*Usaremos la versión flamenca para referirnos al equipo (Mechelen) y no la castellanizada y más conocida en España (Malinas) al ser la primera la originaria del conjunto belga.


 

El fútbol belga no pasa por su mejor momento. Parece increíble escribir esto tres meses después de que la selección belga lograra igualar su mejor puesto en un Mundial (3º) en la copa del mundo de Rusia 2018. No obstante, hace apenas unos días, estalló la operación ‘Manos Limpias’ contra la corrupción en el fútbol belga, con la fiscalía y la policía federal registrando sedes de clubes como Anderlecht, Club Brugge o Standard de Liége, así como deteniendo a entrenadores, ex presidentes, agentes de futbolistas o árbitros que todavía están en activo.

Uno de esos clubes que fueron objeto de pesquisas y registros –en este caso, implicado en la investigación contra amaños de partidos en la recta final de la temporada 2017/18- es el KV Mechelen, un club histórico que en la actualidad milita en la Segunda División del fútbol belga y que, tras alcanzar la cima continental, vive ahora uno de sus momentos más oscuros. Por suerte, su afición se resiste a ello e intenta devolver a los Malinwa a la máxima categoría del fútbol belga a base de apoyo desde la grada. Pero… Empecemos por el principio.

Únicamente hay dos equipos en Bélgica que hayan ostentado el honor de levantar un título europeo: el RSC Anderlecht (5) y el KV Mechelen (2). Los segundos, los flamencos, son nuestros protagonistas. Otros conjuntos como el Club Brugge, el Standard de Liége o el Royal Antwerp han alcanzado finales de competiciones europeas pero nunca han logrado ganarlas. Además, ellos, el Mechelen, De Kakkers, -que podría traducirse como los católicos, en una adaptación al español-, son el último equipo belga capaz de coronarse en Europa. Un mérito enorme en un deporte rey que comenzaba a vislumbrar, en un lejano horizonte, la Ley Bosman y que, poco a poco, dejaba de lado a las ligas menos mediáticas para centrarse en los que serían los gigantes del nuevo fútbol.

Cuando en 1904 se fundó el club para crear resistencia frente al otro equipo de la ciudad, el Racing Mechelen -un club de origen socialista, frente a un KV Mechelen más conservador, que ahora deambula por el futbol amateur belga-, pocos pensaban que su futuro sería más brillante que el del ‘hermano mayor’. Por entonces, el fútbol en Bélgica aún no estaba profesionalizado y el equipo que del que hoy hablamos estaba compuesto por estudiantes de la vecina Leuven -actualmente ciudad universitaria, ubicada unos veinticinco kilómetros al sur de Mechelen-. Sin embargo, pasaron cerca de cuarenta años para que los hinchas del Mechelen pudieran celebrar un título. Llegó en la década de los cuarenta, cuando entre invasiones nazis y promesas aliadas conquistaron tres títulos ligueros en seis años. Una hazaña que quedaría en el recuerdo de todos los habitantes de la ciudad. Una localidad donde los adoquines están a la orden del día, los habitantes se desplazan habitualmente en bicicleta y una monumental catedral preside la plaza mayor. Un sitio precioso donde, como en toda Bélgica, es habitual que llueva el día que decidas visitarla.

 

Únicamente hay dos equipos en Bélgica que hayan ostentado el honor de levantar un título europeo: el RSC Anderlecht y el KV Mechelen. Los segundos fueron los últimos en lograrlo 

 

Tras estas exitosas campañas, los malos tiempos volvieron a Mechelen y el equipo estuvo a la deriva entre la Primera y la Segunda División, con un equipo semiprofesional -actualmente solo se considera fútbol profesional en Bélgica las dos primeras categorías (24 equipos)-, hasta la década de los ochenta. Fue entonces cuando John Cordier -un empresario de la electrónica en el momento de la compra del club, y político después- decidió invertir en el club y aportó su granito de arena a la edad de oro del fútbol belga.

