El eslovaco, el de la cresta alargada y el cuerpo tatuado como si de un presidiario se tratara, siempre estaba ahí. No hacía ruido, más bien todo lo contrario. Pisaba el área con sigilo, golpeaba el balón de manera sutil a algún ángulo imposible para el portero y entonces sí, entonces llegaba el grito. Las dos manos contra las orejas y el grito ante la curva de hinchas del Napoli. El amor entre Hamsik y Nápoles siempre ha ido más allá, sin la exigencia de ser un jugador nacido en sus calles, el eslovaco ha sido siempre su favorito.

Pasaron Lavezzi, Cavani o Higuaín. Da igual, todo mudaba y todo cambiaba, pero el ’17’ con las medias a la altura de los tobillos allí seguía. Sin hacer ruido cada temporada ha rondado los diez goles y las diez asistencias, pocos centrocampistas en la última década en Europa han producido tanto y durante un largo espacio de tiempo. Siempre entre los máximos goleadores, asistentes y con los mejores porcentajes de acierto en los pases. A Hamsik durante estos años le han mareado. Ha jugado de pivote, interior, mediapunta… Ya podría estar iniciando la jugada a 50 metros de la portería, él se las ingeniaba para pisar área y definir.

Se paralizó Nápoles cuando le robaron un reloj y los propios hinchas se lo recuperaron. El Napoli jamás le podrá devolver todo lo que ha dado por esa camiseta, más allá de 520 partidos, 121 goles y 111 asistencias. Los números perdurarán durante años y mucho tendrán que sudar si quieren superar sus cifras. Hamsik le puede mirar a Maradona a los ojos. De hecho, si Diego es considerado un Dios Humano en uno de los murales que adornan Nápoles, el eslovaco tiene también el suyo. El ’17’ nunca quiso ser como el ’10’ pero su vacío será casi equivalente al que dejó Maradona, huérfanos de un futbolista leal que se resistió a los mejores clubes de Europa por amor a una ciudad que hizo suya.

Ahora se va a China en mitad de la temporada, de nuevo sin hacer demasiado ruido. No ha habido despedida porque posiblemente esta no la sea, Hamsik volverá a casa. Su salida duele, pero, ¿cómo negarle una última aventura a quien has querido como un hijo? Da la sensación de que el próximo partido el capitán seguirá ahí, volverá a pisar el área y gritará con la curva. Sus medias ya se han bajado, sus actuaciones ahí quedan y ahora comienza su leyenda.