No hay entrenador, futbolista o periodista en la faz de la tierra que no haya entonado alguna vez aquello de “se juega como se entrena”. El axioma es simple, sencillo y muy certero: si no entrenas bien, por lo general no vas a jugar bien. Y cada vez hay menos excepciones. Ya no hay sitio para Romarios en el fútbol contemporáneo.

Ahora bien, no seamos falaces, es literalmente imposible entrenar con la misma intensidad y concentración un miércoles cualquiera por la mañana que con la que se juega un partido un sábado por la noche. De la misma manera que no se juega igual un encuentro más de liga que un derbi o un partido de una competición europea. Al final, aunque ya sea tarde para todo, nadie estudia nunca con tanta dedicación como en los diez minutos previos al examen. Nadie salvo Cristian Portugués Manzanera.

 

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“Es un pesado”. Ésta es una de las frases más repetidas en cada entrevista que conceden los jugadores de la Real Sociedad, y evidentemente va por Portu. El de Beniel sólo tiene un ‘modo’: el de competición. Su forma de vivir, de entrenar y, por lo tanto, de jugar es afrontar cada minuto como si fuese el último de un entreno, de una final o de la vida misma. Portu no regala una salida ni da por perdido un solo balón. Aprieta, muerde, rasca. Jugar contra él es jugar sobre el alambre. Un mal movimiento, un mal control o un simple despiste y lo siguiente que estás haciendo es correr desesperado hacia tu portería sabiendo que ya no eres dueño de tu propio destino.

Esta exigencia a la que Portu somete a los rivales es también la que imprime en cada entrenamiento en Zubieta. La Real lo tiene todo para ser un equipo particularmente activo en el día a día: es un grupo joven y con hambre que está dirigido por un entrenador al que el 99% le parece insuficiente. Pero Portu es el permanente recordatorio de que mientras tú duermes otro está trabajando. Porque no hay mejor lección que el ejemplo diario. Y Portu no sólo contagia, sino que también arrastra.

 

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El carácter competitivo del murciano casa de forma fantástica con la identidad futbolística de esta Real Sociedad que tan bien juega con el balón y que tanto brilla a nivel técnico, pero que también destaca en otros aspectos diferentes: es el quinto equipo de La Liga que más faltas hace (15,5 p/p) y es el octavo que más tackles promedia (18,8 p/p). El soberbio trabajo posicional de Imanol Alguacil y la gran actividad de todas sus piezas le están permitiendo a la Real llevar la iniciativa en todos los encuentros. A veces lo hace con más balón, otras con menos. Pero lo que pasa en el partido lo condicionan ellos, no sus rivales.

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La agresividad que imprime Portu al juego es fundamental para que los centrocampistas tengan más tiempo y, sobre todo, jueguen más arriba. Y esto no sólo tiene que ver con el trabajo en la presión, que es fantástico, sino que está completamente relacionado con los desmarques de los dos extremos.

Mikel Oyarzabal es uno de los pocos atacantes modernos que marcan más diferencias por sus movimientos que por sus contactos con el balón, pero en todo caso su repertorio es más variado. Lo mismo te rompe al espacio desde una posición que te aparece entre líneas aprovechando que Silva ha bajado un escalón. En el caso de Portu todo es más directo. Su labor principal es estirar la manta del equipo rival para que éste tenga que elegir entre taparse la cabeza o taparse los pies. Con cada ruptura, el sistema defensivo contrario retrasa un metro y pierde una batalla. No importa que Portu no reciba el pase. No importa que el portador del balón ni siquiera le haya visto. Lo que importa es que el desmarque lo hace Portu. Y con Portu no se puede dudar.

 

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Esto es algo que entendió mejor que nadie Martin Odegaard la pasada temporada. El noruego, jugando como interior, progresaba utilizando a Portu como si de un martillo neumático se tratara. Este luego le esperaba, levantaba la cabeza, buscaba al noruego y le devolvía el balón en la frontal para que ‘Martintxo’ frotara la lámpara. Con David Silva esto no está pasando tanto. El canario pisa zonas más centradas, busca otro ritmo diferente y, de hecho, hasta el momento ha casado mejor con Januzaj que con Portu.

Quizás esto explique el hecho de que el belga, que además está inspiradísimo, le esté ganando la partida en los últimos encuentros. Sea como fuere, tener abiertas las dos opciones es un lujo para un Imanol Alguacil que no cree en las rotaciones, sino en los cambios. Y ahí Portu sigue siendo una certeza. Contar con jugadores así en la plantilla supone alejarte de las fauces de la derrota para comenzar a mirar a los ojos a la victoria. Todos quieren a Portu en su equipo. Todos necesitan a Portu en su club.