El fútbol en Bélgica venía de sus años dorados. Y sin embargo, estos ya quedaban demasiado atrás para muchos. En la década de los 70 y principios de los 80 el Anderlecht había gozado de reconocimiento continental, formando equipos ganadores y levantando títulos europeos. El Standard de Liége ofrecía oposición desde la región francófona de Valonia y el Club Brugge se hacía fuerte en el norte. Eran grandes equipos que competían siempre por llegar lejos en competiciones de renombre como la Copa de Europa o la Copa de la UEFA. Además, Bélgica venía de lograr un meritorio tercer puesto en el Mundial de México’86, únicamente superada por un histórico Diego Armando Maradona.

Y ahora, una vez entrados en contexto, empecemos con el cuento de hadas. En el año 1987, el Mechelen rozó el doblete (Copa y Liga) quedándose a dos puntos en liga del campeón, el Anderlecht, y ganando la Copa belga al RFC Liége, el equipo más longevo de la ciudad de Lieja. Aquella victoria les proporcionó el billete a competición europea: jugarían la Recopa. Y vaya si aprovecharían la oportunidad. Dinamo de Bucarest (3-0) y Saint Mirren (2-0) serían los primeros en caer. Sin grandes dificultades y con sendas victorias en Mechelen. Y así, sin hacer mucho ruido, el equipo que entrenaba el ya mítico Aad de Mos se había plantado en cuartos de final.

Allí esperaban los soviéticos del Dinamo Minsk. Victoria en casa (1-0) y vuelta sufrida en Bielorrusia. El gol de Eli Ohana -que ya venía de anotarle un doblete a los escoceses del Saint Mirren- en la capital bielorrusa fue clave para certificar el pase. Un Eli Ohana que con 23 años se coronaría -estando en el Mechelen- con el distinguido Trofeo Bravo que otorgaba Guerin Sportivo.

Con el fútbol italiano comenzando su etapa dorada, al equipo belga le tocaba enfrentar en semifinales al Atalanta de Bérgamo. Eliminatoria dura, igualada, con lleno en ambas canchas y donde de nuevo volvió a anotar Ohana. 2-1 en la ida. Resultado favorable pero peligroso. Un solitario gol local en el partido de vuelta podía dejar al Mechelen fuera. Y había 40.000 almas aquella noche en el Stadio Atleti Azzurri d’Italia. Preud’homme; Sanders, Clijsters, Rutjes, Deferm; Koeman, Hofkens, Emmers; Ohana, De Mesmaeker y De Wilde eran los elegidos por De Mos. Sorpresa porque Den Boer -que había anotado tres goles en el torneo y venía siendo el delantero centro habitual- se quedaba en la banca. El partido estaba siendo lento, pesado, con dominio italiano pero sin excesivo peligro. Apenas había aparecido Preud’homme en un par de ocasiones -brillantemente, eso sí- para evitar el tanto local. Justo lo que buscaba Aad de Mos. Que no se jugara. Y justo entonces llegó el penalti. Manos en el área belga y gol de Oliviero Garlini. Estaban en la calle.

Bronca al descanso y lavado de cara. Tras la reanudación y con la entrada de Den Boer, el partido obtuvo mandato belga. Una y otra vez, jugada tras jugada, la pelota acababa cerca del área de Otorrino Piotti. El Mechelen avisaba, hasta que en el minuto 59, y tras botar una falta lateral, el neerlandés Graeme Rutjes empalmó en la esquina izquierda del área italiana una volea perfecta con la zurda. Un gol increíble. La eliminatoria volvía a ser para los flamencos. Si el partido acababa así, el Mechelen jugaría -se presuponía que ante un Ajax que venía de ganar 0-3 en Marsella- la primera final europea de su historia. Minutos después y con el Atalanta volcado al ataque, un jovencísimo Marc Emmers recibía en la esquina contraria al gol de Rutjes, sin ningún compañero cerca. Dejó sentado al primer defensor italiano que le salió al quite y con un disparo abajo, seco y certero, tras irse hacia la frontal del área, colocó el 1-2 definitivo. El Mechelen estaba en la final.

