El Chelsea ha fichado durante la última década a delanteros de todo tipo: jóvenes con proyección, veteranos consagrados, parches de emergencia e incluso regresos estelares. A pesar de eso, ninguno de esos arietes consiguió consolidarse. Quizá porque Stamford Bridge nunca ha tenido paciencia con los puntas, quizá porque la sombra de Didier Drogba sigue siendo demasiado grande o, simplemente, porque el club ha vivido excesivos cambios de entrenadores y de estilos como para dar la continuidad necesaria a un ‘9’ de referencia.
Sea cual sea la explicación, vestir la camiseta con el ‘9’ del Chelsea (que este curso cubrirá el torso de Liam Delap, procedente del Ipswich Town), más que un privilegio, se ha convertido en una maldición. Hasta que alguien consiga romperla, seguirá siendo el dorsal más temido del barrio más azul de Londres.
Llegó en enero de 2011 como el fichaje más caro en la historia del fútbol británico: 50 millones de libras. El Chelsea compraba al ídolo del Liverpool, al delantero que había marcado 65 goles en tres temporadas en Anfield. Sin embargo, lo que llegó a Londres fue un jugador mermado anímicamente y castigado por las lesiones. Sus 45 goles en 172 partidos pueden parecer un buen botín, pero no para quien debía ser el heredero de Drogba. Hubo momentos icónicos —como el gol en el Camp Nou en semifinales de la Champions 2012—, pero fueron destellos aislados. Torres simbolizó la frustración de un fichaje histórico que nunca cumplió lo que prometía.
Hubo momentos icónicos, como el gol en el Camp Nou en semis de la Champions 2012, pero fueron destellos aislados. Torres simbolizó la frustración de un fichaje histórico que nunca cumplió lo que prometía
En verano de 2017, el Chelsea lo fichó por 65 millones de libras procedente del Real Madrid. Sus primeros meses fueron ilusionantes: 11 goles antes de diciembre, muchos de ellos de cabeza. Pero aquel inicio fue un espejismo. Las lesiones en la espalda, la presión por el precio que había costado y, sobre todo, la falta de confianza lo hundieron. Él mismo confesó en entrevistas posteriores que sufrió ansiedad y que le costaba dormir antes de los partidos. Acabó con 24 goles en 72 encuentros, pero lo que más se recuerda de su etapa son los fallos bajo portería y la sensación de incomodidad constante.
En enero de 2019 llegó cedido de la Juventus a petición de Maurizio Sarri, que buscaba un delantero de confianza y llevó la mirada a sus tiempos en Nápoles. El argentino, que había brillado en la Serie A, ya estaba lejos de su mejor estado físico. Su medio año en Londres se resume en 18 partidos y cinco goles. No hubo química ni con el equipo ni con la grada. Salió por la misma puerta por la que entró, casi como si nunca hubiera entrado.
La vuelta de Lukaku en 2021 debía ser la ruptura definitiva de la maldición. Se marchó como un talento precoz y el club, para repescarlo unos años más tarde, pagó 97,5 millones de libras al Inter tras una temporada de 24 goles en Serie A y un Scudetto. Era el momento de redimirse en el equipo que lo había fichado en 2011 siendo apenas un adolescente. Pero el reencuentro se torció desde el principio: problemas físicos, poca conexión con el sistema de Tuchel y un desencuentro público tras una entrevista en la que confesó no ser feliz en Londres. Apenas marcó ocho goles en liga y dejó episodios para el olvido, como aquel partido contra el Crystal Palace en el que solo tocó siete balones en 90 minutos. El regreso, que debía ser idílico, se convirtió en un via crucis.
La vuelta de Lukaku en 2021 debía ser la ruptura definitiva de la maldición. Pero el reencuentro se torció desde el principio: problemas físicos, poca conexión con el sistema de Tuchel y un desencuentro público
En 2015, tras una cesión gris en el Manchester United donde apenas marcó cuatro goles en 29 partidos, el Chelsea decidió apostar por Radamel Falcao en calidad de préstamo desde el Mónaco. Mourinho lo avaló, convencido de que aún podía exprimir al delantero que en el Oporto había firmado 72 goles en dos temporadas y que en el Atlético de Madrid había alcanzado la cima con 70 tantos, dos Europa League y una Supercopa continental. Pero aquel ‘Tigre’ ya no rugía: las lesiones de rodilla lo habían dejado irreconocible. En Londres apenas disputó 12 encuentros oficiales y solo marcó un gol, frente al Crystal Palace, antes de regresar lesionado al Principado en enero de 2016. El ‘Tigre’ que había aterrorizado defensas en la liga española durante varios cursos acabó reducido a un simple cachorro.
Su cesión en enero de 2016 fue un intento desesperado por encontrar soluciones en ataque. El brasileño, que ya no era aquel talento eléctrico que deslumbró en el Milan y que en ese momento pertenecía al Corinthians, aterrizó en Londres con la promesa de recuperar su carrera en Europa. Sin embargo, su aventura se convirtió en un espejismo. Pasó casi dos meses sin debutar por falta de forma física y, cuando por fin se estrenó, lo hizo marcando un gol de penalti ante el Aston Villa. Nada más. Solo jugaría otro partido con la camiseta ‘blue’ antes de regresar a Brasil. Su paso fue tan efímero que muchos aficionados ‘blues’ incluso han olvidado que en una ocasión fue uno de los suyos.
Llegó en 2022 como último recurso tras su excitante paso por el Barcelona. De repente, cuando algunos ya lo habían descartado, su rendimiento volvía a estar a la altura del de los mejores ‘cazagoles’. Pero apenas un día después de su debut, Thomas Tuchel —el entrenador que había relanzado su carrera en Alemania y que había pedido su incorporación— fue despedido. Sin su valedor y en un proyecto que se desmoronaba bajo la nueva propiedad de Todd Boehly, su aventura terminó con tres goles y un papel testimonial.
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Fotografías de Getty Images.
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