Educados en un mundo de blancos o negros, muchos miramos siempre, desde niños, con cierto recelo al PSV Eindhoven, fascinados y cautivados por el misticismo del Ajax, desde su escudo único hasta la nómina infinita de grandes nombres que embellecen su historia, pasando por su nombre, tan misterioso a los ojos de un niño. Pero el 24 de octubre de 2010 todas las miradas, incluso las recelosas, se posaron en el Philips Stadion, con motivo de un inolvidable clásico entre el PSV y el Feyenoord, tan rojiblancos como el Ajax.

El brasileño Jonathan Reis, con una deliciosa acción individual tras recibir un balón del central Wilfred Bouma, fue el primero en gritar gol. En el 24′, allanando el camino del PSV hacia la victoria y redactando el epílogo de un partido que ascendería a la categoría de histórico en el segundo acto. Antes, el Feyenoord había perdido a su capitán, Leroy Fer, en el minuto 14 por lesión y se había quedado con un futbolista menos por la inocente expulsión del lateral Kelvin Leerdam por doble amarilla (27′ y 34′). E Ibrahim Afellay, que tan solo unas semanas después reforzaría el Barça de Pep Guardiola, había hecho el 2-0, alzando sus índices al cielo tras batir a Ron van Dijk con un tiro cruzado e inalcanzable.

Tras el descanso, los goles fueron cayendo uno detrás de otro, de forma incesante, felizmente incesante, dolorosamente incesante, con un PSV inhumano en el acierto y un Feyenoord desnudo, famélico. El Philips Stadion era un tobogán hacia la portería visitante, un imán; mientras Mario Been, técnico de los de Róterdam, aguantaba el chaparrón de pie, en su área técnica, y el sueco Andreas Isaksson, meta del PSV, ejercía de simple espectador desde la portería local. Un joven Nordin Amrabat hacía lo mismo desde el banquillo de los de Eindhoven, en la que sería su última temporada en su Holanda natal. En la segunda parte anotaron Reis (47′), Ola Toivonen (49′), a centro de Afellay desde la derecha, Jermain Lens (55′), de nuevo Reis (59′), Balázs Dzsudzsák (62′), Orlando Engelaar (69′), Dzsudzsák (77′), desde los once metros, y Lens (87′), hasta saciar las ansias de una hinchada enloquecida que bramaba “diez, diez, diez” cada vez que sus futbolistas superaban a Van Dijk. Hasta cerrar el partido con un bárbaro 10-0, culminando una de las mayores goleadas de la historia de la Eredivisie y la derrota más dura de toda la historia del Feyenoord, por encima del 2-8 encajado por los de De Kuip contra el Ajax en el año 1983.

 

Aquel 10-0 fue una de las mayores goleadas de la historia de la Eredivisie y la derrota más dura de toda la historia del Feyenoord

 

Stefan de Vrij, de apenas 18 años, Georginio Wijnaldum, que aún no había llegado a las dos décadas, y compañía acabaron abatidos, bocabajo, buscando respuestas a tanto dolor en el suelo, o más abajo. Justo después del encuentro, Been reconoció que el ambiente en el vestuario era casi lúgubre: “sombrío, con lágrimas y desolación”. “Lo que ha pasado es indescriptible”, suspiró, en unas declaraciones recogidas por El País. Apenas podía articular palabra. “Estoy avergonzado y me duele el alma”, dijo.

El PSV, ganador de siete ligas entre 1999 y 2008, cerró aquella jornada más líder, aprovechando el traspié del Ajax en el estadio del modesto Excelsior (2-2), pero el título acabó en las vitrinas del Ajax, que, pese a perder a Luis Suárez en enero, recuperó el cetro al acabar el curso con dos puntos más que el Twente, campeón en la 09-10, y con cuatro más que el PSV. El Feyenoord, que en su día fue el primer holandés ganador de la Copa de Europa, de la Copa de la UEFA y de la Copa Intercontinental, salió del Philips Stadion bordeando el descenso, pero acabó manteniendo la categoría (10º), y con el tiempo acabó saliendo del pozo, hasta proclamarse de nuevo campeón de liga en la 16-17.

El meta Rob van Dijk, que había regresado al Feyenoord para finalizar su carrera en el club con el que había irrumpido en la élite, y con el que había conquistado una liga (92-93) y dos KNVB Cup (93-94 y 94-95), colgó las botas y su ’18’ al final de aquella temporada, pero, a última hora, ya con más de 40 años, decidió volver al ruedo para un último baile, con la camiseta del Utrecht. “Me sentía un fracaso muy público, tras ser despedido de Apple, e incluso pensé en huir de Silicon Valley, pero aún amaba lo que hacía. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado”, dijo un día Steve Jobs en Stanford. “Simplemente, disfruto del fútbol”, contestó Van Dijk en una entrevista.

 


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