El fútbol español se ha acostumbrado con total naturalidad a que un club radicado en un municipio de poco más de 50.000 habitantes no sólo lleve compitiendo en Primera División 18 de las últimas 19 temporadas, sino que además se haya asentado como uno de los mejores del país al clasificarse para Europa hasta en 13 ocasiones.

Porque lo del Villarreal CF hace tiempo que dejó de ser tildado de milagroso. Y con razón. Su éxito no es más que la culminación de un modelo ambicioso, coherente y, sobre todo, consciente que dio comienzo en mayo de 1997, cuando Fernando Roig puso los 72 millones de pesetas (432.000€) que hacían falta para adquirir la propiedad de un club que jugaba sus partidos de Segunda División en un estadio de apenas 3.000 asientos y que firmó el contrato más importante de su historia en un bar de Vila-Real.

El Villarreal CF por entonces no tenía sede, no tenía campos de entrenamiento y, por supuesto, no tenía ciudad deportiva. Pero esto pronto cambiaría. “Roig dijo que lo primero que había que hacer era construir una ciudad deportiva. Nuestro modelo de cantera nos diferencia. Dedicamos casi un 12% del presupuesto a ella y tenemos una red de ojeadores muy importante”, explica un José Manuel Llaneza que había llegado al club antes, en 1993, cuando las cuentas todavía se hacían “en una libreta de hule”.

Más de 20 años después, el Villarreal CF emprende su decimonovena temporada en la élite con once jugadores formados, en parte o en su totalidad, en su moderna ciudad deportiva. Un objetivo que no sólo no era fácil por las pobres condiciones de partida, sino también por el complicado contexto geográfico en el que se encuentra Vila-Real. La proximidad geográfica del Valencia CF siempre ha supuesto un problema y un límite a la hora de abordar la expansión que quería realizar el Villarreal CF aprovechando, obviamente, la delicada situación del equipo histórico de la provincia, el CD Castellón. El club valencianista no sólo tenía –y tiene- la tradición, la historia y la reputación, sino también una red de ojeadores y convenios que siempre le han permitido nutrirse del mejor talento nacido en la Comunidad Valenciana.

 

“Nuestro modelo de cantera nos diferencia. Dedicamos casi un 12% del presupuesto a ella y tenemos una red de ojeadores muy importante”

 

Por todo esto el Villarreal CF iba a tener dificultades para realizar lo que es natural para clubes como el Real Betis, el Celta de Vigo o la Real Sociedad. Estos, obviamente, tienen la competencia de Sevilla, Deportivo y Athletic Club, pero nunca han partido en la situación de desventaja con la que partía el Submarino Amarillo. De ahí que la inversión en conocimiento, desde el primer día, se antojara tan fundamental como uno pueda imaginarse. En la actualidad el Villarreal CF cuenta con 22 ojeadores en España y 14 en el extranjero, cifras muy por encima de la media habitual en un club de Primera División. Los resultados de esta apuesta, al principio, se pudieron observar sobre todo gracias a su secretaria técnica. La llegada de Pellegrini, el hallazgo de un estilo propio y la fama que comenzó a ganarse el club le permitió al Villarreal CF ser una entrada de talento a Europa procedente de Sudamérica. Había una necesidad, había un mercado, había conocimiento para explotarlo… y lo demás -casi- fue historia.

Pero ahora, además de los fichajes constantes que realiza el Villarreal CF, ya no sólo en Sudamérica, sino también en mercados como el francés o el italiano, el club groguet tiene la posibilidad de evidenciar el éxito de su fórmula a partir de los resultados de su cantera. Lo hemos apuntado antes: 11 futbolistas de la plantilla han pasado al menos una temporada trabajando, creciendo y formándose en su ciudad deportiva. “La gente que llega de abajo no lo hace por generación espontánea. Llevamos trabajando desde el primer día y ahora ya vamos recogiendo frutos. Así, además de los jugadores que están en el primer equipo, tenemos mucha gente que viene apretando desde atrás y con mucha fuerza”, avisaba ya Llaneza allá por 2014.

