Habitualmente, cuando un joven talento despunta, no perdemos un segundo en comenzar a debatir sobre el jugador que puede llegar a ser. No se escatiman adjetivos ni nombres propios. No exagerar resulta complicado. El fútbol es así. Y nosotros también. Lo llamativo del caso de Vinicius Junior es que, en realidad, con él se ha producido el fenómeno completamente contrario: “quién no es ni será Vinicius”.

Seguramente todo esto fue consecuencia de las circunstancias especiales de su contratación y de su posterior desembarco en Europa, las cuales de hecho llevaron al Real Madrid a tratar de protegerle de un primer impacto que, seguro, iba a ser más agresivo y duro de lo normal con él. Porque el fútbol es así. Y nosotros también. Y llegar al Madrid en el verano de la marcha de Cristiano Ronaldo y del no fichaje de Neymar Junior, siendo además el vigente tricampeón de la Champions, no parece el contexto teóricamente más adecuado para acoger a un talento de sólo 18 años.

Así, de buenas a primeras, Vinicius pasó de disputar la Copa Libertadores, una de las competiciones más duras, ásperas y exigentes a nivel físico y emocional del fútbol, a jugar en una Segunda B en la que, en realidad, sólo parecía poder perder. Y perdió.

Sea como fuere, esta situación, insostenible e improductiva a todas luces, no se prolongaría demasiado en el tiempo. El Real Madrid fue un erial durante demasiadas semanas y Santiago Solari, aunque al principio de forma timorata, comenzó a darle minutos al carioca. Vinicius no desaprovechó ninguno. Era tan diferente al resto que hasta sus fallos le sentaban bien a su equipo. Sin duda, su impacto fue inmediato.

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Lo primero que llama la atención en Vinicius es que tiene una velocidad especial. No sólo en el sentido más estricto del término, en relación con la carrera con o sin balón, que también, sino sobre todo a la hora de ejecutar cualquier acción. Sus controles, sus conducciones, sus desbordes. El carioca se mueve, simplemente, a otro ritmo.

Amparado en esta velocidad, cada idea que tiene Vinicius Junior le está permitiendo al Real Madrid ampliar los propios límites a los que parecía estar sometido esta temporada. Por eso, como decíamos, cada error suyo está teniendo un impacto positivo en el juego de su equipo. Y no es una exageración. En el fútbol hay fallos que suman más que muchos aciertos. Y los de Vinicius son así porque siempre tienen el sentido del que la mayoría de sus compañeros carece: el de la agresividad. Le hemos visto picar al espacio atacando el hueco entre central y lateral. Le hemos visto conducir por fuera hasta lograr girar a toda la defensa. Le hemos visto producir en estático, desde el pico del área, mostrando un regate más efectivo por su velocidad que por la creatividad o la técnica del mismo. Y le hemos visto también aparecer por dentro para girarse y cambiarle de forma inmediata el ritmo a la jugada, que es al final en lo que se resume el impacto táctico de Vinicius Junior en este Real Madrid de Solari.

 

Cada idea que tiene Vinicius le está permitiendo al Real Madrid ampliar los propios límites a los que parecía estar sometido esta temporada

 

Con él en el campo, el conjunto blanco tiene la posibilidad de cambiar de segunda a sexta marcha sin necesitar pasar por tercera, cuarta y quinta, que es algo para lo que ahora mismo ni el equipo ni sus jugadores parecen estar preparados.

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Vinicius se mueve realmente bien sobre el campo, demostrando una comprensión del tiempo y del espacio superior a lo habitual. En el partido ante el Betis, en el que jugó en punta junto a Karim Benzema, el atacante carioca no sólo agredió a la defensa contraria, sino que también ayudó a ordenar a sus propios compañeros. Aquel día buscó la pelota de forma incesante sin por ello restarle en ningún momento espacio al pasador, que es lo que suele suceder con los jóvenes talentos.

Esto sin Benzema ya no fue posible, porque la posición de 9 no es la misma que la del segunda punta y porque jugar sin el francés no es lo mismo que hacerlo con él, pero mientras compartieron minutos el brasileño insinuó que, quizás, en determinados escenarios, conectar por dentro con Vinicius puede llegar a ser incluso más productivo que hacerlo en banda, donde es más fácil recibir pero es más difícil incidir.

Curiosamente, hasta el momento, el gran ‘pero’ de Vinicius está relacionado ahora mismo con su técnica. Es demasiado irregular. Sus contactos con el balón no son siempre limpios. La pelota no le obedece con la continuidad o la firmeza esperada. Tiene que corregir demasiadas veces, sobre todo cuando emprende el slalom, lo cual afecta a su posterior definición. A menos técnica, más necesidad de velocidad. Y a más velocidad, más complicado decidir y definir correctamente.

 

El gran ‘pero’ de Vinicius está relacionado ahora mismo con su técnica. Es demasiado irregular. Sus contactos con el balón no son siempre limpios

 

Por eso, a pesar de que su estilo es eminentemente agresivo, el brasileño está siendo más determinante en el juego que en el marcador. Y precisamente sobre esta paradoja se asienta su rendimiento inmediato en un Real Madrid que necesita las dos cosas, más si cabe lo segundo. Vinicius, generar, genera. Llegar, llega. Y decidir, decide. Y además de forma más que correcta, como por ejemplo demostró al intentar aquella creativa –e imparable, de haber acertado- vaselina ante Vaclík. Pero su contacto con el balón es demasiado errático como para acompañar a la potencia de un mayor control.

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Hay una cualidad que parece indispensable para triunfar en el Real Madrid moderno: la capacidad para abstraerse de todo lo que sucede a su viciado alrededor. Y hasta la fecha lo cierto es que el carioca está demostrando no cohibirse por nada. Los pitos, las dudas, la frustración… La nostalgia. Vinicius juega como si nadie esperase nada de él y, al mismo tiempo, como si todo dependiera de lo que fuera a hacer. Pide balones, toma decisiones y arriesga constantemente. Vinicius juega su propio partido. Y éste suele ser bastante mejor que el que está jugando el Real Madrid de Solari.

Por eso, aunque sea muy pronto para valorarle o para proyectar escenarios mínimamente plausibles, lo que ya sí sabemos, porque lo está demostrando, es que es un jugador con la suficiente materia prima y con la suficiente personalidad como para lograr estar por encima de un mal momento de todo un Real Madrid. Algo que otros jugadores más contrastados y más hechos, quizás incluso mejores, como Marco Asensio, de momento no han conseguido demostrar. Aun no sabemos qué significa exactamente esto, pero es evidente que sí significa algo importante.

A Vinicius Junior todavía no lo ha devorado Saturno.