Gay Talese profesa que “detrás de cada triunfo hay también la decisión del deportista de asumir riesgos, y su responsabilidad caso de sufrir algún revés”. Es por eso que Víctor Valdés se merece un vehemente vítor. Un caluroso afecto del público del Camp Nou que el arquero catalán se ganó actuación tras actuación.

Los inicios y la carrera futbolística del portero de la Masia no fueron fáciles. Ahora el exguardameta del FC Barcelona ya no tiene la presión de los tres palos, pero sí la del banquillo azulgrana. Dios olímpico de la portería barcelonista, este verano se ha convertido en el entrenador del Juvenil A del club en el que desarrolló gran parte de su carrera como deportista.

Un dios con rostro humano

“Si bien se les llama inmortales, los dioses olímpicos forman parte de la vida habitual de los mortales”, escribe Jorge Juanes en ‘Los Dioses con rostro humano’. En efecto, cuando Valdés se lesionó de gravedad la rodilla con el Barça en 2014, desapareció de la burbuja futbolística. A los inapagables focos del deporte rey les fue difícil volver a iluminarle. Se camufló entre los mortales.

“Vivía en un hotel y, para ir a la clínica, tenía que coger el tranvía. Eso me sirvió para que después de muchos años volviera a tocar monedas, a saber lo que vale un viaje, a pagar un café… Miles de situaciones de las que no eres consciente siendo futbolista, porque vives una vida irreal”, explicó V.V. durante una entrevista en 2015 con la cadena colombiana RCN.

Durante su recuperación en Augsburgo, al mejor guardameta de la historia azulgrana le tocó vivir entre las tinieblas. Pero un paisaje oscuro que arrojó luz a su existencia. Un período que el propio Valdés calificó como una “cura de humildad”. Una lesión de rodilla sufrida una fría noche de miércoles que marcó la carrera de este exitoso guardameta que, previamente, ya había anunciado su retirada del club azulgrana.

 

La sensación de inmortalidad que dejó bajo los palos de la portería azulgrana no le convirtió en invulnerable

 

Tres Champions, seis Ligas, dos Copas del Rey, dos Mundiales de Clubes, dos Supercopas de España, seis Supercopas de Europa y cinco Zamoras en los 12 cursos con el Barça dejaron paso a cero títulos durante sus tres años de periplo entre Inglaterra y Bélgica. La sensación de inmortalidad que dejó en el fútbol español no le convirtió en invulnerable. Sin embargo, su tenaz personalidad le permitió seguir adelante en medio de la soledad. Especialmente, en Mánchester. “Para un tipo que en su día aseguró que le gustaba la soledad, debía sentirse verdaderamente muy solo”, redactó Luis Martín en El País.

Parafraseando a Robert Wilson en Solo una muerte en Lisboa, la herida de Victor Valdés se puede describir de este modo: “Al principio duele, duele horrores. Pero después la piel crece en derredor hasta que ya no duele. De vez en cuando se sienten esas punzadas cuando uno menos se lo espera, y uno se da cuenta de que aquello está allí y siempre lo estará. Forma parte de uno. Un punto fijo y duro en el interior”.

La etapa por el Manchester United, el Standard Lieja y el Middlesbrough, el silencio de V.V. cuando se retiró del fútbol o simplemente su vida como portero bien podrían convertirse en un artículo del libro de Gay Talese, El silencio del héroe. Porque el héroe de la portería del Barça también perdió. De este modo, Valdés se pone a la altura de leyendas del deporte como Ali o DiMaggio que vivieron la fiesta del éxito y el revés de un hundimiento.

Regreso a los focos

Cuando acabó su carrera como deportista se apagaron las luces. Un “Gracias por todo” y la posterior desaparición del mundo de las redes sociales fue el adiós de la ‘Doble V’. Un mensaje que hipnotizó a medios de comunicación y aficionados, que durante muchos años lo habían criticado, que plasmaron la marca indeleble del de Hospitalet con una multitud de mensajes de agradecimiento.

Victor Valdés Arribas ya no tendría más focos, y, por fin, cumpliría su sueño de no ser portero. Se convertía en un mortal con máscara de anónimo. “Parece un sueño austero para quienes contemplamos la vida de los grandes deportistas desde el burladero del anonimato, pero es su sueño, no el nuestro”, escribió Rafa Cabeleira en El País.

Una máscara anónima que facilitó la metamorfosis de Victor Valdés. Si bien algunos de sus compañeros en el Barça fueron y son catalogados como futuros entrenadores azulgranas, al portero nunca se le relacionó con el banquillo culé. Sin embargo, ahora, está más cerca que Iniesta o Xavi. Tras su etapa en el Juvenil A del ED Moratalaz, donde alzó otra vez un título, ha fichado por el Juvenil A del Barcelona.

A sus 37 años, y después de un período de abstracción, vuelve a los focos. Unos focos que el Barcelona ha dotado de muchos volteos con un vídeo de los mejores momentos del portero en el club catalán. Pero Victor Valdés, fiel a su estilo, se esforzará para atenuar esta luz.

Es un hombre que ha envejecido con la misma robustez con que defendía la línea de gol barcelonista. Seguro y sin pestañear, su expresión de antaño no ha cambiado. Ahora la línea del banquillo es su nuevo hábitat. Un área que se parece a la portería. Porque el catalán seguirá viendo los encuentros desde una posición privilegiada. Alejado de los futbolistas de su equipo. Proyectando su firme voz por todas los rincones del campo.

La iluminación de los medios se vuelve a centrar en él. Un dios con rostro humano que transmitirá sus conocimientos a los jóvenes de la Masia.