«Al fútbol le sobran fichajes y le faltan besos en el escudo, promesas de fidelidad e historias como la de Andrés Iniesta y Daniel Jarque».

Eduardo Grenier, en una columna publicada en el digital Cubadebate.

 

Llueve con fuerza sobre la capilla ardiente que es hoy el RCDE Stadium, y, con la permanencia ya convertida en una utopía, parece que la tormenta acabará, de forma ya ineludible, con el cuarto club que más cursos ha estado en Primera División (85) en la categoría de plata 26 años más tarde. «Como pericos incondicionales que somos, apoyaremos al club incluso en situaciones tan penosas como la actual. Esté donde esté el equipo, seguiremos sintiendo estos colores que amamos con locura. Y que nadie dude de nuestra lealtad. Ni de nuestra capacidad de levantarnos», insisten en afirmar desde la recién creada Peña Pericos de Cuba, que recibió el estatus de oficial a mediados del pasado marzo.

«Continuaremos alentando al Espanyol en Primera, en Segunda o en la inmundicia. En el césped o en el fango. En Primera o en el lodo. Somos fieles. La lealtad no se negocia. Porque el sentimiento hacia un club va mucho más allá de los resultados. No podemos, ni queremos, bajarnos del barco. Ni tirar la toalla. Muchos pericos que han disfrutado en Cornellà lloraron cuando vieron Sarrià convertido en escombros. Yo no viví eso. Pero si miles y miles han sufrido momentos tan dolorosos, ¿quién soy yo para bajar los brazos ahora? Está siendo un curso decepcionante, y amargo. Hemos tenido mala suerte, porque nuestro primer año ha sido el peor de la historia reciente del Espanyol, pero el fútbol es así: una de cal y otra de arena. Y hay que estar ahí tanto en los buenos momentos como en los más malos», reivindica el joven periodista cubano Eduardo Grenier; el primer presidente de la que es la tercera peña blanquiazul oficial del continente americano después de las de Brasil y Uruguay.

 

«El fútbol es así: una de cal y otra de arena. Y hay que estar ahí tanto en los buenos momentos como en los más malos»

 

Casi 8.000 kilómetros les separan del RCDE Stadium, pero «la pasión es la misma». «Los nervios no. En las graderías de Cornellà te refugias en el de al lado, en la gente. Los pericos somos una famila. Pero a 8.000 kilómetros de distancia, pegado a unos auriculares mientras escuchas la radio, sufriendo cortes en la señal por problemas con Internet, los nervios crecen de una manera bárbara. Pocas cosas me reportan tanto estrés como escuchar fútbol por la radio. Y lo sigo haciendo, al igual que mis compañeros. ¿Somos masoquistas? No lo sé. Lo que sé es que somos 15 locos irreverentes que nos levantamos a las 6 de la mañana para escuchar por la radio al colista y sufrir de forma increíble con cada derrota. Con lo fácil que es levantar Champions y ligas, e hinchar por los grandes; y con lo difícil y lo doloroso que es ser de los que pierden, de los humildes, de las minorías, de los que para vencer sudar el doble, de los que acabamos los domingos con el rostro desencajado. Es difícil decir por qué somos del Espanyol. Ni siquiera lo sabemos. Es un flechazo. Y el amor es innegociable», apostilla desde Cuba; donde el deporte rey continúa siendo el béisbol, la pelota, «el deporte que nos corre por las venas y que respiramos desde que nacimos», aunque «el fútbol ha conseguido algo impensable hace unos años, que es igualar a la pelota en seguidores. La fiebre y la pasión de la gente por el balompié en toda la isla es brutal. Casi todos son del Madrid o el Barça, pero también hay muchos seguidores de la Juve, el Manchester United, el Chelsea, el Bayern o el Borussia, entre otros».

La Penya Pericos de Cuba es, así pues, «una maravillosa minoría dentro de la maravillosa minoría perica». «Ni siquiera es un sueño hecho realidad, de hecho. Porque nunca soñé, ni imaginé, poder formar parte de una peña del Espanyol en Cuba», asiente el periodista, que a finales de diciembre del año pasado publicó un «tweet que se expandió como la pólvora»: «Amigxs, les pido su ayuda. Este 2020 quiero crear la Peña del Espanyol. A quien conozca algún simpatizante cubano, o español y perico residente en Cuba, le pido que me haga el favor de avisarme. De encontrar gente, me encargo de los procedimientos para oficializarla».

 

«Con lo fácil que es alzar Champions y ligas, y con lo difícil y lo doloroso que es ser de los que pierden, de los humildes. Pero somos del Espanyol, y el amor es innegociable»

 

«Lo pregunté dudando de si encontraría una segunda persona. Y casi sin esperanzas, como el jugador de básquet que en el último segundo tira la pelota al aro a ver si, de casualidad, consigue la canasta de su vida. Y todo acabó saliendo como si quien lanzara la pelota fuera Michael Jordan. Fue sumándose gente, y así hemos terminado construyendo la peña. Es algo extraordinario. Fue una alegría similar a la que siente un niño cuando le regalan un juguete. Nos sentimos inundados de felicidad», admite Grenier, que descubrió el Espanyol «en un derbi en Cornellà contra el Barça en el que perdimos por 0-1 con expulsión incluida de Kiko Casilla» (29.03.2014, con gol de Leo Messi).

«No hace tanto. Pero a mí me parece una eternidad. A partir de ese día empecé a ver al Espanyol con otros ojos. Con más simpatía. Y, con el paso de los años, esa simpatía fue transformándose en poco menos que una enfermedad, en un vicio. Y hoy mi afición es muy fuerte. Soy un perico de hace poco tiempo, y por eso respeto mucho a los que han nacido entre pañales blanquiazules, a los que sienten los colores del club desde niños, a los que han llorado durante toda su vida con el Espanyol. Pero ya me siento uno más de ellos. Porque este tipo de sentimientos son irremediables», finaliza Grenier, un apasionado del balompié: «El fútbol es un mejunje de sentimientos. Un fenómeno que cuando alcanza su máxima expresión, en un encuentro vertiginoso, de ida y vuelta, en el que los dos equipos buscan el arco rival sin temor, por ejemplo, aúna belleza, pasión, pureza, talento, locura, sutileza, vehemencia, tensión, desazón e ira. Y te estremece. Es una apisonadora que te pasa por encima y te deja exhausto, ebrio de tanto gozo. Es un fenómeno que puede cambiar el estado de ánimo de la gente. No existe invento igual. Ojalá la política tuviera el poder del fútbol. Habría muchísimos menos problemas en el mundo».

 


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Fotografía de Getty Images.