Querido Montevideo. Añoro Uruguay sin haberlo pisado jamás, esa extraña sensación invade mi cuerpo cada vez que leo, escucho u observo algo relacionado con su país, su gente y sus costumbres. Quizá sea por su cultura, en la que el esfuerzo no se negocia: me transmite unas sensaciones que no son mías pero que las siento como propias. Bendito Uruguay. Entre tanto barrio que forma el gran Montevideo, en el centro del mapa, existe un lugar llamado Villa Española. Es un barrio de algo más de 40.000 habitantes y que le debe su nombre a los emigrantes españoles que se asentaron entre sus calles. Al igual que otros tantos, este pequeño rincón debe sus orígenes a la clase obrera. Esa misma que trabajaba de sol a sol en el matadero de porcinos o en una fábrica de la zona.

Allí, entre su gente, vivió Obdulio Varela. El ‘Negro Jefe’. Aquel que en 1950, tras ganar el Mundial en el mítico Maracanazo, se recorrió los bares de Brasil consolando a los aficionados brasileños que sentían en su tristeza el mayor de los dolores. Ahora su nombre acompaña a un estadio y a un modesto club llamado Club Social y Deportivo Villa Española. El ‘Negro Jefe’ jamás vistió su camiseta, pero eso no hace falta para que su gente le continúe rindiendo tributo a uno de los más grandes. En 1940 se fundó el club dedicado al boxeo, más tarde llegó el fútbol y el atletismo. Bajo el nombre de ‘Villa Española Boxing Club’, el púgil Alfredo Evangelista, vecino del barrio, peleó contra Muhammad Ali y ante Larry Holmes. Perdió ambos combates pero la historia y la gloria nada tienen que ver con la victoria o la derrota. Las imágenes de Obdulio Varela y Alfredo Evangelista aparecen pintadas en un mural del club, para que aquellos que jamás los conocieron no olvidaron de dónde viene y hacia dónde va Villa Española.

El club lleva tres colores: amarillo, rojo y violeta. Estos colores rinden tributo a aquellos emigrantes españoles que en la Segunda República volaron hasta Uruguay y tomaron como suya la patria de Villa Española. Tanto entonces como ahora, el objetivo ha sido el mismo: recomponer lazos sociales en la comunidad y promover el sentido de pertenencia. Orgullo de barrio y orgullo de clase. Sus vecinos viven por y para el club, asumen con total normalidad que allí todo cobre vida. La cultura y el sentimiento de pertenencia se transmite de una generación a otra, el orgullo de saber de dónde vienes y quién eres. En la cantina ‘Sócrates’, el bar del club, uno puede disfrutar de debates, fotos, exposición de películas y charlas, con el pretexto deportivo como acicate. La directiva del Club Social y Deportivo Villa Española ha ido más allá, han creado una comisión cultural para así influenciar desde los más jóvenes a los mayores en la cultura del esfuerzo y el aprendizaje.

En Villa Española no quieren depender de nadie en lo económico, pelean por ser autosuficientes. No rindes cuentas a nadie, tan solo se le rinde tributo al barrio. Entre todos pintaron murales en el Estadio Obdulio Varela, entre todos instalaron una biblioteca en el vestuario del equipo de fútbol. Así es Villa Española, sus raíces se sostienen entre páginas de libros y deporte. El club mueve a unas 800-1.000 personas y todos allí tienen la función de construir, de crear y mejorar su punto de encuentro, su particular iglesia o santuario. En lo futbolístico es un modesto club en el que su mayor éxito reside un campeonato de la segunda división uruguaya que levantaron en 2001, incluso en 2014 estuvieron en la tercera división. Han jugado en varias ocasiones en la máxima categoría del país y ahora pelean por regresar a pelear entre gigantes, en situar al barrio en el mapa. Hace años que pagaron sus deudas, solventaron su situación económica y ahora mira hacia adelante.

Si no contesto a los mensajes, tranquilos, estaré en Uruguay, en el Obdulio Varela cerveza en mano disfrutando de un asado y gritando los goles en Villa Española. Volver a los orígenes es el remedio para combatir el presente y asumir el futuro con esperanza. Larga vida a la República Oriental del Uruguay, a su fútbol de barro y a su gente.