Consecuencia de todo esto, hoy en plantilla no sólo militan los mejores futbolistas nacidos en Castellón (Bruno Soriano y Pablo Fornals) y varios de los más destacados de la Comunidad (Jaume Costa y Llambrich), sino también muchos nacidos a cientos de kilómetros de Vila-Real. Uno de los últimos en debutar ha sido el maño Manu Morlanes, quien llegó al club con 13 años. El cordobés Alfonso Pedraza hizo lo propio con 15. Dani Raba llegó con 18 desde Santander. El talaverano Manu Trigueros también llegó con 18, pero en este caso había pasado antes por Barcelona y Murcia. Otros en llegar con la mayoría de edad recién cumplida fueron el catalán Gerard Moreno y el asturiano Santi Cazorla, dos futbolistas que se fueron y que han vuelto otra vez.

De toda esta secuencia de nombres, edades y datos hay muchas conclusiones que extraer. La más importante es que el conocimiento con el que cuenta el Villarreal CF gracias a su red de ojeadores le permite aprovechar múltiples oportunidades. Descensos, problemas económicos, situaciones contractuales… Lo que sea. Donde hay un problema el Villarreal ve una opción y los jugadores, una oportunidad.

Bien famoso es el caso de Rodrigo Hernández, quien ha regresado al Atlético de Madrid por 20 millones de euros (cifra que de no mediar cláusula hubiese sido ostensiblemente mayor) tras haber salido del Cerro del Espino hace cinco años por ser “demasiado bajito” para la posición de mediocentro. Quien sabe si, de no haber dado el estirón, Rodrigo Hernández hubiese sido “demasiado bajito” para jugar de ancla. Lo que está claro, lo que sí sabemos, es que el Villarreal CF supo ver cómo un joven talento no era del todo valorado en su club. Lo buscó, lo encontró y le sacó provecho.

 

Comenzamos a asumir como natural que el Villarreal sea uno de los tres equipos de España con más presencia en cada convocatoria de las selecciones inferiores

 

Otro escenario particular es el que afectó a uno de sus hoy capitanes, Mario Gaspar. A pesar de haber nacido en Novelda (Alicante), formaba parte del equipo juvenil del Albacete que ganó la Copa del Rey en 2007. Era un equipo de mucha proyección. En él estaba por ejemplo Javier Matilla, al que se comparaba con Xavi Hernández. Pero el Albacete tenía muchos problemas económicos. “Fue una solución para poder comer todos los días y pagar a los proveedores y a los jugadores, pero un desastre deportivo. Teníamos una camada impresionante, con internacionales en todas las categorías inferiores. Habíamos vuelto a los tiempos en que salieron Morientes y Helguera. Más de uno debutará en Primera. El daño es irreparable. Tardaremos mucho tiempo en reconstruir el fútbol base”, le contaba José Luis Molina a Juan Morenilla en El País. En la otra cara de la moneda, el Villarreal, quien por algo menos de dos millones de euros se hizo con los 16 mejores canteranos. Y entre ellos, claro está, Mario Gaspar.

La apuesta del Villarreal CF por el conocimiento, la cantera y el talento siempre ha sido clara, como bien sabe su entrenador, Javi Calleja, quien la ha protagonizado desde varios puntos de vista. Tras volver al club para entrenar al juvenil en 2014, un equipo que acumularía éxitos continuos batiendo permanentemente al Valencia, pasó al filial y más tarde al primer equipo. Un viaje éste que también emprendieron muchos de sus hoy futbolistas. Un viaje que muchos todavía están por emprender. Porque ya no es que estemos acostumbrados a ver al Villarreal ente los mejores de España, sino que también comenzamos a asumir como natural que sea uno de los tres equipos con más presencia en cada convocatoria de las selecciones inferiores. En la última de la Sub-16 había cuatro jugadores del cadete, en la última de la Sub-17 eran tres, en la Sub-21 están Pedraza y Fornals… El Villarreal CF ya es el club que hace 21 años imaginó Roig.