Esas cosas no se olvidan. En aquellas pistas humildes en las que nos lastimábamos las rodillas y en las que el corazón se nos hacía trizas cuando en una falta, tras colocarnos como el mismísimo Ronaldinho, el balón no acababa en la escuadra de esa maltrecha portería; nadie quería hacer de guardameta. Tan lejos de la acción, te sentías como castigado, como desaprovechado; pensabas que si el equipo no conseguía superar la defensa contraria era porque no disponía de ese talento extraordinario que tú, siempre tan inocente, te creías que tenías. La portería era un lugar hostil, frío y aburrido; no entendías que alguien pudiera conformarse con ser solo un arquero en lugar de ser el ‘10’ que ejerce como catalizador del juego. Así éramos, perdonémonoslo porque no éramos más que niños.

Con todo, con el implacable paso de los años, fui desarrollando una creciente atracción respecto a los cancerberos, respecto a esos seres solitarios e inescrutables cuya única misión es intentar negar la felicidad inigualable que provoca un gol. “No hay figura en un terreno de juego que se acerque más peligrosamente a la condición de poeta que la del portero”, escribía hace unos meses el compañero Marcel Beltran. Por lo que representan, sentirse fascinado por estos sujetos que juegan a contracorriente es algo casi imposible de evitar, especialmente en el caso de los guardametas suplentes, esa rara avis del mundo del fútbol tan difícil de comprender. Eternamente eclipsados por los arqueros titulares, tan solo les queda aguardar en silencio que un partido intrascendente o un contratiempo en forma de lesión les conceda una oportunidad de demostrar lo que valen, de salir de la sombra del banquillo para disfrutar del balompié.

En verano de 2015, después de siete temporadas en el primer equipo del Stuttgart, el portero Sven Ulreich dejó atrás el club al que había llegado a los 10 años para recalar en el Bayern de Múnich a petición de Pep Guardiola, que necesitaba un arquero suplente para cubrir la marcha de Pepe Reina. Muchos fueron los que no entendieron aquel movimiento, ya que, a sus 26 años, el guardameta de Schorndorf dejaba su puesto de titular indiscutible en el equipo de su corazón para ocupar un asiento en el banquillo del conjunto bávaro. La afición del Stuttgart le reprochó duramente que se fuera en busca de un contrato mejor, pero él, ese espigado cancerbero que creció admirando a su excompañero de equipo Jens Lehmann, a Manuel Neuer y a Iker Casillas, se limitó a asegurar que “después de muchos años necesitaba un desafío. Creo que el Bayern es el lugar idóneo y correcto. Tengo muchas ganas de conocer al resto del equipo y de experimentar todo lo que va a sucederme a partir de ahora. Quiero aportar mi granito de arena para que lleguen los éxitos y estar ahí cuando me necesiten”.

“Estar ahí cuando me necesiten”. Tranquilo, Ulreich afrontaba su nueva experiencia en el Allianz Arena con el convencimiento de que había escogido el camino acertado, con la certeza de que tendría su momento para enseñar la calidad que se le suponía por el mero hecho de ser el suplente de Neuer. Sin embargo, tras dos temporadas en el Bayern, Ulle tan solo había podido disputar diez encuentros en todas las competiciones; una cifra que le hizo replantearse seriamente su continuidad en Múnich. “Si se presenta la oportunidad de jugar regularmente de nuevo, sería un tema interesante”, habría sugerido el guardameta al término del curso pasado, según recogieron algunos medios de comunicación alemanes.

 

“Quiero aportar mi granito de arena para que lleguen los éxitos y estar ahí cuando me necesiten”

 

La situación de Ulreich cambió radicalmente al inicio de la presente temporada, ya que la recaída de Manuel Neuer le abrió las puertas de la titularidad de par en par. Era un encargo verdaderamente envenenado, algo parecido a lo que tuvo que afrontar el primer grupo que actuó en The Cavern Club después de The Beatles o a lo que vivirá el primer temerario que se atreva a vestir el ’10’ azulgrana después de Leo Messi. El ‘1’, el irremplazable capitán del Bayern de Múnich y de la Mannschaft, un hombre de tal calidad que todos nos acostumbramos a considerarlo como uno de los mejores del mundo a pesar de que la mayoría tan solo le veíamos en algunos encuentros de la Champions League; había quedado fuera de combate por unos cuantos meses y Ulreich debía ocupar el lugar en el once titular del conjunto bávaro, haciendo frente a la ardua misión de calmar los ánimos de una afición que se sentía desnuda e intranquila, insegura por el enorme vacío que se siente al no escuchar el nombre de Neuer al repasar el once del conjunto del Allianz Arena.

