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Thibaut Courtois, mucho más que un portero

Retrato de un singular futbolista que, mientras protege la portería del líder de La Liga, quizá se encuentre en el mejor momento de su ya extensa carrera

Antes que el delantero que recibe solo en el área pueda levantar la mirada para situar los tres palos, un portero inmenso lo acecha agachado, empleando su excepcional envergadura para tapar la visión del poseedor del balón, haciéndose tan grande que el verbo agigantarse se le queda pequeño; tan portentoso, que el atacante no encuentra una rendija por la que colar la bola. Si algún ‘superclase’ lo intenta regatear para disparar a puerta vacía, él se estira con una agilidad pasmosa e inaudita para un tipo de dos metros de estatura, e interponiendo sus enormes manos en la trayectoria del balón, lo palmea como quien intercepta una naranja que rueda por el suelo. 

Un guardameta que ha demostrado que su espíritu de sacrificio supera cualquier vanidad: no tiene problema en poner su rostro al servicio del club, si es para negarle el gol a algún ocurrente delantero que pruebe a superarlo con una vaselina. Dispuesto a dar la cara allá donde no llegan sus manos, se desconoce si su tic de mover la mandíbula compulsivamente es una secuela de todos los balones detenidos con el morro. Otra de sus peculiaridades consiste en la capacidad para sumarse al ataque con mucha efectividad en córners en el último minuto, tal y como sucedió en el partido contra el Valencia a finales de 2019, cuando remató el balón botado desde la esquina, propiciando un segundo lance que no desaprovecharía su compañero Karim Benzema para empatar el partido de Mestalla en la última jugada.

El mejor jugador de La Liga en febrero, tras no encajar ni un solo tanto en ninguno de los cuatro partidos ligueros que disputó ese mes, no fue otro que Thibaut Courtois. El canterano del Genk es uno de los pilares del líder de la competición, este Real Madrid, que de los últimos 19 compromisos en el torneo de la regularidad, hasta en diez ocasiones ha logrado dejar la portería a cero. El sistema defensivo del equipo blanco está solventando con nota el percance de perder un mismo verano a Ramos y Varane, que habían formado la pareja titular de centrales el último lustro. Se cumple un mes de la única mancha en el expediente madridista esta temporada, la humillante derrota en el Bernabéu ante el Barça, que podría haber sido mucho más abultada de no ser por algunas paradas meritorias de un Courtois que no se escondió ni de la afición ni de los medios al término del partido. La rápida adaptación de Alaba y el gran papel de Militão, sumados al liderazgo y a la seguridad que proporciona el portero belga, ofrecen algunas explicaciones para los notables registros defensivos en el campeonato doméstico.

 

Siempre sobrio con los pies, su pierna dominante es la zurda pero no escatima en usar la diestra si la situación lo requiere, y no se le recuerdan errores graves de criterio sacando el balón desde atrás

 

No solo en Liga ha destacado Thibaut. El pasado 15 de febrero detuvo un penalti a Messi en el ‘Parc des Princes’. La posteridad recordará a Benzema como el héroe de esa épica eliminatoria, pero resultó providencial la intervención del belga en la ida, donde su equipo hizo un mal partido. El marcador no se había movido todavía y ‘Tibu’ lo mantuvo inalterado gracias a que adivinó las intenciones del astro argentino y exhibió una de sus mayores cualidades, que es no dar opción al rechace, despejando el balón fuera de la zona de peligro gracias a la firmeza de sus brazos. Con la misma presteza con la que se había lanzado a atajarlo, se levantó a celebrar con sus compañeros: indicios de la confianza y seguridad que desprende un singular futbolista que quizá se encuentre en el mejor momento de su carrera.

Otra de sus mayores virtudes, no hace falta decirlo, es el juego aéreo, faceta en la que se vale de su privilegiada altura para hacerse con todos los balones que sobrevuelan el área pequeña. Siempre sobrio con los pies, su pierna dominante es la zurda pero no escatima en usar la diestra si la situación lo requiere, y no se le recuerdan errores graves de criterio sacando el balón desde atrás. Cuando sí se muestra temperamental es a la hora de iniciar un contragolpe, con el equipo rival desplegado en ataque. Entonces luce una aguda visión de juego y precisión en el envío que, sumadas a su fuerza en el lanzamiento con las manoplas, han convertido la súbita búsqueda de los extremos que juegan pegados a banda en una de sus acciones más características.

Cuando tiene que alzar la voz en nombre de todos sus compañeros de profesión, Courtois lo hace sin titubear: ora contra la UEFA y la FIFA por el exceso de partidos en el calendario; ora contra aficionados que se acercan todos los días a pedirle autógrafos para después vender esas prendas firmadas a terceros. Cuando toca conversar en un tono más distendido, demuestra en un podcast recién estrenado, grabado en su casa, que es el que con más soltura se maneja en castellano entre todos los no hispanohablantes de la plantilla, y tal vez de toda primera división. Claro que eso se debe a que Thibaut ya había vivido en Madrid antes de fichar por el club blanco: estuvo tres temporadas en el Atlético cedido por el Chelsea, dos de las cuales conquistó el Trofeo Zamora, que premia al guardameta menos goleado de primera división. Todavía atesora más trofeos de este tipo con el club ‘colchonero’ que con el Real Madrid, una estadística que quedará obsoleta si logra conquistar, al término de esta campaña, su segundo Trofeo Zamora desde que es portero blanco, el cuarto en su cuenta particular.

 


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Fotografía de Imago.