Zidane, Xavi, Iniesta, Ronaldo, Figo, Raúl, Casillas o Busquets… Tenía muchos y muy buenos dónde elegir entre los jugadores que ha tenido a sus órdenes. Sin embargo, cuando a Vicente del Bosque, entrenador del Real Madrid galáctico y seleccionador campeón del último Mundial y la última Eurocopa, le preguntaron por un futbolista que le hubiera impresionado desde el primer momento, el salmantino prefirió ser pragmático. “Voy a remontarme a mi época, a un jugador que se llamaba Planelles. Fue el mejor y tuvo una carrera más corta de la que valía que tenía”, confesó.

Seguramente no fue imparcial porque ambos compartieron tres años de jugador. Pero lo que es seguro es que no fue del todo sincero porque el ‘mejor’ de Del Bosque no quiso ser nunca el mejor. Juan Bautista Planelles (Burriana, 26 de octubre de 1951) sólo quería ser Juanito. Futbolista capaz de abrir los muros de las defensas, le vencieron las murallas de su cabeza. Planelles prefirió estar tranquilo en su ciudad para poder seguir llamando a la gente ‘xiquet’ (chavalín) y que las personas siguieran llamándole Juanito a él.

Su caso no es como el del ‘Trinche’ Carlovich, la leyenda amateur argentina que jugó apenas dos partidos con Rosario Central. Tampoco se parece a Robin Friday, el mejor jugador inglés que sólo destacó en el Reading en Cuarta y en Tercera. No, no fue por falta de oportunidades. Planelles no se puede quejar de eso. Todo lo contrario. Disputó 141 partidos en Primera División, donde permaneció ocho temporadas y anotó 26 goles. Militó en un grande como el Real Madrid y en los históricos Valencia y Zaragoza. A él, lo vieron jugar en Europa. Se paseó por la UEFA, firmó un hat trick contra el Hibernians de Malta en la Recopa de 1971 y hasta marcó un gol en la Copa de Europa al Olympiacos de Nicosia. No pasó desapercibido porque fue internacional dos veces con la selección española. Ladislao Kubala le hizo debutar contra la ‘Naranja Mecánica’ de Johan Cruyff, Rep, Keizer, Hann y Johan Neeskens y únicamente un gol del ‘Flaco’ en el minuto 89 de partido pudo doblegar a la ‘Roja’ (3-2). Y tampoco se puede decir que no tuviera éxitos ya que ganó dos Copas con los blancos (1969-70 y 1973-74).

Sin embargo, en la vida hay que saber elegir muy bien a los enemigos. Si uno quiere conservar su puesto o incluso progresar no parece muy inteligente dar la espalda al jefe o querer derrocar al gallo del corral. Tras dos cesiones al Castellón, donde era el amo, el Real Madrid, que le había fichado de juvenil, le repescó y Planelles se encontró un vestuario de castas donde imperaba la jerarquía. Poco amigo de pasar por el aro, un día noqueó al líder, el central Benito, último representante de la ‘Furia’ española, web del Madrid dixit. Ante tal afrenta, éste y Amancio le hicieron la cruz. Planelles desapareció de las alineaciones justo antes del 0-5 del Barça en el Santiago Bernabéu. En el Valencia no hizo migas con dos técnicos yugoslavos. Mientras que en el Zaragoza no quiso obedecer al capitán Violeta, al que le recriminó su ascendente y llegó a dar 1.000 pesetas para que se hiciese construir una estatua.

Así que dónde verdaderamente disfrutaron de su fútbol fue en su casa, en el Castellón. “El que quiera verme jugar, que venga a Castalia”, sacaba pecho. Allí logró dos ascensos —ambos certificados con sendos goles suyos, hizo sucumbir 4-0 al Barcelona, se encaramó a la quinta posición de la tabla y llegó a la final de la Copa del Rey de 1973 donde un marcaje de Ángel María Villar al estilo Gentile —lo dicho, no sabía escoger a sus enemigos— facilitó que el Athletic Club se llevase el trofeo (2-0). Allí se retiró a los 32 años. “Si él quisiera no habría dinero para pagar lo que vale un futbolista así”, decían los expertos. Pero Planelles sólo quería ser Juanito.