En De Kuip animan tanto que todavía por las calles resonarán los cánticos de aquel mayo de 1999. La última Eredivisie del Feyenoord, la última ocasión en la que sentirse reyes de los Países Bajos. Desde entonces la odisea por el desierto está siendo larga. Por el camino se han encontrado con derrotas humillantes, la pérdida de relevancia y la sensación de que nunca volverían a pelear un gran título. Hasta el AZ ha tenido mayor gloria. Para un club con semejante número de fieles, un estadio que enloquece y tanta historia detrás, todo ello supone un fracaso. Copa de Europa, dos Copas de la UEFA y una Intercontinental posan en sus vitrinas. El Feyenoord no es un club más, por mucho que en el fútbol moderno eso parezca. Caemos en el error de creer que clubes así son vulgares, y nada más lejos de la realidad. De ahí que sea tan importante la conquista liguera, porque muchos jóvenes aficionados al equipo más grande de Rotterdam jamás se han sentido el mejor equipo de su país. Son historias de otra generación, aquella que les vio vencer con comodidad hace 18 años.
Aquella temporada fue curiosa. El Willem II fue el segundo clasificado, dudo que volvamos a ver algo parecido. De hecho, en la presente campaña están novenos. Terminaron a 15 puntos del líder, y allí jugaba el mito checo Tomas Galasek. El PSV fue el tercero, y estos sí tenían un gran equipo. La delantera formada por Ruud van Nistelrooy y Luc Nilis firmaron entre los dos 55 goles, tremendo. También tenían a cuatro mitazos: Rommedahl, Khokhlov, Ooijer y sobre todo Abel Xavier. Es tan raro ver al Willem II tan arriba de la tabla como el pelo de Xavier. ¿Y cómo terminó el Ajax? En sexta posición, fuera de las plazas europeas. Cuatro años atrás habían logrado la Champions League, y la pérdida de jugadores había sido importante. De todas formas, ahí seguían van der Sar, Litmanen, Gronkjaer, McCarty o Frank de Boer. Lo cierto es que, tan solo tres años después el Feyenoord levantaría su último gran título continental: la Copa de la UEFA. Las raíces ya las tenían plantadas, pero el factor diferencial fue Pierre van Hooijdonk. Cómo tiraba las faltas, jugó aquella UEFA al modo Dios. Además, Tomasson ya tenía una mayor experiencia y un tal Robin van Persie se labraba un nombre. Lejos está el actual Feyenoord de tener futbolistas de esa magnitud, pero están logrando una solidez que hacía muchos años que no se les veía. El primer paso para volver a la Champions es conquistar la Eredivisie, dos pájaros de un tiro. No debemos olvidar, que fue el primer conjunto neerlandés en lograr la Intercontinental, UEFA y Copa de Europa.
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