Fue ya hace 12 años que su nombre apareció por primera vez en los diarios: Máximo goleador en la Copa del Mundo sub-17. La misma que significó el primer título mundial de la selección mexicana. Su talento no tardó en darle frutos y con apenas 16 años cumplidos, más de un equipo europeo se quiso hacer con los servicios del surgido en las fuerzas básicas de Chivas, pero el ojo clínico de Arsene Wenger no permitió que su destino fuera otro que el Arsenal. La edad no era impedimento, pero fiel a la costumbre de los clubes ingleses, se fue cedido un par de temporadas para acabar su proceso de maduración.

Fue en España, específicamente en Salamanca y Osasuna, donde terminó su formación temprana, reafirmó su etiqueta de promesa y donde sin saberlo aún, terminaría su carrera europea, ya que a pesar de haber vuelto a Londres, el heredero de la ’11’ gunner –sí, la que vistió Robin van Persie en sus inicios–, nunca brilló como se esperaba.

Quitó su apellido del dorsal, dejando cual rey ‘Carlos V.’ sobre su número y finalmente –quizá el más importante–, olvidó la presión que alguna vez sintió por jugar al fútbol

Por momentos se cuestionó su profesionalismo. No había dudas sobre su talento, quizá era el mejor mexicano desde su ascenso a la gloria aquella noche en Lima en el 2005, tanto así que con 18 años ya era constante de la selección mayor. Lo que sí se cuestionaba era su deseo de trascender y aunque jugó la Copa del Mundo de Sudáfrica en 2010, defender la playera del Tri se volvería un martirio para él.

Pero Carlos lo tenía claro: alejarse de la selección quizá pondría en buen rumbo su carrera a nivel de clubes y como Don Ignacio Trelles, el entrenador mexicano más célebre, alguna vez dijo: “En el fútbol como en la vida, los cambios siempre se hacen con la intención de mejorar”.

Y así fue, un contundente e irrefutable no a la selección mexicana le dieron la armonía que necesitaba para encender de nuevo la vela de su carrera. Ya con la Real Sociedad, equipo al que en principio llegó de préstamo pero de tanto mover las redes terminó ejerciendo la opción a compra, el mexicano cambió. Primero, pasó del ’23’ a su querido ’11’ que, por cierto, pertenecía al capitán Mikel Aranburu.  Luego quitó su apellido del dorsal, dejando cual rey ‘Carlos V.’ sobre su número y finalmente –quizá el más importante–, olvidó la presión que alguna vez sintió por jugar al fútbol.

A partir de entonces, la pregunta no era cuándo iba a aparecer, más bien fue todo lo contrario, dándole la razón al polémico Hugo Sánchez cuando dijo que es necesario fracasar para crecer. Vestido de ‘txuri-urdin’ el mundo lo conoció por ser el mejor anotador detrás de Messi y Cristiano, por ser el ‘compadre’ de Griezmann, por ser un referente de la Real y sí, también por rechazar una y otra vez a su selección nacional, incluso para Brasil 2014.

Pero mientras el Tri añoraba darle el ’11’ para el Mundial, Carlitos proyectaba su carrera más allá, porque si se hablaba de Griezmann, también se hacía de Vela y aunque se quedó en rumor, ¿cuántos colchoneros no hubieran querido a la dupla más productiva de España en el Calderón? Como sea, se quedó en San Sebastián con la afición que tanto cariño le había dado y donde su carrera realmente despegó.

Sorprendentemente regresó a la selección y tal y como se esperaba, su presencia llenó de fútbol la delantera azteca porque a fin de cuentas el Tricolor necesitaba más a Vela que él a la selección. A pesar de haber sido poco constante durante una temporada, su calidad seguía intacta y aunque Anoeta y el Azteca lo seguían aclamando, se le cruzó un nuevo cambio en el camino: la que para los aficionados es incongruente y sinónimo de estancamiento, pero que para muchos jugadores no es otra cosa que atractiva y cómoda. Sí, la MLS.

Muchos podrán no estar de acuerdo con su decisión, pero a veces pareciera que olvidamos que antes de futbolistas son personas y aunque Vela no fue el nuevo van Persie para el Arsenal, tampoco el Kovacevic que la Real esperaba, ni mucho menos el ‘Pentapichichi’ que los mexicanos vimos en él, sí fue lo suficientemente honesto para dejar el sueño europeo y optar por la tan mal vista comodidad.