbólico. Lo que nadie anticipó fue que su regreso sería una auténtica resurrección. No solo para él, sino para todo un club que llevaba ocho años sumido en la sombra.

En su vuelta a la Super League suiza, Shaqiri no ha hecho otra cosa que resplandecer. Ha convertido cada partido en un recordatorio de lo que fue y lo que aún puede ser. Con 18 goles y 20 asistencias, ha participado directamente en 38 tantos de su equipo. Y su impacto no se ha limitado a las cifras: fue el alma, el capitán, el detonante emocional de un equipo que llevaba demasiado tiempo alejado de la gloria.

 

Esta temporada, su impacto no se ha limitado a las cifras: fue el alma, el capitán, el detonante emocional de un equipo que llevaba demasiado tiempo alejado de la gloria

 

Gracias a su temporada descomunal, el FC Basilea conquistó su vigésimo primer título de liga, rompiendo una sequía de ocho años. Volvió a casa con el objetivo de devolverle la dignidad al escudo que lo formó, y lo hizo con creces. Rechazó ofertas millonarias, abandonó la comodidad de la MLS y volvió a brillar una vez más. Como el cometa Halley, que vuelve tras décadas y deja a su paso un cielo iluminado.

Una vez cada 76 años

Durante 14 años, fue el epicentro del fútbol suizo, brillando en la ‘Nati’ (selección nacional) con una intensidad reservada para muy pocos. Jugó 123 partidos, marcó 32 goles. Shaqiri no se vio cada día, ni cada temporada. Pero eso es lo bonito de estos fenómenos. Es el único jugador en la historia del fútbol que ha marcado en tres Mundiales (2014, 2018, 2022) y en tres Eurocopas (2016, 2020, 2024). Ni siquiera Cristiano Ronaldo. Solo él. Un fenómeno astronómico vestido de futbolista.

Y como el Halley en cada perihelio, cada torneo internacional traía a Shaqiri de regreso a su mejor versión, orbitando de nuevo el sol de su propio talento. En Brasil 2014, firmó un hat-trick inolvidable contra Honduras, coronado con un zurdazo desde la frontal que pareció calculado por un físico más que por un futbolista.

Dos años más tarde, en la Eurocopa de 2016, maravilló al mundo con una chilena antológica frente a Polonia, un gol que sigue ocupando un lugar de honor en los recopilatorios de goles imposibles. Y en Alemania 2024, cuando muchos ya lo daban por acabado, Shaqiri respondió como sólo él sabe: con un misil desde 25 metros ante Escocia que se clavó en la escuadra.

 


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Fotografía de las redes del FC Basel 1893.

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Eneko López

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Eneko López

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