“Es un golpe duro para Manu. Primero de todo, quiero desearle lo mejor en su recuperación. Pero, evidentemente, estoy contento de poder volver a jugar algunos encuentros y de demostrar lo que puedo hacer”, afirmó Ulreich al ser preguntado por la lesión de Neuer, admitiendo que sabía que tan solo sería titular mientras su rival en la portería del Bayern no estuviera disponible. Con todo, las cosas no empezaron del todo bien para Ulle, que en uno de sus primeros partidos de esta temporada cometió un grave error contra el Wolfsburgo que le costó un empate al equipo que por aquel entonces todavía dirigía Carlo Ancelotti. “Cuando te marcan un gol, sabes que la gente pensará que Neuer lo habría parado. Manu es el mejor portero del mundo y no es fácil sustituirle. Yo no soy Manuel Neuer. Yo soy Sven Ulreich”, remarcó el exfutbolista del Stuttgart en la zona mixta del Allianz Arena, dejando una muestra más de su inquebrantable determinación.

 

“Yo no soy Manuel Neuer. Yo soy Sven Ulreich”

 

Apuntaba Enrique Ballester que “el fútbol es inagotable porque la ilusión se reinicia cada verano. No volverá esa primera noche después de ganar un título o de lograr un ascenso, lo más parecido al primer beso. No volverán esas cosas que no se olvidan, pero asomarán otras que merecen ser vividas. Que no vuelva nunca esa pureza infantil no significa que no podamos continuar”. Y, de la misma manera que uno continuará escribiendo aun sabiendo que la capacidad de retratar la realidad que atesora el periodista valenciano es algo tan extraordinario como inigualable, Sven Ulreich continuará disfrutando de este deporte aunque sepa que su presencia en la portería del Bayern de Múnich es algo efímero y circunstancial; aunque sepa que él nunca será Manuel Neuer. No hace falta ser el mejor para gozar del periodismo ni del fútbol, he ahí su grandeza.

Sabedor de la necesidad de levantarse, Ulreich se sobrepuso rápidamente de su actuación contra el Wolfsburgo y comenzó a brillar, confirmándose a sí mismo como uno de los pilares del Bayern y como una de las grandes revelaciones de la temporada en la Bundesliga. La mejoría del ’26’ bávaro alcanzó su clímax el 16 de diciembre de 2017, cuando en su primer partido como visitante en el Mercedes-Benz Arena de Stuttgart le detuvo un penalti a Chadrac Akolo en el minuto 95 que habría supuesto el empate para los locales. “No se podría haber escrito una película mejor”, apuntó el guardameta en unas declaraciones que recoge el diario británico The Independent en un artículo en el que se asegura que “Sven Ulreich es ese tipo ordinario del Bayern de Múnich que realiza paradas extraordinarias”. “Siempre es conmovedor cuando un equipo excepcional tiene un jugador en sus filas que no se parece a un futbolista, sino a un tipo que juega fútbol. En el Mundial de 2010, España, una mezcla utópica del talento del Real Madrid y el Barcelona, fue uno de los grandes equipos internacionales, pero no hubieran sido lo mismo sin Joan Capdevila; aparentemente, el único lateral izquierdo con pasaporte español en ese momento”, sentencia el primer parágrafo del texto, tratando de ser un canto a la modestia de esos jugadores que alcanzan la elite a pesar de ser desconocidos para gran parte del universo futbolístico.

