“No tengo la percepción de que Busquets esté tan lejos de esa mejor versión de la que hablamos. Al final todo hay que contextualizarlo. Lo que sí sé es que ‘Busi’ es fuerte en lo que es fuerte: iniciando el juego y saliendo de presión cuando nadie más sabe salir y dándole al equipo siempre soluciones para cambiar de orientación y siendo el primero en presionar tras pérdida (…) Para eso necesitas un contexto, y el contexto es que él tenga soluciones de pase, que el equipo defienda junto y que el equipo ataque junto. Si entramos a pensar que ‘Busi’ ha de ser bueno en transiciones de 80 metros corriendo para atrás nos engañaríamos, él no es rápido en desplazamientos largos. Valorarlo sobre algo que en principio no es su cualidad es injusto”.


Hace poco más de una semana Robert Moreno se expresaba de esta manera acerca de uno de los debates más interesantes del momento en el fútbol español. Sergio Busquets lleva tiempo sin brillar de manera regular tanto en la selección como en el Futbol Club Barcelona. Independientemente de que su nivel normal ya sea más alto que el mejor de la mayoría de mediocentros y de que puntualmente siga teniendo actuaciones fantásticas, parece que todas las partes del debate están de acuerdo en señalar que los años 2017, 2018 y 2019 de Busquets no han sido los mejores.

Pero lo importante, como siempre, no está en el qué, sino en los porqués. ¿Por qué se ve tan incómodo a Sergio Busquets en los partidos más importantes del año? ¿Por qué siempre parece fuera de sitio? ¿Por qué ya no recupera tan arriba? ¿Por qué su incidencia en el juego parece cada vez menor? ¿Por qué, en definitiva, ya no parece un futbolista tan necesario para el resto como lo era hace no tanto?

El suyo no parece un tema de edad. Con 31 los mediocentros suelen compensar la pérdida física con un plus de inteligencia y lectura, pues en esta posición habitualmente menos es más. Pero eso el primero que siempre lo ha sabido es un Sergio Busquets al que Guardiola le decía aquello de “a un toque eres el mejor del mundo, a dos muy bueno y a tres ya eres discreto”. Busquets nunca ha sido el más fuerte, el más rápido o el más potente, pero siempre llegaba antes y mejor. Y ya no.

Por tanto, la cuestión es meramente futbolística. De contexto, como apunta Robert. Las cosas que han ido dejando de saber hacer tanto el Barcelona como España no sólo han deteriorado su nivel colectivo, sino que además han obligado a cambiar las funciones de muchos futbolistas. Y el que ha salido más perjudicado es Sergio Busquets. Sus equipos ya no le permiten ir hacia delante, sino que le obligan a ir hacia atrás. O hacia los lados. Sus equipos ya no le acompañan. Tampoco se dejan acompañar. Ahora es una isla solitaria y perdida en el océano de la indefinición. Algo que también ha afectado a su rol con balón, cada vez más necesario pero cada vez menos determinante, valga la contradicción.

No es que España y el Barcelona ahora no necesiten lo que aporta Sergio Busquets, sino que además de eso necesitan otras tantas cosas que, quizás, hoy por hoy, por lo incompleto de ambas propuestas colectivas, sean todavía más importantes. 

Recordemos las palabras de Robert Moreno otra vez: “Si entramos a pensar que ‘Busi’ ha de ser bueno en transiciones de 80 metros corriendo para atrás nos engañaríamos, él no es rápido en desplazamientos largos. Valorarlo sobre algo que en principio no es su cualidad es injusto”. No puede ser más acertado el razonamiento del seleccionador español. Es coherente, lógico y apropiado. Pero lo cierto es que dicho razonamiento lleva a una pregunta aun más compleja: ¿y si ninguno de sus equipos es capaz de ofrecerle el contexto ideal y necesitan que su pivote haga otras cosas? ¿Y si necesitan precisamente que su mediocentro corra 80 metros para atrás?

 

¿Por qué se le ve tan incómodo en los partidos más importantes del año? ¿Por qué siempre parece fuera de sitio? ¿Por qué ya no recupera tan arriba? ¿Por qué pensamos que su incidencia en el juego es cada vez menor?

 

En los últimos tiempos da la sensación de que el conjunto azulgrana y la selección siguen aspirando al nivel de excelencia futbolística que alcanzaron hace unos cuantos años, pero que ya ni ellos mismos se lo creen que sea posible y están tratando de evolucionar sin saber muy bien a qué agarrarse. Demasiados palos, demasiados golpes, demasiadas derrotas parecidas. Por el camino han regalado conceptos, se han matizado, se han adaptado y, en cierta medida, se han mediocrizado. Sobre todo porque el objetivo sigue siendo el mismo pero los medios, ni individuales ni colectivos, lo son. Y el mejor ejemplo de esto es precisamente Sergio Busquets.

En el plano teórico se le pide que haga lo mismo, que lleve al bloque a las mismas zonas, porque es ahí donde marca diferencias y donde sus equipos pueden ser insuperables, pero luego en el plano práctico pasa de atacar la frontal a defender el costado corriendo hacia atrás. Se le pide que pase para facilitar la aparición del tercer hombre sin que éste ni siquiera exista. Se le pide, en definitiva, que ofrezca lo que sus equipos ya no le pueden dar y se le necesita para lo que él no puede ofrecer.

En esa contradicción navega sin rumbo un Sergio Busquets que pasa de ser el de 2011 ante el Valencia a ser el de 2019 ante Osasuna con apenas una diferencia de tres días. Y lo que cambia en esos días, desde luego, no es él.

En la sociedad en la que estamos todo gira entorno a quién tiene la culpa. Y seguro que al acabar este texto para algunos quedará la sensación de que se exonera y disculpa en exceso a Busquets, y para otros quedará que se le culpa de no poder ser lo que sabemos que no es –y que además en teoría va en contra de la esencia Barça-. Pero el punto en realidad no es éste. Da igual quien sea el que “tiene hambre” y quien sea el que “tiene las ganas de comer”. Lo importante es que en los días clave, en esos en los que se deciden los títulos y él antes era fundamental para imponer la idea colectiva al rival, Sergio Busquets se ve obligado a jugar con las normas, los ritmos y las condiciones del contrario. Y a partir de ahí se empieza a caer el castillo de naipes. 

¿Necesitan España o el Barcelona otro tipo de mediocentro para desarrollar su mejor plan? No. Seguro que no. ¿Necesitan otro tipo de mediocentro para desarrollar un plan más realista y acorde con sus posibilidades actuales? Pues quizás sí.