Miradas

Mari Carmen y el fútbol

Sabemos que en el fútbol las insurrecciones se inician cuando la pelota no entra. También tenemos claro que, para marcar, es necesario generar espacios con el fin de crear buenas ocasiones que nos permitan acercarnos al gol, que es el objetivo del juego. Con la vivienda nos pasa algo parecido, los cada vez más reducidos (y caros) espacios en los que vivimos no nos dan la oportunidad de crear las ocasiones necesarias para imaginar, crear y, en definitiva, ser, estar y vivir en condiciones dignas, lo cual no debería ser un objetivo de este juego que es la vida, sino un derecho fundamental que se respeta de verdad. Si, además de esto, vemos cómo se echa a nuestros mayores de sus casas, el vaso se colma, la mecha se prende y empieza la insurrección.

Al igual que de nuestros pisos, los clubes buscan echar, a través de subidas de precios y de todo tipo de trabas, a los aficionados que más tiempo llevan siguiendo a su equipo para reemplazarlos por otros diferentes: más ricos, menos comprometidos, menos pasionales y con menos sentimientos hacia el club. Esos que vienen, ven y consumen (veni, vidi, consumpsi). Esto no es nuevo, Nick Hornby ya intuye en Fiebre en las gradas que la deriva de los clubes iba hacia el reemplazo, a través de la subida de precios, de los aficionados más fervorosos por otros de un estrato social superior capaces de gastar más, sentir menos y causar menos problemas. ¿Os imagináis a un aficionado asiático de los que se ven cada fin de semana en nuestros estadios yendo a un entrenamiento del Getafe para hablar con los jugadores por los malos resultados del equipo? 

 

Al igual que de nuestros pisos, los clubes buscan echar, a través de subidas de precios y de todo tipo de trabas, a los aficionados que más tiempo llevan siguiendo a su equipo

 

El mismo Hornby cuenta cómo en una de las finales a las que asistió en Wembley para ver a su Arsenal estaba rodeado de aficionados que se pasaron el partido hablando del trabajo y a los que el resultado les importó bastante poco. ¿No creéis que a La Liga le gustaría reemplazar a los aficionados de siempre por turistas adinerados? Aunque aquí aparece una contradicción: las televisiones siguen tirando de las zonas más animadas de los estadios para embellecer las retransmisiones. Estoy seguro de que, si pudieran crear un aficionado turista adinerado con la pasión de un aficionado de aquí de los de siempre, La Liga ya estaría invirtiendo en ello. 

Evidentemente, el problema de la vivienda es mucho más grave que lo que ocurre en nuestras gradas. Ya sabéis que el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes. Sin embargo, como dijo Ignatius Farray en la acampada de Sol, debemos defender y cuidar a los que han estado ahí siempre, a los que se preocupan por los vecinos, a los que hacen que el comercio local funcione, a los que mantienen las raíces y la pertenencia del lugar, porque a los que quieren echarnos todo eso les da igual, y eso va en detrimento de los que de verdad quieren y necesitan estar y es aplicable al barrio y al estadio.  

 


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Fotografía de Getty Images.

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Jorge López

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