Catapultado por su excelente rendimiento, en los últimos meses, Sven Ulreich se ha erigido en el héroe desconocido e inesperado del Bayern de Múnich. “Estamos contentísimos con su evolución. Todos confiamos en él. Es magnífico para nosotros, nos ha salvado varias veces esta temporada”, reconocía hace unas semanas Jupp Heynckes, que se hizo cargo del equipo tras la destitución de Carlo Ancelotti y que, tras certificar su incontestable hegemonía en Alemania, ha conseguido colocarlo de nuevo en las semifinales de la Champions League. Y, en otra rueda de prensa, el veterano técnico de Mönchengladbach añadía: “Ahora recoge los frutos de su trabajo. Cuando llegué en octubre noté que casi no tenía confianza en sí mismo ni reconocimiento de los demás, pero no se dio por vencido y trabajó intensamente, hasta que se dio cuenta del enorme potencial que tiene. Es un regalo caído del cielo; es el mejor portero de la Bundesliga después de Neuer”. “Mis buenos partidos empezaron cuando llegó Jupp Heynckes. Inmediatamente tuve su confianza, algo que no sentía con su predecesor. La confianza es la cosa más importante para un atleta”, subrayaba Ulreich en una entrevista en Bild, devolviéndole los halagos al entrenador con el que está viviendo los mejores momentos de toda su carrera.

Y es que el cancerbero de Schorndorf ha superado con nota el examen al que el fútbol, siempre tan caprichoso e impredecible, le sometió cuando Manuel Neuer se lesionó de gravedad. En su tercera temporada en el Allianz Arena, Ulle por fin ha podido salir de la espesa sombra que proyectaba el ‘1’ bávaro, cuajando brillantes actuaciones en muchos de los 43 encuentros que ha disputado hasta la fecha. Aprovechando la ausencia de su compañero, Sven Ulreich, que en los meses de noviembre y diciembre fue votado como el mejor jugador del Bayern y que en octubre fue noticia por dar una asistencia desde su área a Kingsley Coman en un encuentro de la Champions League contra el Celtic de Glasgow; se ha convertido en uno de los guardametas del momento en Europa y, a pesar de que a sus 29 años nunca ha sido internacional con la selección absoluta, tiene opciones de estar en el Mundial de Rusia de este verano. “Está en nuestro radar para la Copa del Mundo. Es muy bueno en los uno contra uno, y en el Bayern ha aprendido a sacar el balón desde atrás”, reconocía el propio Joachim Löw hace unas semanas. Y Ulreich, que en febrero renovó su vinculación con el conjunto de Múnich hasta la temporada 2021, respondió: “Es un premio de los grandes, es un honor que el seleccionador nacional diga cosas de este tipo”. “La Copa del Mundo es lo más grande. Está claro que es uno de mis objetivos, pero si no se da no estaré triste”, concluía el ’26’, un hombre cuya carrera en el Bayern se resume en dos frases suyas: el servicial “quiero estar ahí cuando me necesiten” del día de su presentación, y el “sé cuál es mi rol” que repite, tranquilo, cuando los periodistas le preguntan por el regreso de Manuel Neuer, cada vez más cercano.

 

“Sé cuál es mi rol”, repite, tranquilo, el ’26’ del Bayern de Múnich

 

Por lo general, hoy los futbolistas son personas que nos resultan tan lejanas que incluso dudamos precisamente de esto: de que sean personas de carne y hueso como nosotros, de que no sean algo mejor. Por este motivo, siempre tratamos de fantasear con cómo deben ser. A mí, a Sven Ulreich, me gusta imaginármelo como un tipo discreto, alegre y simpático; como un trabajador anónimo, de los que ponen un ladrillo tras otro sin esperar que nadie les aplauda ni escriba artículos sobre ellos; como una persona normal, extremadamente querida por sus compañeros en la constelación de estrellas que es el vestuario del Allianz Arena. Sé que debe cobrar varios millones de euros al año, que quizás tiene tres o cuatro descapotables y que a lo mejor nunca se para a firmar autógrafos para los críos que ahora empiezan a idolatrarlo; pero una parte de mí quiere pensar que Ulle era uno de esos niños excéntricos que, cuando nos jugábamos el ser portero en una carrera desde el centro de la pista, siempre trataban de ser el último en tocar el larguero.