Para el partido por el título se vistió de gala Estrasburgo (39.000 espectadores) y era el Ajax de Amsterdam (4-2 global v OM) el que esperaba allí. Con un once parecido al de la vuelta en Atalanta formó De Mos. Preud’homme; Sanders, Clijsters, Rutjes, Deferm; Koeman, Hofkens, Emmers; Ohana, De Wilde y Den Boer. Esta vez sí, el técnico de La Haya sacaba a su delantero titular desde el minuto uno. Frente a ellos, el Ajax de Barry Hulshoff, vigente campeón de la Recopa, con Menzo; Blind, Verlaat, Wouters, Larsson; Scholten, Winter, Mühren; Van’t Schip, Witschge y Bosman.

 

‘’El club estará siempre en nuestros corazones, incluso si bajamos a nivel provincial’’, cuenta un hincha

 

El partido se rompió muy pronto. Fantástica contra que inicia Marc Emmers en campo propio, gran pared con Den Boer y en dos zancadas se planta frente al portero. Menzo está ahí. Únicamente él entre Emmers y el gol. Bueno, Menzo y Blind, que llegó por atrás como una exhalación y barrió a Emmers con una entrada criminal al tobillo. Expulsado. El Ajax con diez desde el minuto 16. Pese a la expulsión, los holandeses plantaron cara y no fue hasta el minuto 53 cuando Eli Ohana –otra vez- rompió a su par en la banda izquierda y con un centro al primer palo asistió a Den Boer para que hiciera el 1-0. Y el Mechelen levantaba el primer título europeo de su historia.

Meses después, ya en 1989, el conjunto flamenco volvería a destrozar a un equipo de la vecina Holanda. Esta vez la víctima sería el PSV, que caería por un global de 3-1 (3-0 en la ida) en la Supercopa de Europa. Y luego vendría la liga belga. Y el trofeo Joan Gamper. Ambos torneos ganados. Y unas semifinales de Copa de la UEFA. Todos los focos de la prensa flamenca y valona viraban a Mechelen, olvidando Bruselas, Lieja o Brujas. Todos a Mechelen. Los de amarillo y rojo estaban en la cresta de ola y, aunque el éxito -como ocurre tantas veces- fue efímero, aún hoy los hinchas del Stadion Achter de Kazerne recuerdan con alegría aquellos días donde se codeaban con la élite europea.

Por eso, tras una temporada realmente decepcionante donde se consumó el descenso a la Segunda División de Bélgica, el KV Mechelen ha batido su récord de abonados: 10.000, superando así los 9.800 de la temporada pasada. Es cierto que influye la remodelación del estadio, que, con gradas nuevas y un aspecto increíblemente bonito, es capaz de acoger ahora hasta 16.000 espectadores, pero también es un hecho que los hinchas del club flamenco se resisten a dejar caer un equipo que no compite en Europa desde la temporada 1993/94. ‘’El club estará siempre en nuestros corazones, incluso si bajamos a nivel provincial’’, cuenta un hincha del Mechelen en una entrevista en la Gazet Van Antwerpen.

Ahora, mientras en los juzgados y las comisarías de Bruselas se decide qué ocurrirá con los directivos del KV Mechelen implicados en la compra de partidos, la plantilla, el staff técnico y los hinchas aguardan expectantes mientras pelean por el ascenso a la máxima categoría del fútbol belga. El hábitat natural de este equipo. “¡Canta hasta que mueras, somos los Malinwa, orgullosos de nuestros colores, amarillo y rojo!”, se sigue escuchando en las gradas del Achter de Kazerne cada dos semanas.