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Sentados en un banco del pasillo de la universidad, esperando que llegue la hora de empezar la clase, mis amigos y yo pasamos el rato con conversaciones de lo más variopintas. El fútbol suele ser una de las cuestiones principales, ya sea adaptándonos a la actualidad deportiva o recordando viejos tiempos. Porque evocar épocas anteriores produce cierta satisfacción, sobre todo cuando llamativos nombres de antaño regresan con asombro a nuestra memoria, nombres de jugadores con una historia peculiar que, sorprendentemente, vistieron las mejores camisetas del país. Incluso una ligera sonrisa se dibuja en nuestro rostro cuando relacionamos según qué futbolistas con según qué equipos, tal como sucede cuando caemos en la cuenta de que Julien Faubert estuvo en el Real Madrid.

“Fue un fichaje que marcó a la gente porque nadie se lo imaginaba”, recordó en RMC Sport TV el representante del francés. Y no le faltaba razón, pues poca gente ha olvidado a este tipo que tan solo llegó a disputar 54 minutos, repartidos en dos partidos, con la zamarra blanca. Cuando aterrizó en el Bernabéu, probablemente solo los más eruditos le conocían. Ni siquiera los videojuegos sirvieron para conocer previamente a aquel futbolista cedido del West Ham, anteriormente en las filas del AS Cannes y el Girondins de Burdeos, pues no tenía una de las medias más altas del FIFA. Quizá su nivel real no era tan ordinario como la sensación que dio tras su corta andadura por la Liga. Aun así, cuatro meses fueron suficientes para dejar en el recuerdo varios momentos curiosos en la capital.

El episodio de la vida de Faubert en el Madrid fue anecdótico desde el principio. El primer contacto entre ambos fue mientras el lateral, carrilero, interior o pivote, entre otras posiciones en las que ha jugado, estaba en un autobús camino a Upton Park para disputar un encuentro frente al Fulham. Julien fue el primero que se sorprendió, según comentó a The Guardian, cuando recibió la llamada del club madrileño: “Dije que tenía un partido importante que preparar y que no tenía tiempo para ese tipo de basura. Apagué mi teléfono, jugamos el partido y luego volví a encenderlo. Vi alrededor de 30 mensajes de texto y 50 mensajes de voz. Fue entonces cuando supe que iba en serio”.

La primera opción del club ‘merengue’ era el interior ecuatoriano del Wigan, Antonio Valencia, quien acabó firmando por el Manchester United en el siguiente mercado estival. El Madrid, que pasaba por una etapa convulsa y había cambiado de entrenador y presidente en los últimos dos meses, recurrió al plan B. Con Juande Ramos dirigiendo el equipo y Vicente Boluda presidiendo la entidad, Faubert llegó al club en enero del 2009 junto a Lassana Diarra, Klaas-Jan Huntelaar y el joven Dani Parejo, quien regresaba de una cesión en el Queens Park Rangers. También en calidad de cedido (y con 1’5 millones de euros por el medio) acordaron West Ham y Madrid el traspaso del francés, por quien este último poseía un derecho de compra. 

 

“Cerré los ojos durante unos 30 segundos. Pensaron que me había enfadado porque no estaba jugando e imaginaron que estaba dormido”

 

Unas 50 personas dieron la bienvenido a Julien en su presentación en el Bernabéu. Debutó frente al Racing de Santander y tuvo unos pocos minutos frente al Athletic, pero su jugada más famosa ocurrió en el banquillo de El Madrigal. Mientras el equipo caía ante el Villarreal, el jugador se acomodó y descansó la vista durante un rato. La cabezada no quedó exenta de suspicacias, aunque Faubert tiempo después explicó lo sucedido: “Cerré los ojos durante unos 30 segundos. Pensaron que me había enfadado porque no estaba jugando e imaginaron que estaba dormido”. El bueno de Faubert dio mas juego fuera del campo que dentro.

Aquella no fue la única ocasión en la que el compromiso de Faubert quedaría en el punto de mira, puesto que entre sus extrañas peripecias también estuvo la de saltarse un entrenamiento. “El chico tuvo un despiste, pero nada más. Pensaba que el domingo era día libre, como de costumbre. No hay ningún problema con él”, defendió Juande Ramos en rueda de prensa al galo, quien tuvo que pagar una multa proporcional al tiempo de ausencia en el entreno. Tan solo unas semanas antes, el mismo técnico se había asombrado tras una supuesta demanda de minutos del futbolista nacido en Le Havre: “Lleva diez días lesionado. Acabo de estar con él hace media hora y creo lo que me dice a mí, no lo que sale publicado. Está lesionado, por eso no entrena ni juega”.

Con mucha más pena que gloria, Faubert regresó a Londres aquel mismo verano tras su breve estancia en Madrid. Tiempo después se marcharía al Elazigspor turco antes de volver a Burdeos. También probó suerte en el Kilmarnock escocés, el Inter Turku finlandés y en un destino exótico, la isla de Borneo. Entre tanta mudanza, consiguió extender su trayectoria internacional con la selección de Martinica (no afiliada a la FIFA) tras haber disputado un amistoso con Francia, en agosto del 2006. Bajo las órdenes de Raymond Domenech, Faubert debutó con el ’10’ a la espalda, convirtiéndose en el primer jugador en llevarlo tras la retirada de Zidane -el número y el peinado fueron de las pocas cosas que heredó de ‘Zizou’-. Curiosamente, logró anotar el tanto de la victoria en aquellos 21 minutos frente a Bosnia (1-2). 

Faubert no volvió a entrar jamás en una convocatoria con ‘Les Bleus’. En una entrevista para France Football, mostró su enfado hacia los medios galos, quienes, según él, dudaban de sus habilidades: “En lugar de presumir de que un francés jugaba para el Real Madrid, se dedicaron a criticarme y pensaron que un equipo así no estaría interesado en mí. Pero para mí fue una experiencia excelente y siempre estará en mi currículum”. Honestamente, la imagen de Julien Faubert tampoco es del todo favorable en España. A pesar de no tener calidad suficiente para triunfar en el Madrid, quizá no era tan vulgar como nos pensamos, tal y como demostró en Burdeos. Diego Tristán, compañero suyo en el West Ham, comentó que físicamente era una “bestia”

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cuando fichó por el club blanco.

Esta última temporada ha formado parte del Étoile Fréjus Saint-Raphaël, de cuarta división francesa, donde llegó libre y acabó ejerciendo de entrenador adjunto, hasta su destitución a principios de año. A punto de cumplir los 37, Julien Faubert sigue presente en el imaginario colectivo de los amantes del fútbol en España. Los fiascos muchas veces tiene mayor eco que los éxitos, motivo por el cual recordamos las huellas que dejaron en la élite jugadores como Faubert, que, pese a disputar solo 54 minutos en la Liga, once años después logra ser tema de conversación para unos muchachos que esperan el comienzo de una clase. Su paso fue fugaz, pero su recuerdo es duradero.

 


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Fotografía de Getty Images.